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Todo lo preelectoral es perverso.


Vuelvo al asunto del dado que ayer lancé al aire para buscarle otras caras.
El hombre reacciona ante el arte, ante la literatura o ante los medios de masas [cine, televisión...] de la misma forma que ante el lanzamiento del dado. Así, ante una misma obra, ante una misma proposición, cada hombre extrae una percepción individual que apenas coincide con la de otro hombre que observa a su lado. Así, mientras que el primer hombre percibe con asombro una calidad plástica o cromática, el segundo hombre es capaz de trascender la imagen y montarse una historia con principio, desarrollo y final.
Ninguna de las reacciones ante la presentación son exclusivas, sino que abren un sumatorio perceptivo que terminará relativizando el interés de la presentación.
De esta forma, bajo esta premisa, nada puede ser definido de forma objetiva; pero en la suma de subjetividades podemos acercarnos bastante a la calidad objetiva de cualquier propuesta... y más cuando se presenta en medios de masas.
¿Por qué, entonces, tenemos que fiar nuestro gusto estético al dirigismo de una élite [la conformada por los críticos o por los filósofos]? ¿No sería de pura lógica que lo que resulte aceptado en su interpretación por más individuos deba erigirse como canon? [dejo aquí mi temor a las masas y a su interpretación burda de lo democrático].
Quizás esta idea esté mal trabada, pues no se me ocultan las enormes dificultades que contiene, pero arde en cierta propuesta que alumbró Walter Benjamin cuando habló de «distanciamiento crítico» y de la «atención dividida e intermitente» que produce en las masas el cine, a lo que sumaba un beneficio que conduce a que la opinión de las masas vaya coincidiendo poco a poco con la de los críticos y no que la opinión de los críticos sea dirigista de facto. Es decir, todos modulan la reacción de uno... y no al contrario.
Oye, y no me parece mala idea... aunque sí peligrosa.
(11:37 horas) Es tiempo de listas electorales y en el ambiente nada cierta incertidumbre. Pocos son los que quieren entrar a formar parte de las nuevas políticas pequeñas y algunos de los que lo hacen ponen por delante asuntos personales y buscan soluciones para su ámbito familiar sin detenerse a pensar que tan alta representación exige entrega a los demás y renuncia de lo propio.
Errores se están cometiendo ya aunque la llanura del pueblo no los sepa.
Y mira que es fácil establecer un protocolo decente para hacer las listas... se me ocurren algunas normas para un protocolo de estas características:
• Ciudadanos con capacidad de gestión demostrada que hayan desarrollado actividades de índole social con ímpetu y hasta con empecinamiento [no entenderé que alguno de éstos se quede fuera de los primeros puestos].
• Ciudadanos limpios que hayan demostrado que sus intereses particulares están muy por debajo de los intereses de la comunidad [tampoco entenderé que uno de estos individuos se quede fuera de los primeros puestos]
• Ciudadanos que por su popularidad y por su trabajo sean capaces de arrastrar voto [este punto está lleno de pragmatismo, claro, y tampoco entenderé que quien tenga menos capacidad de arrastrar voto figure por delante de los de mejor proyección. Es de cajón, ¿no?].
• Eliminar de raíz a los que exigen contrapartidas de índole personal. Esos no sirven más que para destruir [figúrense que algún proyecto de concejal estuviera exigiendo ser liberado como contrapartida a su presentación o que algún familiar suyo obtenga el beneficio de un empleo o de algunas prebendas... que de todo hay en la viña del señor].
• Llevar a los puestos postreros de la lista a los ya han fracasado antes en otros proyectos personales o colectivos... pueden estar, por supuesto, pero con cierta desconfianza.
• Llevar a los puestos postreros a los que aún no han tenido la oportunidad de demostrar nada [así irán aprendiendo a manejarse y acabará llegando su día si trabajan con efectividad]
...
Podría hacer un rol infinito de propuestas para ese necesario protocolo, pero sé que no se cumpliría ni en un 2%, con lo que el trabajar en ello me parece una pérdida de tiempo personal.
Que el dios de las listas electorales nos coja a todos confesados, pues en ellas se está masticando ya el futuro próximo de nuestro espacio cercano.
A ver si este año los partidos políticos son capaces de apartar el trigo de la paja. Permítanme que dude un poquito de su capacidad... soy así de negativo.
De Tontopoemas ©...

(22:14 horas) Querido amigo Alberto, ¿cuántos miserables refinados tendrán una obra tuya colgada en su casa? ¿La mirarán de soslayo y pensarán en lo poco que han pagado por ella? A mí me encanta pensar en los hijos de puta que han podido leer un verso mío escandalizándose, quizás, por mi forma de ordenar el mundo. Esos tipos sin escrúpulos que acceden con disgusto estético a nuestro trabajo y se jactan de su superioridad amoral y de que nos roban lo más íntimo. Me encantaría poder observarlos desde un agujerito y escuchar sus pensamientos.
Así suelen ser las élites: miserables y aprovechadas.

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