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Igarashi


Tensión furiosa y un poco de cansancio es lo que me ha quedado del fin de semana, todo un «güiquend» dedicado a maquetar para el Festival de Blues de Castilla y León... inventando textos, sacándome fotos de artistas de la chistera o de las puñetas de mi polo Lacoste, perpetrando anuncios y colocando y descolocando logos institucionales... como si me hubiera ido a París o como si estuviera desentrañando los entresijos del pelotudo Priorato de Sión.

El relax (?) me lo di el domingo por la noche en el cine. Ángeles y yo fuimos a ver el petardo de «El código Da Vinci». La sesión de las 23 horas es mortal de la muerte si la peli es mala, y ésta lo era hasta el punto de pegar varios cabezazos en pareja.
Sinceramente, no entiendo cómo el tipo que escribió esta historia de la nada se está forrando, a no ser que estemos viviendo entre una pandilla de mingaslacias.

Y lo peor es que me jodieron la imagen de mi Amelie, deformando aquel gesto divino en una cosa afranchutada y cutrera. Purita pena negra, de verdad. Y encima yo creo que esto le hace un favorcete a la Iglesia, pues vuelve a atraer al personal con las milongas del misterio y de las preguntas para imbéciles. Juro no volver a perder mi tiempo en estas pachangadas peseteras del espiritualismo de cartón piedra. Y, sí, seguiré pensando en la Iglesia de Dios como un magnífico negocio basado en el dogmatismo de corte fascista y en los tontos de misa con la fe como un caballo.
Ellos a lo suyo, que es pedir, engañar, someter y acumular riquezas con avara actitud cristiana... y yo a lo mío, que no sé lo que es.
(23:21 horas) Existen las malas personas, me consta, malas personas a todas las horas del día, cuando hablan, cuando comen, cuando duermen... hacen el mal sin sacarle gusto, sólo por afán de venganza contra la vida que se han buscado. Son seres amargos, rasposos, vulgares... y si son mujeres es mucho peor, pues lo femenino les aporta inquina y muy mala cara –y no soy misógino por norma–. En fin, una mierda pinchá en un palo para esa gentuza que te ataca cuando menos lo esperas.

•• RECOMENDACIÓN ••

«La amada invencible (80 poemas incurables)»
Fernando Beltrán
S.B.N.: 84-96476-66-9
Editorial: Krk Año: 2006 Páginas: 184
Formato: 12 x 17 cm.
P.V.P. euros: 14.95 Cómpralo en www.paquebote.com

Fernando Beltrán (Oviedo, 1956) abre esta singular antología con un epígrafe que inaugura su poética amorosa al modo de una verdadera mitología. Su escritura se propone aquí como una especie de "viaje sin fin / a la mujer poema", figura que con diversas variantes se convertirá en leiv motiv de esta recolección paciente de palabras, para celebrar la presencia femenina como inspiradora y artífice de la pasión amorosa. El autor transita con rigor y agudeza por toda su producción desde 1980 hasta hoy, recolectando aquellos textos que cantan el amor en sus diversas formas; añade unos cuantos inéditos y busca reescribir desde un nuevo orden reflexivo ese precioso material, para entregarnos estos 80 poemas incurables. El resultado es un nuevo libro en la mejor tradición de la lírica amorosa, pero con la temperatura y el tono de una voz de principios de milenio, entre la canción de amanecida y el fragmento minimalista, entre la crónica urbana y la confesión sentimental, entre copas y recortes fotográficos de una ciudad insomne, ebria como el hombre que la habita y poderosamente apasionada. Un gozador impenitente habita en estas páginas; un auténtico "amador" que se declara rendido ante una mujer eternamente ubicua, siempre una y plural, la de mil rostros y figuras: la amada invencible´, como declara el título.
La antología está dividida en cinco secciones tituladas "Amor ciego", "Bar adentro", "La pala del amor", "Martes, miércoles, llueves..." y "Punto y amarte", que suman los ochenta poemas prometidos. En ella recopila muchos textos de sus libros editados, junto con otros nuevos e inéditos.
(De la introducción de Laura Scarano)

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