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Obsesivo de pájaros


Atávicos, los pájaros establecen en mí su delirio genético y me inflaman de vuelo, me penetran las manos con sus picos de cráneo y me insuflan en vértigo de saber desde arriba... los adoro y los temo como a dioses chimúes o a vestales romanas que en su célibe hacer mantenían el fuego... me penetran los ojos con sus alas de látigo y son yo si se tercia algún vuelo pendiente... cuando caigo agotado, los escupo en las láminas de papel satinado con la tinta que sobra y les doy vida estática desatando mi muerte mientras gasto latidos.
Los supongo venidos de un allá de desiertos o de las selvas vírgenes que en un mar son frontera, los averiguo ‘lucho’, ‘mzwngu’, ‘gringo’, ‘míster’... y los supongo abrazos, cuando no cruz o espada. En su vuelo traen régulas de países cinábricos, eloísas de aire con olor a otras lluvias, beatrices bellísimas con cabellos de fango, ginebras entre tules hechos de pastos verdes, lauras con ojos claros para alumbrar las noches, medeas sin sus pantys de salir a las fiestas, felicias con sus piernas abiertas hasta el trigo, andreas en sostén y lipstick en sus bocas, fedras de luto blanco, teresas entre gasas preñadas hace meses, colometas desclazas, jacintas con reliquias de algún Jesús de plástico, yocastas de suicidas, emmas de pechos dulces, magas adormecidas, anas, rowenas, galadrieles, leonores, alicias, lunas, albas, cristinas...
Y mis manos son pájaros capaces de esos vuelos infinitos y lúbricos.
Migro, no anido... vuelo.












Comentarios

  1. Me gustan tus pajaritos, ahora bien: no le veo lo lúbrico (debo ser muy torpe), pero si tú lo ves y eso te hace disfrutar, pues... ¡bravo, poeta!
    Además pintar no hace daño alguno ni ofende a nadie.
    B-sazo.

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