jueves, agosto 06, 2009

Un ratito con Jaime de Armiñán




Ayer pasé un ratito con Fernando Jover [director del corto “Todos somos Adrián”] y con Juan Carlos Pajares [guionista y actor], y me parecieron unos tipos estupendos. Es lo bueno de este pueblo, que de pronto te encuentras con gente interesante y terminas tomando una cañita y haciendo amistad… hoy llega Jaime de Armiñán y no quiero perdérmelo por nada del mundo. Por cierto, que Fernando Jover me regaló el título para un poemario: “Noche con dos lunas”, así que tendré que aprovecharlo, que un regalo es para eso, para aprovecharlo hasta estrujarle el gozo entero.
...
Y me comí el calor como ningún día de este verano, a puros mordiscos… pero todo se arregló con el abrazo fuerte que pude darle al maestro y con ver su mirada [una de las más interesantes que tengo guardada en mi catálogo de miradas]… y me fui al trabajo, pero luego me escapé un ratito para estar junto a ese hombre sabio [me encanta la compañía de gente como Jaime… y a lo mejor hasta se me pega algo]… y también al lado de Juan Antonio Pérez Millán [un tipo siempre entrañable por el que siento un afecto especial… siempre hubo feeling entre nosotros] y de la amiga Ángela [a veces el trabajo se convierte en gozo, coleguilla]. Y eso, que me sentí estupendamente tocando el verdadero polvo de estrellas, que es el que sale de las manos de los buenos directores de cine, como lo es Jaime… y que pude abrazarle y decirle las palabras justas que deseaba decirle, ni una más.
La foto nos la hizo Ana, mientras Jaime le marcaba cómo encuadrar y dónde encontrar mejor luz.
Hay días realmente especiales… y éste ha sido uno de ellos.

miércoles, agosto 05, 2009

Triste incendio en Los Pinos [Béjar]




Arrancó el día con la fantástica sorpresa de encontrar sobre el mostrador un paquete que tenía mi nombre… no traía remite y lo abrí con mucha curiosidad.
¡Una pasada!...
Ma soeur Hura me había regalado la edición Taschen “The new erotic photography”, de Dian Hanson y Eric Kroll [en el formato grande], un delicioso delantal de hilo y un juego de puñetas o cofias [aún no sé lo que son], también de hilo finísimo, para vestir a mi maniquí de cielo raso. Todo con un gusto divino que emociona. Le debo una, soeur.
Soy un tipo con suerte, coño.
Luego, lidiar con la rata diaria, que hoy estaba más insoportable que nunca y me dieron ganas de endilgarle una patada para los lomos, pero aguanté, como aguanto siempre, aunque un día se me van a cruzar los cables y se va a acabar esta estupidez que lo arruina todo, empezando por la sonrisa.
Luego llegó la tarde, con esas llamadas tristes que te avisan de que los lugares de tu juventud se están quemando y sales como transido a ver el desastre, entre el sonido de los helicópteros, y a intentar dejar alguna imagen de lo que no debe volver a suceder jamás.
En el hermoso paraje de Los Pinos viví mis mejores días con los coleguillas, justo ahí, donde el humo indica que algo se acaba… allí mis mañanas gimnásticas para ponerme a tono en mis días de basket… allí los bailes de mediatarde con el comediscos de color naranja, allí los primeros besos y los primeros tactos, las partiditas de chichón con Gerardo y con Juanra y con Garute y con Paulino, allí los juegos furtivos y quizás el primer cigarro… allí la luna de las primeras noches fuera de casa, allí la cantimplora y el traguito en la fuente de la hoja… me da una rabia.





























Imagen del incendio difundida hoy por la agencia ICAL [arriba]


martes, agosto 04, 2009

Me apetece una tristeza con luz mortecina...

* Me encanta este cuadro de Alberto Hernández, y le va de perlas a mi entrada de hoy.

Justo ahora mi codo parece un pollo pelao, aunque el dolor se ha aminorado gracias a que ayer me pasé por urgencias y me han metido antiinflamatorios y sesiones de guisantes congelados puestos en tramos de siete minutos sobre la hinchazón…. ya apenas late, y me da como penita, porque ayer era todo/solo codo, y era una sensación nueva, extraña y nueva, pero no totalmente negativa, pues me sugería espacios mentales en los que me encanta entrar en algunas ocasiones. Es curioso cómo el dolor es capaz de focalizar un solo punto del cuerpo, consiguiendo que sintamos ese punto como el cuerpo mismo… en fin, que cuando me quecomarizo, tampoco lo paso mal del todo.
Y que cuando llegué al curro hoy, estaba todo el pescado vendido y me tomé el día medio libre, con la intención de escribir un poquito [le sumé un capítulo nuevo a mi historia narrativa online] y de leer algo.
Hoy escribí sobre una estancia en China, amparado por un correlato y una colección estupenda de fotografías que me pasó Alberto Hernández con esa intención, y ya voy notando que la historia empieza a conformarse en mi cabeza, que poco a poco empiezan a encajar las piezas [aunque aún no encuentren sentido en los capítulos publicados en la red]… lo que tengo menos claro es cómo dotar al asunto del toque intelectual y reflexivo que quiero imprimirle.
Mi deseo, para este texto, por una parte, es que vaya creciendo en piezas sueltas de narración clásica y que las conexiones se vayan realizando a base de saltos temporales y espaciales, que los personajes vayan tomando una dimensión real y casi prosaica… pero por otro lado quiero encontrar la forma de plasmar lo que sigue:
1. Una postura ideológica bien definida que coincida con mis planteamientos ideológicos reales.
2. Un trasunto existencial positivo en la figura de cada uno de los personajes.
3. Una definición del amor traída desde mí y llevada hasta lo ficcionado con datos preclaros.
4. La plasmación de una estética de vida.
5. La reflexión sobre una serie de temas que son para mí de alto interés, trabajando alrededor de una definición humanista del hombre en los sentidos filosófico, artístico, literario y social.
6. La memoria, su recuperación y su proceso, sus trampas y sus tesoros.
Si consigo algo de lo planteado, daré por útil este trabajo narrativo en el que me he metido, cosa que me da que no va a ser fácil… sobre todo por mi problema de mantener un esfuerzo continuado y por mi falta de concentración endémica [un trabajo de este calado exige muchos meses de escritura y demasiados nudos que atar para que no quede ni un cabo suelto]. Por otra parte, me interesa mucho el dejar que el relato corra a su aire y que se deje llevar por mis impulsos contradictorios, que avance unos días a pasos largos y otros días vuelva a esa agotadora lentitud de los bueyes tan Llamazares, que pase de lo estrictamente narrativo a lo desmesuradamente poético.
A ver qué sucede con el experimento.
Y por la tarde, los lobos con su desván antiguo lleno de telarañas, alguno que se fue definitivamente al otro barrio, calor, calor, calor, personas que aún no entienden nada, risas blancas como la de Aram [nuestra negrita chuli de ocho añitos], algunas cadenas, rostros frágiles lamiendo los costados, la sed con sus exclusas, un racimo de turistas perdiendo el tiempo a cántaros, algún exilio, los bronces sobre el aparador, Adán multiplicado en millones de hombres diferentes, una mujer entre gasas, betún y ese árbol que es el padre, dando sombra y fresquito todavía… y luego esta sensación de que cuando me largue quedarán mil secretos que nadie sabrá desentrañar, pedazos de papel pintados, letras sueltas, afectos, signos ilegibles de mí, de este yo que tiene la cabeza como partida en dos por un hacha y apenas dilucida entre lo fortuito y lo buscado.
Me apetece ahora una estación de lluvias interminables, una casa grande y oscura con una luz dirigida a mis papeles, un abrigo grande que ponerme y que quitarme… porque tengo ganitas de frío ya, que no de mariposas ni de traficantes de sueños imposibles… me apetece comer caliente a sus horas y meterme en una cama que me abrigue y encontrarme allí un cuerpo y unos brazos… me apetece una niebla de día completo y ponerme mojicón mirando al monte empapado… me apetece una tristeza con luz mortecina… y unos churros recién hechos para compartir en un café apartado del centro… y una conversación contigo sin que medien palabras… y sentirme tan simple como lo que me suceda.

lunes, agosto 03, 2009

Me late el codo izquierdo...



Hoy me levanté con el codo izquierdo dolorido e hinchado, todo por un golpetazo que me arreé la semana pasada con una puerta [se conoce que ayer me apoyé en alguna de las barreras de la plaza de toros bejarana, mientras asistía al blues, y se me ha infectado]… y es que últimamente parezco un quecomari lleno de cuitas y quejicoserías… el cabrón está ardiendo y focaliza toda mi atención en su latido, hasta el punto de hacerme perder concentración en lo que hago.
En fin, que sigo en el asunto de vivir y eso me gusta mucho… hasta el latido este que me reclama atención constante.
Hoy le pegué la última corrección al nuevo libro de Belencita, “Orden de alejamiento”, y vuelvo a dejar escrito que me gusta muchísimo su forma y su contenido. Espero que en un par de semanas esté listo para hacerlo llegar a sus manos…. y que me ha gustado leerlo con ese latidito de dolor, pues el poemario es de dolor entero… y muy intenso.
Luego, me dejé de mí [y del trabajo] y le busqué contenido a ese pum-pum… y me encontré a Fra Angélico pintando que la muerte no es un mal en sí misma, vi las guirnaldas de las bellas muchachas de las islas del Sur flotando entre unas olas mansas, supe de los hombres aniquilados en la Verde Ceiba y del árbol que nace en el centro del mundo regado por alguna sangre anónima, me imaginé respetando a las piedras con un bastón de cobre entre las manos, me vi vestido de terciopelo celeste a la sombra de un Ojoche en el centro de América y con los hombros rotos en un poema de Rilke [uno de esos que iban dirigidos a algún muerto], me fumé un cigarrito delicioso que me envió Sabines desde Xiapas [gracias J(G)], me detuve en los pájaros volando en el interior de una basílica, deglutí un par de siglos de pintura en un cuadro de Ensor, fui la mujer inca con el puñal clavado en el centro del corazón y una máscara de oro entre las manos, me precipité en amanuense de nubes porque miré al cielo y hoy no había, fui ladronzuelo en Frisco e hice dedo en las carreteras secundarias de La Florida… y comí las naranjas rojas que en mil novecientos sesenta y nueve echó mi abuela Antonia a una sangría…
Sigue el latido en el codo como un macho buscando dónde derramarse y cómo, sigue como el ternero recién atacado por el lobo, como el diente careado en el azúcar … sigue el latido como aquellas piedras que tiraba a los charcos en invierno… y me pareció ser Torcuato Tasso muriendo de tristeza al ver su palacio convertido en el Hotel Tramontano…
Y que me fui a comer, y mis dos hijos mayores comenzaron a banalizar entre risas sobre aquel accidente que tuvo Guillermito con una puerta, en el que se le desprendió una falange de uno de los deditos de sus manos divinas… mi hija decía que yo lloraba de rabia mientras decía para mí… ‘a mi hijo no, me cago en Dios’, y le daba golpes a las paredes, y ella se reía al recordarme así… y me dieron unas ganas inmensas de llorar y de pedirle que se callase… pero no lo hice, porque sé que es mejor banalizarlo todo… solo pude ir a abrazar a Guillermo y a comérmelo a besos sin que él supiese de qué iba la cosa…
Y que, después de comer, me llevé a Guille a recoger a Dani, su amiguito, hasta su casa de Palomares. Yo iba en silencio escuchando a los críos… ‘¿sabes, Guille, el mejor coche del mundo es el Fonda serie F, que es el más rápido del mundo y el más caro del mundo, Guille, el más todo del mundo…’ –dijo Dani– ‘…pues yo he visto uno por la tele que por lo menos costaba setentamil euros, era chulo, tío, chulísimo…” –contestó Guille– ‘… eso no es nada, el Fonda serie F vale setecientosmil euros, Guille, y yo ya he pensado que voy a ser rico y comprarle uno a mi padre y otros a mis tíos para hacer carreras por Palomares, es el más mejor de todos los coches del mundo…’ –dijo Dani– ‘…jo, Dani, qué suerte tienes, siempre ves por la tele coches más caros que yo… yo a lo mejor no seré rico, que lo estoy pensando, ¿verdad, papá?, lo mismo soy o diseñador de robots o piloto de Fórmula 1 o jefe de la imprenta, ¿verdad, papá?... o campeón de Pokemon, que van gratis a Chicago, Dani… y pueden invitar a los padres, ¿eh?’… los dejé en casa, mientras continuaban con su hermosa conversación, y me volví al jodido latido de mi codo izquierdo…
Late como las sequoias en los aserraderos, igual que las recién casadas, como un pueblo levantado en armas, casi como el corazón de una chiquilla recién enamorada… late como un sexo abierto que quiere decir y no puede, como una promesa incumplida o el primer vuelo de los cernícalos primilla desde el tejado de enfrente… y juega a ser como un pedazo del mármol pulido que un día me hará losa, ése que será sombra de mi última sombra.
No soy inocente, lo sé, pero me late el codo izquierdo como si alguien me estuviera susurrando al oído que algo ha terminado.
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A media tarde, recibo una carta emocionada del amigo Isidoro Sánchez Casquero, al que conocí el sábado en el homenaje a los represaliados por el franquismo, con la que incluye una fotografía que me hizo y que no me resisto a poner en estas páginas [mil gracias, amigo Isidoro].


domingo, agosto 02, 2009

Una aclaración para un colega... y el día que me perdí el blues.



Parece que últimamente no estoy nada afortunado calificando… eso es que ando perdiendo reflejos a la vez que peso. El caso es que ayer dejé escrito lo que sigue: “…cañita en La Venta del Bufón, que este año ha estrenado a un par de camareros con cierto corte rural –le dan sabor al asunto de pedir cañas–…”, y cuando subí hasta El Castañar para asistir a la segunda jornada de blues, hice lo que hago siempre, que no es otra cosa que ir a tomarme una cañita a La Venta del Bufón. La pedí en barra y el camarero me dijo seriote: “tú tienes un blog, ¿no?... a ver si me explicas qué quiere decir eso que escribiste ayer sobre los camareros con cierto corte rural”… me dio la impresión clara de que no le había gustado nada mi consideración bloguera… así que paso a explicarlo para que el muchacho se calme, siempre dejando bien claro que para mí lo “rural” tiene solo connotaciones positivas y que si hay alguien en este pueblo absolutamente rural, soy yo, y me vanaglorio siempre de ello, sobre todo cuando viajo a alguna ciudad.
Verás, colega, desde que Miguel se hizo cargo del chiringuito de El Castañar, yo, que me considero su amigo, además de un admirador fiel de todo su trabajo, he sido visitante asiduo del lugar para tomar cañitas, cafés, copas o comidas completas, lo que me ha hecho conocer con el tiempo a la gente que ha trabajado allí y llevarme con todos de maravilla, hasta el punto de que han sido protagonistas hermosos de este blog en muchas ocasiones. Pues verás, amigo, en los últimos años, la barra de La Venta del Bufón la poblaban chicas jovencitas que, seguramente, se estrenaban en esas lides y no podían evitar en algunas ocasiones que los clientes mandásemos desde afuera, hasta llegar a ponerlas en esas complicadas situaciones de tensión nerviosa en las que se percibe que puede llegar el caos… aquello podría tener un montón de calificativos positivos, que seguro que se los apliqué en su día, y todos iban llenos de ternura hacia esas muchachas que tenían edades similares a las de mi hija.
Este verano, debido a las circunstancias económicas adversas, apenas he podido salir a tomar copas y cafeses –ya sabes que uno se quita los lujos cuando tiene que apretarse el cinturón–, y no he subido a La Venta con la frecuencia diaria con la que lo hacía otros veranos. El caso es que organicé un encuentro de escritores para el Ayuntamiento de Béjar y se programaron dos conciertos en ese lugar [imagino que recordarás a Caraoscura y a Jesús Márquez, además de a todos los escritores que subieron allí durante ese fin de semana a La Venta]… pues durante ese fin de semana os conocí a vosotros [los dos camareros a los que me refería ayer], que estabais detrás de la barra atendiendo al mogollón de personas que llegamos a pedir a la vez nuestras consumiciones… me caísteis de puta madre los dos, sobre todo porque calmabais a mi grupo con frases espectaculares y gestos de maestros de barra [era una pandilla de sedientos, lo sé], mientras poníais las copas con tranquilidad y le dabais salida al negocio de Miguel con éxito en un momento complicado. Digo que me caísteis de puta madre, y crucé con vosotros algunas palabras y algunas sonrisas… incluso alguna situación cómica [espero que puedas recordarlo], a pesar de que yo también estaba sobrepasado como organizador del asunto y los nervios los llevaba a flor de piel.
El caso es que antesdeayer, cuando te pedí dos cañas, me respondiste con mucha gracia y recordé que ésa es la forma en la que se trata a la gente en los bares de los pueblos pequeños, con familiaridad y con afecto… y eso es para mí lo “rural” que veo en tu oficio y en el de tu colega… por eso me sorprendió sentirte molesto por mis palabras cuando anoche me dirigí a ti para pedirte la consumición del día.
Comprendo que no me entendieras ayer, amigo, y espero que hoy me entiendas a la perfección y eso te relaje… por eso afirmé que le dais “sabor al asunto de pedir cañas”, no por otra cosa.
Espero que nos veamos estos días [subiré, como muy tarde, el 14 de agosto a cenar, para celebrar la despedida de soltero de Youssouph] y que todo fluya, y que ese talante lleno de fina ironía que me habéis demostrado este verano, siga en su tono “rural” tan apetecible.
Como mi intención no fue molestaros a ti ni a tu compañero, creo que huelgan las disculpas [aunque, si las quieres, te las ofrezco todas].
Si tengo que explicarme mejor, ya lo hago en barra. Un abrazo.*

*[por si te quedan dudas, pregunta entre tus colegas alquitaros –al tipo magnífico de la foto de abajo, por ejemplo– cuándo he tenido yo una sola palabra torcida para la gente que trabaja en esa casa].




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Y que de la cañita me fui al blues, pero llevaba frío, pues el día andaba rarino y la lluvia que había caído producía una sensación térmica que no era la ideal para mí. Besé a mi hija, que estaba vendiendo los vales de bebidas y las camisetas en el puestito de la entrada, y me tomé un bocadillo de pollo con pimientos sentadito en el borde la barrera, el lugar donde siempre me ubico cuando hay blues [ya he contado en muchas ocasiones que soy un tipo de costumbres y lugares fijos]. No me entró bien el bocata y seguía sintiendo frío en mis riñones, un frío que me dejaba deshecho y sin ganitas. Y comenzó Eugene “Hideway” Bridges, poderoso con su guitarra e impresionante con su presencia y sus zapatos beige de cocodrilo, era todo un Juanito con rastas y un sombrero de ala típico de los indígenas norteamericanos. El tipo hacía a la perfección el blues clásico como se arrancaba con baladas hermosísimas que ponían la piel de gallinita, pero yo me encontraba cada vez peor. Hice algunas fotos sin ganas y me retiré a mi barrera para intentar recuperarme, pero a eso de las once y media, cuando acabó la magnífica actuación de Eugene, sentí que me empezaba el cabrón ataque de cistitis, que mi estómago estaba como un puchero hirviendo al fuego, que mis pies estaban congelados y que la cabeza no me respondía… no me sentía nada bien y no estaba disfrutando del blues como me gusta hacerlo, bailando, cerrando los ojos, sintiendo… así que tomé la decisión de perderme el resto de la noche y meterme en la cama para encontrar reposo y algo de alivio.
Dormí bien y hoy me encuentro magnífico, aunque lleno de rabia por haber faltado por vez primera a una parte muy interesante mi fiesta del año.
Me dio penita.

* Nota: acuso recibo de una hermosa colección de azucarillos y de una cantidad que ha enviado Sindita [gracias, amiga… las pelas las he ingresado en SBQ, espero que no te parezca mal]… y también de una hermosa pieza de cerámica terrosa que me ha enviado el amigo Fernando Malo por medio de Albertito [un abrazo, hermano, y mil gracias].

* Imágenes que me envía desde Morille el amigo Victorino, fruto de la primera noche de blues.



sábado, agosto 01, 2009

Reivindiqué a mi abuelo Felipe... y estoy feliz.







*LAS IMÁGENES QUE DEJO HAN SIDO CEDIDAS AMABLEMENTE POR SANTIAGO NIETO. Muchas gracias, amigo.

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La primera noche de Blues comenzó con Joselín… los dos subimos juntos en mi coche hasta El Castañar para dejarnos llevar por las músicas negras que prometían movimiento de esqueleto y otras cosas –yo siempre espero otras cosas de los que son para mí los mejores días del año–… cañita en La Venta del Bufón, que este año ha estrenado a un par de camareros con cierto corte rural –le dan sabor al asunto de pedir cañas–, y allí coincidí con José Antonio S. P. [que no es santo padre aún, pero lo será prontito, aunque las iniciales corresponden a Sánchez Paso, je…], con Luis Rodríguez y Cocha Bueno, con Marinita y Arturo –a los que saludé de lejos– y con toda esa gente chuli que asiste a los conciertos cada año. Después de la cañita, me encontré con mi hermana y con mi cuñadete Manolín, hicimos acopio de tabaco y nos metimos en faena justo cuando comenzaban a sonar las primeras notas de la Mighty 45s… bien, estaba bien para empezar… tocaron un par de piezas de arranque y, de pronto, casi sin esperarlo, apareció la imponente figura de Angela Brown… y llenó el escenario hasta hacer sombra a todos y cada uno de los músicos blueseros que la acompañaban. Al verla, se me vino a la memoria la inigualable Dona Haytower de mis años setenta, la misma presencia y un chorro de voz muy similar, aunque absolutamente radical en su puesta en escena…
¡Vaya periquita!... envuelta en un derroche de gestualidad que a veces resultaba algo irreverente –lo que siempre se agradece–, sueltísima en el movimiento por el escenario, dominadora perfecta de su amueblamiento musical [los músicos solo pueden estar a sus órdenes cuando pisa el escenario], absolutamente divertida, feroz, irónica, elegante hasta en el calzado [unos chapines negros limpísimos de tacón bajito], provocadora, sensual… y profundamente lírica en un par de baladas que me dejaron boquiabierto… pues esto no es nada si le sumamos su voz rotunda y llena de registros que a veces parecían casi imposibles… así que bailé, salté, me dejé llevar con los ojos cerrados e hice fotografías hasta agotar la memoria de mi Nikon. Un placer completo para mis sentidos.
Después de la diva del blues... bocata con cerveza, un cigarrito cargado, charlita con You y Sandrita, que este año eran los vendedores de bocatas en el sarao, saludos a tipos como Marcos Díaz Bastos, Javi Fuentes, Villares, Juanito [que llegó tarde, porque había tenido que trabajar… pero llegó] y una larga lista de amigachos estupendos.
Y comenzó Maceo Parker… pura energía, casi chulesco en su puesta en escena y con una sección de viento para la eternidad… era funk al más puro estilo James Brown, no en vano Maceo fue su saxofonista durante un montón de años… sencillamente genial, tanto la actuación de conjunto como la del ‘chulín’… para los anales, de verdad.
Un par de copitas con los colegas –estaban también Gerardo y Victorino, que se me habían olvidado– unas risas y a dormir lleno de satisfacción y de buen rollito.
Amanecí a las nueve con cuerpo de resaca y ya comenzaron a temblarme las rodillas, pues a las doce tenía que intervenir en el acto programado por el Ayuntamiento de Béjar y la asociación Salamanca Memoria y Justicia para dejar inaugurado un monolito en memoria de todos los represaliados y asesinados por el régimen franquista en Béjar. Era una de las cosas que me había jurado hacer antes de desaparecer de este mundo y estaba hecho un flan por la jodida emoción que me embargaba [llevaba 15 días escribiendo folios y folios que rompía a los cinco minutos y, a las nueve, todavía no sabía lo que iba a decir]. Tomé una decisión rápida, pillé mi poema “Así soy yo”, le cambié cuatro versos a la velocidad del rayo y me fui al acto como un torero que fía en ese “que Dios reparta suerte”. Mi madre y mi tía Toñi estaban en primera fila, y yo había pillado por concentración un poquito de calma para no derrumbarme cuando llegase mi turno… pero de pronto invitaron a mi madre a salir a poner un centro de flores con la bandera republicana a los pies del monolito y estallé en lágrimas… no podía contenerme… todo mi vello se había erizado y estaba absolutamente descompuesto, así que me pillé un cigarrito, me retiré del grupo, me senté en el suelo e intenté buscar concentración hasta que me nombrasen para hacer mi intervención.
Cuando me nombraron, empezaron a temblarme las piernas con desmesura y no podía sostenerme de pie [nunca me había sucedido esto], así que solo se me ocurrió disculparme por el estado en el que me había dejado la emoción, sentarme a los pies del monolito y explicar a los presentes que lo hacía para charlar con mi abuelo por primera vez… leí mi poema y noté verdadera emoción en los rostros, tanto, que me costó mucho terminarlo, pero lo conseguí.
Mientras leía, me di cuenta de que entre el público estaba Julio, con el que hace unos años que no me hablaba por no sé ya qué historias, que se me han olvidado, y solo se me ocurrió acercarme hasta donde estaba y decirle que me parecía un momento magnífico para borrar tontas rencillas. Julio apenas pudo decirme un sí con la cabeza y nos abrazamos visiblemente emocionados [creo que es lo mejor que he hecho hoy, dar ese paso con una persona que tiene vivencias similares a las mías y a la que aprecio a pesar de aquellas diferencias olvidadas].
Cuando todo terminó, me abracé fuerte a mi madre y a mi tía, que habían pasado un mal trago durante todo el acto, y recibí montones de besos y abrazos de los allí presentes [yo diría que todos , absolutamente todos, tuvieron un detalle emocionado conmigo… especialmente Luisa Vicente, a la que quiero de verdad desde que miré por primera vez a sus ojos tristes].
Y me relajé hasta quedar medio gatinino… y pensé en que había hecho algo que necesitaba hacer [hablar con mi abuelo y reivindicar en público su memoria], y me salí huyendo de allí para encerrarme a solas una horita corta y buscar la calma que necesitaba.
Hoy creo que soy un hombre algo más hecho… y también un tipo absolutamente feliz. También sé que soy muy vulnerable y que no sé controlar las emociones intensas, pero eso no está mal, porque me hace sentir un poquito más humano.
Ver a mi madre emocionada y profundamente orgullosa fue grande de verdad.
Gracias a todos los que han trabajado para que este día fuera posible, mil gracias, las más sinceras de mi vida.

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