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Sobre la pobreza extrema

Ranchitos en los arrabales de Trujillo [Perú]

Mientras realizo el trabajo de recopilación de datos para dar forma al proyecto en el que estoy trabajando, me encuentro con datos que me dejan vacío y me hablan de la absoluta falta de moral de nuestras sociedades, me refiero a las sociedades avanzadas que hacen pucherones por los aires de crisis. La ciencia hace tiempo que sabe cómo resolver la pobreza y sus consecuencias, de las que el hambre y algunas enfermedades endémicas nos ofrecen los resultados más dramáticos. Nuestro planeta cuenta con suficiente tierra fértil, según los informes de la FAO, para alimentar diez veces a toda la población mundial, llegándose hasta la subvención a la agricultura para que modere su producción, lo que nos lleva a una paradoja absurda de la que debiéramos extraer una sensación de culpabilidad global por lo que pasa, pero cerramos los ojos a la hora de ver y juzgar que la posesión de la tierra cultivable está concentrada en solo el 16% de la población, siendo fundamentalmente grandes compañías internacionales y la Iglesia Católica los poseedores del mayor bocado. Si a esto sumamos que las nuevas tecnologías solo están al alcance de los grandes terratenientes que tienen acceso al crédito para la inversión y para la investigación en fertilizantes y nuevos materiales y productos, nos daremos cuenta enseguida de quiénes son los culpables exactos de lo que sucede [los terratenientes y quienes les propician los créditos]. Si a eso sumamos que los países a los que tildamos como ‘pobres’ son potencialmente los más ricos en cuanto a tierra y materias primas [que son propiedad de capitales extranjeros por norma], resulta de grave vergüenza que tengan que sufrir las mayores tasas de pobreza extrema del planeta. Así las cosas, los países productores de materias primas y alimentos que sostienen el calificativo de Tercer Mundo mantienen a gran parte de su población en situación de hambre por falta de recursos para adquirir su comida diaria, mientras exportan al mercado externo casi el total de sus recursos alimenticios, cuyos beneficios quedan siempre en cuentas extranjeras.
Los grandes del dinero financian a las estructuras de poder de estos países y potencian que se nieguen bajo cualquier causa a realizar cambios que tengan que ver con la redistribución justa de alimentos, sosteniendo sus postulados con el poder de las armas cuando es necesario [que es un poder que siempre está en sus manos].
Uno de los problemas fundamentales para comenzar a poner las soluciones posibles ante este horror, consiste en movilizar las conciencias para superar las grandes desigualdades sociales a que dan lugar los fáciles enriquecimientos de quienes tramitan el hambre con su tráfico de papel moneda, enseñar desde las escuelas a enfocar nítidamente a los asesinos ‘limpios’ y a librarse de quienes configuran el lavado de las conciencias con frases grandilocuentes, retóricas y vacías de contenido. Comenzar a elaborar las preguntas exactas sobre las causas de la pobreza y arrancar a dar las respuestas precisas para acabar con estas situaciones de lesa humanidad. Preguntarnos sobre las causas de la avaricia y las ansias de acumulación, sobre los mecanismos del egoísmo y su proceso en los estadios más diversos de poder, sobre cómo cambiar de manos el poder crediticio para hacerlo accesible a quienes realmente lo necesitan para crecer y no a quienes solo lo quieren para engordar y acumular poder... poner en valor la fuerza de la educación y el control de la misma, tanto en su estructura, sus contenido y a quienes la imparten, estimulando con fuerza y serenidad la creatividad antes que la especialización, pero también tendiendo a que la formación esté fijada a la demanda de los nuevos trabajos; elaborar una nueva cultura del trabajo que propicie los avances sociales al unísono y que esté bien protegida por un armado soporte financiero fuera de cualquier duda de corrupción. Potenciar la honestidad como valor primero de la política y la economía de los países y crear mecanismos fiables de regulación.
Ser pobre no es una fatalidad, sino que es una responsabilidad grave de los hombres... cada uno, en su entorno, y en los anillos de su entorno, tiene la capacidad de aumentar o disminuir la exclusión a los que la padecen, cada uno tiene capacidad suficiente para denunciar y corregir los fallos de su entorno y de velar por ciertos comportamiento individuales. Cada uno tiene la responsabilidad de buscar oportunidades educativas y de exigírselas a sus gobernantes, exigiendo que se acabe con la pobreza intelectual como base principal para la desaparición de la pobreza social.
Los datos suelen hablar mucho mejor que las palabras hiladas o deshilachadas, veamos algunos:
Más de 1.000 millones de personas no pueden adquirir el alimento preciso para el día.
Más de 35.000 niños mueren al día por diversas causas relacionadas con la pobreza.
130 millones de niños no reciben educación básica.
1.300 millones de personas no tienen acceso a agua potable.
El 15% de la población mundial posee el 79% de la riqueza.
Solo el 20% de la población vive en países industrializados, consumiendo diez veces más de la energía que precisa y produciendo el 70% de la emisiones de monóxido de carbono mundiales y el 68% de los residuos industriales.
Un 70% de las personas que viven en pobreza extrema son mujeres.
Actualmente, según informes de la ONU, hay un rico por 180 pobres.
Solo América Latina tiene 165 millones de pobres extremos, de los cuales 58 millones cuentan menos de 15 años.
Ponerte a mirar datos te deja sin aire. Es la hostia.

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