
Dio el día para una excursión de trabajo a Ledrada y un paso fugaz por el Guijuelo rasgado y mojado por la sorprendente lluvia juliana que nos visitó hoy… Todo un retrato de la decadencia unida a las mejores opciones de negocio de la zona, contrastes por doquier y un no sé qué de no haber sabido crecer a la par del dinero: casas divinamente abandonadas junto a instalaciones de nuevo corte medieval, bello paisaje preserrano junto al exabrupto de las cárnicas… y la deliciosa ruina del ‘Cinema’ ledradense con su letrero orlado por una hermosa hilera de nidos de golondrina [les hirondels] contrastando con la Plaza Mayor de estética Diputación granítica postgirón. Un pueblo rico con unas pobres ruinas de corte histérico decadente [si tuviera dinero compraría ese edificio sólo para mirarlo]. Mi sensación fue de absoluto deseo por poseer ese silencio y esa estética, de quererme quedar a pesar del jamón y sus hedores, de ser en ese espacio hasta lograr abandonarme.
Comenzó el cielo a soltar su cortinita de agua justo cuando anotaba en mi cabeza el decorado e intentaba plasmar aquella imagen con mi Nikon… corrí a refugiarme junto a una de las oficinas bancarias [hay tres en la placita] y descubrí, mirando una tras otra, que todas estaban cerradas con un aviso en sus cristales: “Vuelvo enseguida”… Un pueblo rico de España que mantiene la sana costumbre de cerrar sus oficinas bancarias a la hora del bocata… Pensé: ‘quiero vivir aquí’.
Al asombro siguieron las gestiones de negocios… gente amable, sesión fotográfica con las damas de las próximas fiestas [empingorotadas como ninfas, pintaditas, con la permanente aún caliente a pesar del fresquillo del día y del viento airado, monísimas por juventud y sugerentes por el tiempo que corre], reunión con el alcalde [amable en grado sumo] y sesión fotográfica incluida con toma tras despacho ceminonónico y recién barnizado, algún que otro cigarrito a hurtadillas y viaje hasta Guijuelo por el asfalto gris salpicado de cárnicas semimonumentales.

En Guijuelo lo mismo, aunque algo más cosmopolita… parecidos contrastes, parecido dinero y exacta decadencia como una nueva estética paralela al exótico mundo ibérico de la pata negra.
Detuvimos el coche y Ricardo se acercó a visitar a un cliente mientras yo deshacía ese vicio de mirar preguntando. Sin más, entre la lluvia, me impactó un edificio de piedra y galerías con la misma ruina que el ‘Cinema’ de Ledrada. Lo miré mansamente [tal como caía la lluvia] y sentí una especie de “…hay esperanza” que me trajo la labrada herrería.
De vuelta a Béjar escampó, como en la vida… y una llamada envuelta en risas de mi Paquito Ortega me puso en el camino de la realidad de mentira, ésa edificada de amigos que esconden el paisaje.
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De Tontopoemas ©... |
Me recuerda al "cinema paradiso", pero me impone, me da miedo, hay en Ledrada otras casas, como la abandonada del veterinario, y otras que se parecen más a la de la galeria de Guijuelo, que me gustan más, antiguas fabricas de jamones mucho más familiares,con más encanto,cerradas a cal y canto,ennegrecidas las paredes con los humos de haber curado a jamones y personas, ennegrecidas como las vidas de quienes las abandonarón para sustituirlas por la frialdad de los nuevos dineros.
ResponderEliminarFelipe: una de las colecciones que publica la Complutense tiene el diseño casi idéntico al de tu poesía completa. Supongo que lo has visto.
ResponderEliminarBesos,
Diego
No lo he visto, Diego. ¿Puedes pasarme nota del libro?
ResponderEliminarGracias, colega... y feliz cambio de casa.... esas piedras seculares que se cambian por cementos.
Beoste a los tuyos.
Felipe: es en todos los títulos de una serie. Por ejemplo, "No pienses en un elefante", de George Lakoff.
ResponderEliminarBesos,
Diego