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Un vértigo sin abismo nunca es un buen vértigo.

Kant, que era un cachondo con patas, odiaba la música porque hubo de vivir y escribir durante muchos años bajo los molestos cánticos de los presos que habitaban, por obligación, una carcel aneja a su casa prusiana. Tal circunstancia le llevó a instalar la música dentro de un apartado al que calificó como de entretenimiento y falta de urbanidad. ¡¡¡Kant!!!, Alberto, el tipo que desarrolló la idea de «estética» que está vigente hasta nuestros días, esa idea pronunciada por Baumgarten a mediados del siglo dieciocho y tan finamente puesta en papel en la «Crítica del juicio» kantiana. ¡Hostia!... decir que la música no es arte porque me molesta [y luego argumentar el asunto con esa dialéctica filosófica tan brillante del perico] es como para quemar todos sus libros... pero no, Alberto, que el arte está en el juego de convencer al otro de lo que tiene calidad estética... toda una guerra librándose a diario entre hombres que pelean, fundamentalmente, por singularizarse como élite de pensamiento para obtener poder [absurdo poder que acaba convirtiéndose en dólares... ya no es tan absurdo, ¿verdad?].
En qué nos movemos, entonces, cuando pintamos o escribimos; qué buscamos con ello y hasta dónde pretendemos llegar... No lo sé, hermano, no lo sé. El caso es que hay cierta necesidad interior que crece y obliga a manifestarse con el trazo o la escritura, una necesidad que, en principio, no tiene nada que ver con el narcisismo o con la idea de enriquecimiento económico [quizás sí tenga algo que ver con otro tipo de enriquecimiento más cercano a la bioquímica que al dinero]. Vamos, que es muy distinta la impronta que lleva al acto creativo que la que lo procesa, lo socializa y le busca valor exterior. Somos mientras creamos y dejamos de ser cuando decidimos mostrar lo creado.
(18:37 horas) Alberto, lee lo que acabo de pillar en un texto de John Dewey, uno de los más reputados teóricos norteamericanos sobre estética: «Cuando la estructura del objeto es tal que su fuerza interactúa felizmente (pero no con demasiada facilidad) con las energías que surgen de la experiencia misma; cuando sus afinidades y antagonismos mutuos colaboran para producir una sustancia que se desarrolla acumulativa y certeramente (pero no con demasiada regularidad) hacia la plenitud de los impulsos y las tensiones, entonces, sin lugar a dudas, estamos ante una obra de arte». ¿Qué te parece, amigo?, ¿el señor Dewey sabía de lo que hablaba?. ¿Cómo se puede definir desde tal reputación con esos paréntesis de «(pero no con demasiada facilidad)» y «(pero no con demasiada regularidad)»? El tipo viene a decirnos que el arte está en cierta dificultad de la creación y en no abusar de esa vena creativa. ¿Es que el que descubre una hermosa vena del arte y la explota con facilidad y con frecuencia no merece el apellido de artista?
No entiendo nada.
¿Era fácil y repetitivo Picasso? Yo creo que sí... y ¿era artista?... yo creo que también
Y como al tal Picasso te puedo citar poetas, narradores, músicos, pintores...
Jo, no demasiado facil y no con demasiada regularidad... vamos bien.
De Tontopoemas ©...

Comentarios

  1. Buena musica,si te gusta el jazz,escucha al frances Alain Coren,o a Charly Hunter,e incluso en España a Mauri Sanchez,ya me contaras,ah!! y a jack Jhonson, puede que te gusten.
    una lectora anonima pero cada vez más enganchada, esto de poner música a tu diario me va a hacer drogadicta.

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