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Carta a mi amigo José Luis Morante.

Hoy hablé por teléfono con mi amigo José Luis Morante y me quedó el azúcar de su afecto constante junto a cierto sentimiento amargo por este cabrón ‘cómo nos va’. Me dice JL que le asusta mi nihilismo de los últimos tiempos, que a ese manso acoger, que siempre me ha otorgado, le nota una sazón amarga que atornilla… y que está preocupado por mí. Es hermoso que un amigo te muestre su amistad como JL lo hace siempre. No te preocupes, amigo grande, pues la experiencia aploma y regala tablones a los que agarrarse durante los constantes naufragios. El tiempo de los hombres está mi contra, pero no el tiempo de los sueños, ni el de la intensidad, ni el de la pasión. Van pudiendo con mi inestable economía, pero yo me voy haciendo cada día más fuerte en la mirada interior y en el saberme cierto. Sé netamente hacia dónde voy, conozco a cada uno de los hijos de la gran puta que propician cada una de las ruinas y no les doy importancia, porque no la tienen… igual que no le doy importancia ...

Y todo porque Tattoo leyó a Leopardi...

Retrato de Flush, la perrita de Julia y Paco Castaño. A Tattoo siempre le gusta ponerlo todo en un contexto y relacionarlo, sobre todo en sus asuntos de lectura y de música. Yo soy de otra manera, leo a Laforgue, a Shelley, a Stevenson… y solo leo a Laforgue, a Shelley, a Stevenson… sin ninguna consideración a su tiempo, a su espacio o a los escritores encajados en alguna estética pareja… los leo exactamente para mí, en ‘yo’ y sin más afán que bañarme en sus palabras… y a Tattoo esto le sorprende –y yo diría que hasta le espanta–, no entiende que no sepa indicarle paralelismos entre autores o que apenas atine a ubicarlos en alguna estética… eso de que yo le recomiende un libro y solo le diga que me ha gustado, creo que le desquicia… pero yo soy así y Tattoo termina aceptándolo, no sin cierta perplejidad acompañada de algo de recriminación por mi falta de perspectiva… y yo le digo siempre que la trama de autores no me interesa, como no me interesan el decorado personal y social d...

También deseo...

Me desespera el orden, lo bien puesto no sé para qué… otra cosa son los escaparates de las tiendas, ahí intentan vender… pero yo, ¿qué voy a vender en mi mesa?, ¿qué voy a vender en los estantes de mi biblioteca?… si todo lo que hay ahí es para mí… y el orden, como digo, me desespera… y eso lo llevo hasta mi forma de ser y estar. Alguna vez me llamaron ‘pijo desaliñado’ porque siempre voy con ropa y objetos de marcas conocidas, pero impecablemente desarreglado, con todo dejado a su justa caída sobre mi cuerpo, suelto… el pantalón arrugado y flojo, las camisas por fuera y con un regazado de mangas absolutamente casual… mi madre siempre me dijo: ‘eres un Adán, pero te quiero tanto’… ahora me lo sigue diciendo con los ojos cuando voy a verla y me atusa el cuello de la camisa o me sube el pantalón hasta la cintura… luego me besa en la mejilla… y a veces me siento como Traveler, un verdadero hombre de acción que ha hecho de todo y que casi nunca ha terminado nada, precisamente por ...

Si al final me voy a morir, ¿no?...

Si al final me voy a morir, ¿no?, como todos… y entonces quizás pareceré bueno o hasta lo mismo pareceré exactamente lo que soy: un trozo de carne puesta a orear con ciertas intenciones –algo, por otra parte, que no conseguirán muchos de los que están, serán o fueron–… y recuerdo a la mujer sentada frente a mí, sin mirarme ni un segundo a los ojos durante toda la conversación absurda que mantuvimos… yo pensaba, mientras me hablaba, que a esa mujer le quedaba grande el despacho mínimo en el que conversábamos, su puesto político multiplicado por dos y, por supuesto, el sueldo público que se lleva cada mes a sus bolsillos… sonrió un par de veces con una de esas sonrisas de cuchillo que asesinan… una de ellas fue para decirme que a los comerciantes les molesta que vendamos en la calle… pero repetidamente echaba la responsabilidad sobre otro para intentar quitarse de encima el peso de mi sola presencia en su espacio… y yo no fui desagradable en ningún momento, lo juro, porque con...

Como ser y estar...

Es tan fácil como ser y estar, como tomar consciencia de lo efímero y pelear la sonrisa diaria del de al lado –que es la tuya también–, como plantearse no acumular y disfrutar todo lo que sea compartir, como dejar de esperar y ponerse a hacer poquito a poquito… el mundo es pura lógica y absoluta simplicidad, y es por ello que debemos ser lógicos y simples, que debemos vibrar con lógica en cualquier planteamiento y en cualquier solucionario, y que debemos volcarnos en la sencillez de nuestros procesos… pero ‘ellos’ no quieren más que procesos complejos que lo enfanguen todo, quieren dificultad, quieren élites preparadas para su jodida dificultad y su diseñadísima falta de lógica. Pero si el mundo es prácticamente un sistema binario, un sistema combinatorio de unos y ceros, de síes y noes, de blanco y negro, de frío y caliente, de grande y pequeño, de dulce y salado, de rugoso y liso, de hambre y saciedad, de suma y resta… ¿a qué tanto interés por lo complejo?… en lo complejo es...

'Celos del viento'

A pesar del daño, que es grande y a veces insoportable, aún me quedan pequeños espacios para la felicidad. Hace unas semanas contactó conmigo uno de los editores que más admiro por su trabajo delicadísimo y su envidiable gusto estético (Segundo Santos) para solicitarme algún material mío que editar en su nueva colección "Manantial de papel". Sopesé la idea a partir de una maqueta de la colección que me hizo llegar por mensajería urgente y decidí rescatar varios dibujos de 'Por lo menos estás vivo" y aunarlos al amor de un haiku al que le tengo un cariño especial y que hasta hoy permanecía inédito. Hoy volvió a llegar el mensajero con un paquete sorpresa que contenía la delicia que os muestro en las fotografías... 'Celos del viento' ya es una realidad que verá la luz para el lector y el diletante el día 1 de septiembre de 2014, en edición limitada, numerada y firmada... os juro que llevo todo el día sonriendo y acariciando mi tesoro. Como digo, le e...

Decídeme...

© foto de Russell Lee Decídeme, como haces con las peras dulces cuando las llevas a tu boca, hazme presa en tus dientes de ocelote y tira de mis músculos con ansia, brújula de ojos grandes y un misterio de Gog en tus pupilas hartas de luz y noches… luego vete a dormir sobre los helechos verdes de la fronda, allí donde anidan los momentos de luz de Pisarro o Degas y los torvos ofidios afilan sus opistoglifos componiendo mil miedos… duerme como una madre, alerta a cualquier ruido, tensa como el arco que eres, pura mantis con sueño, luz felina hacia adentro, como una digestión. Yo, herido, rasgado de ti, seré harapo en las sombras, capibara vencido por tu hambre, crisálida pendiente del cremáster finísimo hecho por tu saliva, dependiente absoluto del arañazo próximo y el mordisco siguiente. Y este calor que arrasa y me deja sin aire… y ese infierno de al lado –a cualquier lado– que me hace dudar de mi conciencia, de mi ‘ser hombre’ junto a todos los hombres… quizás un largo vi...