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Entradas

Los pétalos pesados.

‘ Amor es deseo de conocimiento ’, escribió Pavese en la entrada de su diario del 30 de agosto de 1942... y a mí se me van las ideas de pronto a aquel ‘conocimiento’ bíblico y me siento un poco mal por reírme de esta forma de un pensamiento tan completo, pero me encanta también leer a Pavese con la mirada furtiva y la predisposición pícara en mis ojos. _ Los pétalos de flores amarillas de G. Chávez, qué pesados sobre la muchacha con su ‘ mequierenomequiere ’, qué viaje al averno trasatlántico de las muertes tranquilas, qué viaje a la tierra en la que lo vivido es justamente lo vivido y apenas hay resquicios al mañana, porque no existe... hemos perdido el Norte en este vuelo nuestro de pedantes caucásicos vencidos a futuro, instalados siempre en un mañana mágico que nunca llega... cuánto mejor el hombre que desea y redacta al instante su deseo en una piel cercana, el que duerme solo por el cansancio sin que le preocupe si el acto de despertar será posible, cuánto mejor su ...

Tres poetas latinos...

Basilio Belliard, Reinaldo García Ramos y Gabriel Chávez Casazola durante su lectura de poemas. Ayer tuve la suerte de conocer a tres tipos entrañables gracias a mi participación transversal en el “XV Encuentro de Poetas Hispanoamericanos” haciendo labores de coordinación en uno de sus actos realizado en Béjar... son Basilio Beillard (República Dominicana), Reinaldo García Ramos (Cuba) y Gabriel Chávez Casazola (Bolivia). Basilio me resultó el menos cercano de los tres a mi gusto poético en lo que fueron versos leídos por él (ya se sabe que no es lo mismo asistir a un recital y escuchar a un poeta por primera vez que leerlo tranquilamente en el sillón de casa... se escapan muchas cosas y el recitado puede hacer que los versos crezcan o se agoten), pero tuve la suerte de que me regalase un librito suyo de relatos breves –“Oficio de arena”– que me dejó fascinado por razones diversas que pienso explicar en una entrada aparte, pues lo merece. Reinaldo García demostró enseguida ...
¿Es la suerte buscada o el jodido deseo lo que fracasa?...  El yo maniqueo siente un ardor licántropo en el vientre porque no sabe ser hedonista, pero no tiene ni idea de que el yo hedonista se siente mal por todo lo no conseguido... y ambos están mal, el del sí o el no y el del qué agustito... pero hay otros yoes que se entremeten y se entrometen... el yo lúbrico y lascivo, el yo exasperante, el yo apocado y tímido, el yo tristísimo... y ninguno acierta a acordar que todos son ese yo entero y vacío que se mueve y se espanta, que ruge y cacarea, que es proclive a secas... y yo siempre trabado en apartados estancos, en fases separadas, en trancos no mezclables, sin saber resumir, sin atinar siquiera a valorar cualquier otro yo distinto al que está sucediendo... y me lo explico a mí sin entenderlo, que es triste gracia. Luego, dos o tres días sin musa, pero con anacondas... sin ese cremor tártaro que le da solidez a mi estado de ánimo, pero con los dientes afilados de m...

Cuatro días con Lee Std.

DÍA PRIMERO. Ya es de noche y espero la llegada inminente de Hugo mientras leo a Pavese como si fuera la primera vez. A ratos me distraigo con una mosca intrusa que se ha quedado a hacer noche conmigo y a tropezones pillo alguna idea que me gusta y la escribo en mi cuaderno para desarrollarla cuando cuadre. Ya no suena el jaleo del bar de arriba y ha dejado de llover. Viernes en Béjar y subo a por tabaco. No han cerrado aún, tengo suerte. Los camareros ya son como raros autómatas a esta hora. El tipo de la barra me cambia un billetito por monedas y se olvida de activarme la máquina para sacar mi tabaco. Espero y le hago una llamada a Hugo para ver cómo va nuestro parte de ruta... “ya estamos en Zamora y se cumple el horario”, dice mi amigo. Saco por fin mi tabaco y fumo. El impás tabaquero me ha apartado de Cesare y me animo a escribir, aunque no sé de qué... todos los días, desde hace muchos años, escribo algo por la noche, lo que sea, como sea... así se me harán más cortas la...

El viento de marzo bajo los vestidos...

El viento de septiembre bajo los vestidos, el viento de octubre bajo los vestidos, el viento de noviembre bajo los vestidos no es lo mismo que el ‘ viento de marzo bajo los vestidos ’ de Pavese [“ un regreso al envilecimiento malicioso de las sensaciones sexuales puede ser un camino para salir del pantano de la rutinaria facilidad descriptiva actual ” (‘ El oficio de vivir ’. Texto sacado de su entrada del 5 de diciembre)]... Cesare pensando en diciembre en el viento de marzo bajo los vestidos ... y es que todo crece con la justa distancia, todo se hace mejor y más intenso cuando puede tramarse en otro lugar y/o en otro tiempo, en otra estación... que no es lo mismo un cuerpo imaginado que un cuerpo presente, como no es lo mismo un deseo sin cumplir que uno cumplido. Así las cosas, retomo hoy mi vieja práctica de los caminos paralelos (una práctica que siempre me ha salvado de muchos jaquecones)... salir de este mundo del 'todo atado' y del 'todo con grillos en...

Hoy sentí un frío raro...

Hoy sentí un frío raro cuando salí a la calle, uno de esos fríos que destartala y deja los tendones como injertos, mientras hace volver una ligera incontinencia a mi vejiga. Me abroché. En la calle la soledad se hacía pájaros raros y el color de las cosas comenzó a tomar los matices del otoño... luz atenuada, sombras débiles y descontrastadas... tuve que meter las manos en los bolsillos para buscar el caldo/calor de los muslos e intentar pillarle el tono al día. Béjar ya se vació de tintines, tahuretes y damonas de noche. Ya no hay más pijos que los cuatro de siempre (venidos a menos) ni más cera que la ardió el día de la virgencita... la ciudad es ya solo de los cuatro gatos que la vivimos, de los que le apañamos el juego lunes/viernes con un trajín pausado que seguro que viene del ritmo anciano que la puebla... y en este desestar siento yo el frío cada mañana recién amanecida, como la de hoy... y llego hasta el vacío del trabajo –que es un vacío en otro vacío– y mi silla Wa...

... trapiellos, carpantas, corcobados...

Me pongo frente a la pantalla e intento escribir, pero no logro encontrar la expresión correcta de todo lo que bulle en mi cabeza... y me siento mal por no poder hacerlo, por no poder vomitar todo lo que hace que me sienta mal (sí, sé que estoy amordazado en los últimos meses, pero esa mordaza no debiera impedir la expresión privada... pero no puedo)... y entonces intento esas trochas que utilicé otras veces para encontrarme en la escritura... la escritura automática... la descripción caótica... Cierro los ojos y veo trapiellos cobardes escribiendo diarios sin decir, carpantas nuevos con su sopa de Cáritas recién bebiba, corcobados de calle que dicen lo que piensan y es verdad, y es siempre verdad... pero no todo es ascuas y ciscote, que también veo mujeres libélulas con cintura y shortines, con pantyes apretados y culetes pinzones,  con la chichona puesta como para comer hasta sin hambre... y me digo: ‘nadie me obliga a seguir con vida, coño’, pero me disfrazo de extra...