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No sé...


Esta foto tan chula me la hizo el sábado mi amiga AJO en el mercadillo solidaro.



No sé si fueron las primeras mentiras o que aquel colegio de piedra sobre piedra tuviese un pórtico de cemento pulido, aunque creo que fue más lo segundo que lo primero, ya que todo lo visual siempre ha marcado mi vida (y eso que creo que a un hombre siempre le forjan sus mentiras). El caso es que crecí sin una habitación en la que guardar mis secretos y con un hambre constante que se calmaba a media tarde con un par de ‘pestañas’ de chocolate ‘Elgorriaga’ y un buen trozo de pan blanco... lo demás estuvo hecho del ‘Pumby’ y el ‘Jaimito’ en el primer tramo de edad, y de los ‘TBO’ y los ‘Capitán Trueno’ en un tiempo posterior, aunque no mucho... también tenían mucho que ver los colores de las rejas y los barrotes que cerraban todo mi mundo en una cárcel blanda a primera vista, una cárcel que ha ido tomando dimensión con el paso del tiempo hasta dejarme esta sensación constante de grilletes en las manos y en los ojos (que la boca la desaté a tiempo y no sé si para mi suerte)... eran colores verdes siempre: verde en los enrejados del patio salesiano, verde en los barrotes de sus verjas, verdes las puertas de los lavabos y las barandillas que ayudaban en las escaleras que llevaban a las aulas, verdes los pupitres y sus sillitas diminutas... y el negro total de las sotanas contrastándolo todo (creo que por aquel contraste terminé haciéndome acérrimo seguidor de Joventut de Badalona de Buscató)... y aquel caparazón de tortuga nueva que me fui haciendo poco a poco, un caparazón que me protegía de los golpes cabrones de los curas, de los golpes de los piratas de la plaza, de las horas tediosísimas de misas y bendiciones... y también, quizás, de esa sensación constante de falta de futuro que ya se adivinaba en quienes iban en la generación anterior... y de entonces viene este tipo aislado que soy, cercano siempre, pero también dispuesto constantemente a tomar distancia inmediata ante cualquiera que intente penetrar en mi mundo.
De aquellos días me quedó la sensación de ser un tipo especial, no porque lo sea, sino porque intenté ser distinto en mi mundo interior, como algunos de mis compañeros de entonces, pero a mí me ha durado hasta hoy mismito, y esa persistencia sé que me hace especial de alguna forma, aunque también me ha hecho vulnerable en demasiados aspectos de mi vida.
Hoy me molesta mucho que los chicos no lean como leíamos entonces, pero entiendo perfectamente que el ambiente no lo propicia, pues ya no se mata el tiempo paseando bajo un paraguas o haciendo sonar un palo rozándolo contra las paredes irregulares... ahora todo es parecer constantemente lo que no se es mientras que antes buscábamos ser lo que deseábamos ser (todo a pesar de que estábamos estabulados y marcados como futuros obreros del textil o, a lo sumo, como sumisos escribientes con corbata de nudo americano).
Dije que siempre me marcó lo visual, y eso es absolutamente cierto, pues todo mi mundo está hecho de imágenes... desde los niños castigados de rodillas en la iglesia frente a una imagen de María Auxiliadora, hasta la última línea que le vi trazar a Josetxo sobre un trozo de cartulina.

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