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Como te digo una cosa, te digo la otra...



Como te digo una cosa, te digo la otra, oye, bromas las justas, que vivimos en un pueblo pequeño y luego todo se sabe... y el zorolo, que es insufrible en lo del bar, que todo hay que decirlo, se ofrece como fórmula segura al partido que lo quiera... ‘pues móntate uno tuyo y lo llamas GLASNOT, coño’... y se enceporra... ‘que como te lo digo, eh, soy la puta fórmula del éxito... que el ciudadano haga lo que quiera y que yo me quede siempre con la raspa’... y en el fondo hasta puede que tenga razón, porque a otros se les llena la boca de dignidad y van a raspa triple.
Lucía el Murallón su carcoma bajo este sol de abril excepcional e inexpresable –tan solo las tortillas sobaqueras son capaces de tales decripciones– y había un no sé qué de pasamanos en el Colón de siempre... ‘¿tú qué piensas de Béjar?’... ‘pues que es el paraíso, coño, un paraíso con sobra de gente, de mucha gente... el personal siempre se empeña en destruir y, si te va bien, eres un cabrón... si tienes éxito, es que algo malo habrás hecho... si fracasas, es porque ya se veía venir y te lo mereces. Aquí el bueno es tonto y el malo es un cabrón... y solo existes si no existes físicamente en este jodido biotopo... no hay futuro, no lo hay...’... y salen los críos del colegio y parecen crías de fascista, como los de aquella OJE de entonces que jugaba partidos de fútbol en el campo de Candelario... no hay lugar al jersey, ni siquiera a la camiseta interior, y ya los calcetines van sobrando y los pies piden chanclas.... y todo por el juzgado y por lo judicializable... hasta parece que hay un empeño arrugado de llegar al juego de las togas y sus trucos... y que nadie percibe que la vida es otra cosa fuera del interés, que uno quiere a los suyos y a los que se dejan querer... y todo fluye si hay miradas francas... y la paloma ha vuelto a entrar y es como el signo de alguna memoria hermosa, un ‘estoy aquí’ molón si me pongo maniqueo... y que me vuelve lo enumerador y lo caótico...
“Lámeme las corvas y ponte terca, cierva... camíname y toma los descansos precisos en mi cuerpo, haz una hoguera al atardecer y espérame para mirar la lluvia juntos... pero hoy no hay horizonte, lo han quitado sin más, solo hay ropa tendida y unos geranios, no está la línea terca que marca las distancias... sí, lámeme las corvas mientras dejas tu olor entre mis cosas, descóseme la boca y busca el galanteo de los machos en mi temperatura, porque ya es primavera y no hay distancias insalvables, porque brota el abrótano y toman despacito los campos las campánulas... ropa tendida otra vez y corazones oreándose, grupas y aleteos, claras amanecidas y olor a calle abierta... lámeme las corvas y conforma el orillo de cada extremo mío... y luego fumar algo....” –me digo–... pero la soledad persiste.

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