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Para lo que haya de llegar...


De la serie "Metáforas del mundo"

Sería mucho mejor que estuviésemos preparados para lo que haya de llegar, que supiésemos que hay un final y que es predecible, que nos formasen para ello además de meternos en vena esa mierda de que todo se paga a escote en democracia [claro, y en cualquier otro sistema, coño... todo se paga siempre a escote de los que pagamos a escote, y eso se aprende de largo simplemente viviendo]... hoy los vecinos han llamado a la prensa porque el ayuntamiento quiere quedarse con una calle que tenía un letrerito de ‘Calle Privada”... ¡Joder!, ¿calle privada?... ¿pero qué calle puede ser privada, coño?... y eso en qué calma los jodidos ardores que he sentido durante toda la noche por haberme metido entre pecho y espalda un paquete entero de churros calientes con leche... una calle es una calle y está ahí tendida sin poner condiciones... y es que ya me cansa que el mundo sea esto, esto y esto porque lo diga el de al lado o porque lo dicte el ayuntamiento... el tipo del tercero, un tipo siempre amable y con cierto punto divertido, me atacó en la bajada de escaleras como si yo fuera el culpable de que ‘nos quiten la calle’, me siguió durante un par de tramos de bajada haciendo gestos grandilocuentes y elevando la voz, como salido de sí... y me dieron ganas de decirle que a mí la jodida calle me toca los cojones y que me da igual de quien sea mientras esté ahí con su contenedor de basura y sus dos farolas de luz muerta... pero solo sonreí y le dije que lleve el asunto al juzgado o que se ate a una de las putas farolas... y dejó de perseguirme y vociferar... creo que me atacaba con saña porque yo estuve representando en el ayuntamiento hace ya veinte años con el mismo partido que ahora quiere quedarse con ese tramo corto y desastrado que acoge como mucho a cinco coches aparcados en línea... sus últimas palabras fueron: “es que la calle es nuestra”... Luego, por la tarde, subió el vecino del cuarto hasta mi casa para pedirme que asista a la rueda de prensa, que van a hacernos una fotografía, y lo decía como temblando, como si yo le fuese a contestar con algún exabrupto... le dije que sí para quitármelo de encima y le di las gracias... el tipo respiró y bajó los escalones hacia su vivienda como acelerado... y por la noche, subiendo en el ascensor, me atacó el del quinto... “la obligación de entrega de esa calle al ayuntamiento está vencida, Luis Felipe, y están actuando con prepotencia y sin consideración alguna... esa calle es nuestra y todo lo hacen por el propietario de la finca de al lado, que no tiene paso a su finca, ése que nunca ha pagado nada a nuestra comunidad... y eso no lo podemos permitir...”, y yo asentía a todo, porque me molesta discutir de cosas que para mí resultan puro absurdo... solo le dije que hagan lo que les apetezca hacer y que yo estaré de acuerdo con lo que sea, que no pondré problema alguno ni daré mi opinión siquiera... pero el tipo me entretuvo casi un cuarto de hora con un rol de derechos y deberes que parecían ser su meta en la vida [triste meta, coño].
Y yo solo sé que nos debieran haber preparado para lo que tenga que venir y no para discutir sobre la miserable propiedad de una calle escuálida y desastrada.
Amanecí jodido por el ardor de los churros que me metí en vena y me tiré más de media hora sentado en el váter y con el culo marcado por la taza y las piernas llenas de un hormigueo insoportable... seguían mis ardores como nuevos y todo por dentro era puro trasiego y fuego... en un punto decidí meterme en la ducha y dejarme mojar por el agua tibia como si fuera una lluvia reparadora de verano... otra media hora bajo el agua y mirándome el cuerpo desde arriba... y de pronto recordé que el viernes mi hijo pequeño llegó llorando porque sus amigos le había dejado solo después de que él los acompañase durante toda la tarde en un itinerario de casa a casa para cambiarse de ropa... le habían dicho que al final le acompañarían hasta la nuestra para que se cambiase, pero le dejaron solo... el crío estaba muy triste y yo hubiera matado a cada uno de esos chiquillos cabrones que actúan justo sin máscaras, con esa crueldad genética de los hombres... alguien me dijo... “déjalo, que son niños...”... “unos hijos de la gran puta, eso es lo que son y lo que serán siempre...” fue mi respuesta... el agua seguía aminorando mi malestar y en un punto decidí apagar el grifo.
Me sequé con una toalla grandona mirando una carrera de motos en la tele del cuarto y me vi en el espejo largo... un desastre... los hombros caídos y el pelo despeinado, los ojos enrojecidos por la mala noche, el dolor finisecular de riñones y ese tirón constante en la espalda que me viene con todos los amaneceres... y las mil marcas que la vida le ha ido poniendo al cuerpo: la vacuna en el brazo como un tiro de mauser, el índice de la mano derecha medio impedido por un tajo reciente, la cicatriz del brazo donde se me quedó enquistada la cabeza de una garrapata que me tomó como alimento un día de fotos en el río, las múltiples señales marroncitas en las canillas de las heridas que me hacía cuando iba a consolar a mis hijos por las noches y a oscuras a sus habitaciones [si lloraban, salía como un zombie de mi cama y siempre me daba golpes con las esquinas bajas de la librería del pasillo], el rastro blanco de la quemadura que un cigarro me hizo en una noche de blues... pequeñas heridas pasadas que me han ido escribiendo el cuerpo... todo un mapa de ríos y afluentes secos, con sus bosques de vello y esa orografía de geosinclinales, túneles y simas... un desastre.
Me vestí y desayuné un poquito de leche fría, por eso de meterle algo al estómago para ver si entraba en un proceso distinto al de los churros... pero nada...
Y al bajar la escalera para venirme a mi estudio, otra vez el vecino con el absurdo asunto de la calle... le sonreí tan solo y seguí mi bajada echando el humo del último Pall Mall del paquete... y pensé en quizás me viniese bien comprarme un libro de autoayuda para limpiarme el culo con sus páginas mientras le doy vueltas a cómo prepararme mejor para lo que haya de llegar y no andar perdiendo el tiempo con poemas.


De la serie "Metáforas del mundo"

Comentarios

  1. Yo también me siento indignada que llegemos a lo que haya de llegar, huérfanos de sabiduria. Así nos va!
    Espero que la calle la hayan hecho cachitos, y os la hayan repartido. Y para que cuando leas este comentario, los churros, hayan encontrado "el camino de regreso", sin dejar huella. :) Ameno escrito, tan bueno, como lo que tu escribes.
    Un saludo cordial

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  2. Y dices que los comiste con leche? pues yo a palo seco, LF!
    Aysss qué malita... y qué casualidad!!

    Otra cosita: que digo que qué poético, que yo tiro cáscaras de manzana a la basura y tú unos endecasílabos preciosos ("ya no paga alquiler el cuerpo al cuerpo"... precioso!).

    Un besito.

    ResponderEliminar

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