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Gyofu Soma


Definitivamente, se me presenta un largo verano de libros regalados.
Esta mañana, a primera hora, se han presentado Youssouph y Malick con un par de paquetes. En uno me llegaba el cartel y el programa del encuentro de poetas en Moguer, en el que estaré presente si no me ocurre nada extraño; y en el otro un verdadero tesoro de mi amigo José María Cumbreño, sus libros. «De los espacios errados», una colección de relatos extraña que me ha recordado en ciertos momentos el tiempo en el que escribí mi «Formol con Havana 7». El caso es que me he enganchado con este libro editado por la Fundación José Manuel Lara y le he dado fin de un hermoso tirón para poder decir que la prosa de José María engancha. También he leído el poemario «Árbol sin sombra», editado por Algaida, en el que he visto a un poeta serio y en el camino. Buena composición, perfecto el fondo y una trabajada musicalidad hacen que apunte a José María en mi lista de poetas a los que seguir la pista, un poeta de jirones montándose en forma de poemas que parecen heridas eternas. Me resulta muy curiosa su técnica de maravillosas estrofas independientes y la fuerza filosófica que contienen.
Aún me queda por meterle el diente al otro libro de José María, «Las ciudades de la llanura», otro poemario, editado por la Editora Regional de Extremadura.
Gracias por haberme deparado una mañana completa, amigo José María.
(12:09 horas) Un logro fundamental para el bienestar del hombre sería conseguir que todos y cada uno actuásemos por voluntad y no por necesidad, circunstancia difícil –prácticamente imposible– cuando las clases dominantes se empeñan en crear millones de necesidades artificiales. A pesar de la imposibilidad de conseguir ese logro, me parece que sería muy correcto inculcar esta idea en nuestros jóvenes de forma constructiva para que poco a poco y en las siguientes generaciones acabase siendo un concepto claro y común en las cabezas sutiles y en las más primarias.
Cómo cambiaría todo si el mundo se construyese porque queremos construirlo y no porque necesitamos construirlo... Pero todo está sujeto al poder de un grupo de herederos de las monarquías y el gran capital que ordenan los procesos sociales llenándolos con una pesada carga de consumo absurdo y arbitrario que esclaviza al hombre de la calle y, lo que es peor, lo empeña hasta mucho más allá de su muerte.
(16:15 horas) Cuando un padre tiene hijos para que le sirvan, para que le sostengan, para que le llenen de orgullo por cojones, para ser lo que él pretende que sean, para que articulen un buen soporte contra el miedo de su vejez... cuando un padre tiene hijos para todo eso, no es un padre en términos de humanidad, es un imbécil.
Cuando un padre es un cobarde y un inútil que busca ocultar su cobardía y su inutilidad en los hijos, es un auténtico fantoche.
Cuando un padre es apariencia e incapacidad y vuelca todas sus responsabilidades en sus hijos, es un auténtico mamonazo.
El hombre debe seguir algunas veces las duras normas naturales y sentir la procreación como un acto de permanencia y evolución, no como un remedio a los males propios. Se tienen hijos para que crezcan libres y caminen libres, no para que sean esclavos ni para que tengan que estar eternamente agradecidos por la vida con una suerte de insoportable sumisión.
Estamos hechos para la soledad y para la muerte, y probablemente el peor favor que le hemos hecho a nuestros hijos es darles la vida. Si a eso sumamos que existen millones de especímenes humanos con la mente decimonónica, incapaces de aprender en su itinerario vital más que el uso servil de los demás, la fe sobre todas las cosas y el Dios proveerá... ¡pobres hijos! Pero no nos asustemos cuando alguno sale rebelde y grita, todo lo contrario, es fácil que ellos sean los mejores hijos, libres de la sumisión escandalosa e hijos sólo por voluntad propia.
Es tan difícil la vida para los que buscan intensidad, verdad y libertad... Es tan fácil para los que buscan servidumbre...

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