Ir al contenido principal

Reseña

El amigo José Luis Morante publica en "El Este de Madrid" la reseña que sigue sobre "Que yo soy normal". Muchas gracias, compañero.

EL LENGUAJE DE LA LUCIDEZ

"Que yo soy normal"
Luis Felipe Comendador
De la Luna libros
Mérida, 2010

Desde sus primeros pasos, el quehacer creativo de Luis Felipe Comendador (Béjar, Salamanca,1957), poeta, editor y artista visual, tiende a la mixtura genérica, a convocar en una misma mesa poesía, novela, aforismos y autobiografía dando campo libre a una sensibilidad iconoclasta ante la percepción de una realidad saturada de estímulos contradictorios que desdice cualquier representación referencial.
Fiel a sí mismo, en la novela "Que yo soy normal" recurre al verismo autobiográfico para contar en un largo monólogo la historia de un sujeto diagnosticado por la psiquiatría oficial. Con lenguaje directo y en primera persona, el protagonista vuelve a los días de infancia y al inicio de su aprendizaje sentimental para encontrar las claves de una conducta que los demás perciben como desajustada e inestable. Gestos como vender tacos en medio de la plaza mayor de Salamanca o torear al tráfico urbano, corroboran la necesidad del reajuste mental, de un ficticio descanso al cuidado de tratamientos, médicos y enfermeras.
Pero la voz narrativa tiene su propio punto de vista y a partir del mismo se recupera una cronología en la que las instituciones tradicionales caminan renqueantes y llenas de grietas. Las aspiraciones familiares impulsan a la frustración y aquellos profesores que tenían como misión explorar la esperanza del futuro apuntaban sus ojos miopes a lo concreto y a la anulación de cualquier utopía. Del mismo modo, la relación con el otro y el descubrimiento de la fisiología amorosa resulta un asunto complejo y laberíntico.
El hilo narrativo avanza en dos tiempos, con una neta diferenciación formal. En el primero –ya se ha dicho- un incontinente monólogo recupera la peripecia biográfica de un sujeto que mira el pasado desde un presente interno en el psiquiátrico. En el segundo aporte nos encontramos con la escritura fragmentaria de un diario en el que, con lenguaje inquisitivo, se nos ofrece un análisis pausado, una ventana sobre el mundo doméstico y sus contradicciones. Quien nos habla se siente un hombre de porcelana liberado de su vida anterior, con una idea clara de su voluntad y entendimiento, y por lo tanto en disposición de considerar a los otros ubicados en la estatura moral del títere, de quien se mueve por los hilos del interés y las convenciones sociales. Ese yo se somete a una intensa sublimación estética y recoge en las palabras el sentido vital necesario.
A través de sus personajes, Luis Felipe Comendador argumenta que “la literatura no es cuestión de retórica, sino de verdad”; sus temas practican un existencialismo que cree en la individualidad con raíz y norte, que trabaja a diario lo social porque tiene una ética que no se limita a lo individual, que da y comparte, que busca su felicidad en la incertidumbre.
"Que yo soy normal"  en su dualidad –el libro podría estructurarse perfectamente como dos novelas cortas– supone también, -más allá de su trama narrativa- una indagación sobre el lenguaje; sobre las conexiones entre coloquialismo y esteticismo, sobre ese modo que tienen las palabras de definir una identidad.

JOSÉ LUIS MORANTE

Comentarios

Entradas populares de este blog

COMENDADOR

A LAS PUERTAS DEL CIELO
Aún quedan las carcasas de las fábricas como memoria de aquel constante trasiego que procuraba poder a los fascistas y la escueta comida del día a los obreros. Están rojas de óxido en toda su ferralla y una vegetación devoradora hace justicia en cada hueco. Son los restos de lo que ha de venir y lo que fue.
Mamá, el lotero me llama alemán.Porque eres rubio, hijo.Mamá, la abuela me dice que nunca hable con el lotero, pero es que siempre me da caramelos y me llama alemán.Que no me entere yo de que vuelves a coger un caramelo de ese hombre. Obedece a la abuela.Mamá, es que me dice que yo sería un buen torero, que si sigo jugando con el estoque, un día me llevará a un tentadero.Ese hijo de puta… fue uno de los que denunciaron a tu abuelo.¿Qué hago entonces, mamá?Cuando le veas, sal corriendo.
Aún quedan algunos tejados viejos en la calle Libertad, sus tejas rojas sostienen la vida de algún gato y mantienen el recuerdo vivo de los hombres que huían desde los desvanes p…

Caidino...

Estoy lento y como gatinín con este calor bestia que cae sobre mí como una losa, y con tanto por hacer y en diferentes campos. Ahora que necesitaría multiplicarme, estoy dividido y hasta restado. SBQ necesitaría ahora de todas mis fuerzas de invierno (tenemos un agujero grande que tapar y no soy capaz de tomar aire). Intento mercadillos, lecturas, talleres, ventas de materiales chulos, sorteos…, pero nada funciona. Es como si al quedarme desactivado yo, se hubiera desactivado todo, pero no sé de dónde sacar la energía que necesito como el aire de respirar, no sé cómo tramitar esta abulia sobrevenida. En Perú la gente tiene sed, hay pendientes entregas necesarias de materiales, de carritos…, y he dejado un proyecto a medias que hace que me sienta culpable por ratitos. Es este jodido calor y que la gente aquí ya no puede más, porque está agotada por los miserables del dinero. A ello se suma el golpe constante en el trabajo, el ramillete de deudas con sus apremios y el vacío inabarcable…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías… y ese ser ‘la razón’ le gusta mucho al que viaja a velocidad en los cómodos asientos de sus vagones, viendo pasar el paisaje por las ventanillas, pero solivianta al que perdió el billete, al que nunca tuvo para comprarlo y, sobre todo, al que busca lugares a los que ir y a los que el tren no llegará jamás, porque no hay vías ni estaciones. Así visto el trasunto humano, la libertad del que está en el sistema (el tren) viene siempre marcada por unas fronteras nítidas que, precisamente, amordazan esa libertad… o sigues las vías con tu billete en regla o te bajas del tren y corres el peligro de ser arrollado si quieres volver a subirte en él mientras no detenga su marcha. Me sucede con frecuencia que tengo ideas nítidas en mi cabeza, ideas que se muestran preclaras y estructuradas en mi mente y que, cuando intento compartirlas, me resulta muy difícil hacerlas llegar a mi interlocutor con la …