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Hoy me habló el viejo F.



Cuando llegues a viejo, como yo, si es que llegas a viejo, tendrás un huracán en la cabeza por no haber hecho nada de todo lo previsto por aquel ser angélico –un imbécil– que fuiste hace años, doblarás cada esquina esperando un deceso o quizás el nuevo día –nunca se sabe– y respetarás a cada una de las piedras y a los objetos tecnológicos antiguos que un día fueron nada en tus manos... cuando llegues a viejo, te va a doler la espalda algunas tardes y seguro que mirarás con verdadera desolación a tu sexo caído como un ángel en esa eternidad de la sangre que bombea, mirarás hacia atrás con la mirada nostálgica –es bien triste– o con ojos turbios a la muchacha que pasa... cuando llegues a viejo, sabrás que nada es tuyo y que eso fue un gran desperdicio, que las cosas quedarán en sus espacios justos para ser del polvo o de otras manos, y que el viento y la lluvia es lo único eterno para lo que se venga... cuando llegues a viejo, pensarás muchas veces en cada humillación aceptada y te cubrirá una rabia de animal malherido, porque no eres estatua, ni cíclope, ni siquiera esas baldosas hechas para ser pisadas... cuando llegues a viejo empezarás a comprender que hay que devolver toda la sangre, porque solo fue un préstamo para templar los músculos y no tuviste cabeza para domarla, y eso te va a joder hasta lo último... cuando llegues a viejo, como yo ahora, te arrepentirás de haberlo envuelto todo en celofán, como el gran coprolito de tu vida entera... recordarás las risas mientras te preguntes “¿ya he llegado?” –antes siempre era un “¿adónde voy?”–... cuando llegues a viejo sabrás a ciencia cierta que toda la excitación fue para nada –entre otras cosas porque ya nunca pasará nada–...
Piensa en las uñas cortadas... años y años de uñas cortadas, años de tijeras para esa cáscara nuestra que fue vida y ha venido siendo muerte lenta y tranquila... así debes buscarte en cada uno de los finales que te sucedan o que te seduzcan, con esa tranquilidad de las uñas cortadas... pero también como una hermosa orquídea... que los finales no duelen si en ellos hay naturalidad y aceptación, si con ellos se comprende el paso normal de una lógica del latido... porque somos el ojo viejo y cansado que aún busca el vértigo, el ojo que ha aprendido a oler mirando... y seguro que aún hay espacio para algún deseo.
Cuando llegues a viejo, y el músculo ya no atine a tensarse, sabrás con nitidez que hubo pájaros muertos y flores secas en algún jarrón, que una casa vacía lo deja todo huérfano, que el dolor que sentiste solo fue por ti [y no por los heridos y los muertos], que los versos no sirven para nada, ni el coche, ni el cuchillo del queso... que nada cabe en una vida vacía y todo queda siempre atrás como tierra quemada.
Cuando llegues a viejo, como yo, podrás decir con absoluta certeza que ya es tarde para todo... y buscarás la manta para robarle un poco de calor... y te sabrás arrugado en la sombra que proyectas.
Y esto no es llanto, ni siquiera conmiseración de ti o de mí... no es hablar por hablar tampoco... es solo mi voluntad de que sepas que mirarás atrás y te verás desperdiciado, que te dolerás de haber caminado siempre por las trochas que abrieron otros hombres, que sabrás que no hiciste nada con tu enorme colección de latidos, que desperdiciaste cada una de las posibilidades, que arrojas un saldo peor que el del geranio del balcón... y que vas a tenerle miedo a ese vértigo... mucho miedo.

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ESTOY MANDRIL II
















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