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perú [9] :: Omar Valery Soto Huamán ::




El viaje a Paiján lo hice en la caja de la camioneta de Lucho, mi tocayo, sentado junto a Víctor, y lo pasamos bien, aunque ahora tengo el trasero como el Colacao en leche fría. El camino estaba sembrado a izquierda y derecha de campos kilométricos de caña de azúcar y la entrada a Paiján era más o menos como la entrada a cada uno de los pueblos que he visitado… puestitos de vendedoras de jugos, de sopa, de pansito de carne… vendedores de frutas, mujeronas sentadas en los márgenes de la carretera con sus críos llenos de mocos y el gris ceniciento que esencia de esta tierra.
Nada más llegar me dirigí a la escuela del pueblo en busca de la niña apadrinada por Marifeli, la esposa de Félix Rosado [que me había hecho entrega en Béjar de un regalito para la niña]. Como era sábado, los críos no tenían colegio, pero tuve la suerte de encontrarme con Carlos Florián Plasencia, que es un cajamarqueño que desarrolla las labores de subdirección en el centro escolar. El tipo, muy amable, nos acompañó a buscar a la niña por el pueblo, pero solo dimos con un tío suyo que tenía un ojo en muy mal estado… el tipo no sabía si tenía una sobrina que se llamase así, ni siquiera dónde vivía su familia cercana, y le preguntaba a la gente del pueblo que dónde vivían sus hermanas… visto el material humano y dándome cuenta de lo buena gente que era Carlos Florián, le invité a una gaseosa y le pedí que por favor le entregara el lunes a la niña su regalo… aceptó encantado y me dejó el número de su teléfono para poder hablar con la niña el mismo lunes.
Mi siguiente trabajo consistía en visitar la oficina de Ayuda en Acción en Paiján, donde llevan actuado ya diez años seguidos con hermosos proyectos que están sacando al pueblo adelante, un pueblo de 26.000 habitantes que han mejorado mucho su nivel de vida.
Mientras buscaba la oficina, paró a mi lado una moto y el tipo se dirigió a mí para decirme que se habían enterado de que andaba por allí y que me estaban esperando… le seguí hasta la oficina de Ayuda en Acción y, allí, me recibió muy atentamente Omar Valery Soto Huamán, que me explicó pormenorizadamente todo su trabajo y me dijo que era muy buena idea nuestro Centro de Acogida y que deberíamos plantear a la dirección de Lima una colaboración [me dejó los datos de Lima para acercarme el día 18]… hablamos de largo y me rogó que saludase a la gente de Ayuda en Acción de Palencia cuando vuelva a España, pues él pasó allí una larga temporada formándose y tiene a muchos amigos. Llamó desde su oficina al Centro Cultural de Paiján para que me lo abrieran y pudiera saludar a su director y nos despedimos.
Cuando llegué al Centro Cultural de Paiján, que está en la plaza de armas, ya estaba esperándome su director, que me explicó en su despacho la hermosa labor que ha hecho en el pueblo la gente de Ayuda en Acción, y me regaló un hermoso presente: una edición de la poesía de Estrella Arroyo de Guedes, poeta de Paiján que fue olvidada durante mucho tiempo y que para los peruanos es la César Vallejo de la poesía femenina peruana.
Y que me volví a Trujillo a la hora de comer en la caja de la camioneta de Luchito.


















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