Ir al contenido principal

Cuando mis hijos duermen...

Cuando mis hijos duermen, yo no sé velar su sueño, pues se me ha caído esa piel protectora que daba seguridad y no me ha crecido una nueva.
Pero los miro, los miro fijamente por las noches, cuando están derrotados, y siento un temor hermoso y lleno de contrastes. Son magníficos y vulnerables, pero van aprendiendo a saberse y a ser por sí mismos… su seguridad me hace sentirme inseguro, su fuerza me llena de debilidad y sus ganas de comerse el mundo entre sonrisas me hace temer como nunca he temido.

Guillermo es abrazable, campeón de la más hermosa de las fantasías y absolutamente vivaz. Dibuja con auténtica vocación y su valor es el blanco impoluto, la divina candidez y el saberse querido. Cuando le observo mientras duerme siempre se me viene a los ojos aquel día cabrón en que una puerta le descolgó la falange de su dedito meñique… la sangre aparatosa, sus gritos incosolables de dolor y mi incapacidad absoluta por evitarle el daño. Aún derramo lágrimas por aquello.
Es como yo era de niño… manejable, bondadoso, infinitamente alegre y muy observador. Me veo en él y me siento en su mirada franca.

Felipe es ya un zangolotino de armas tomar, imparable, exagerado, generoso en extremo, disperso y atento a la vez… Ha crecido fuerte y conoce su encanto [y lo utiliza]. Su ardor vuelve loco a cualquiera y su actividad agota, pero es amor entero y también decepción, una decepción chica que va quemando y que va a quemarle, porque entre sus valores está el de ser un hombre justo y solidario. Le quiero a muerte porque es mi exacto contrapunto, el no imposible, la jarana eterna, el bullicio y la ausencia de silencio. Me harta y me enamora cada dos minutos, me alegra la vida y me la arruina como doce veces cada media hora.
Es mi motor y mi agotamiento entero.

Mª Ángeles ya va por su cuenta… solo alcanzo a verla dormida por las mañanas… y también casi a verla. Es revoltosa aún y tiene ese genio García que tanto me hace reír… Vivaz, inteligente y agotadoramente incostante, puede hacerte reír aunque estés muerto de asco o dar las voces más sonoras del vecindario. Es exactamente como yo era a su edad, soñadora y vaga, de pensamiento utópico y de razón al gusto, encantadora y absolutamente odiosa si se lo propone, amiga y nada.
Verla me hace sentir que ya voy viejo, que he perdido esa fuerza extraordinaria que me hacía vivir intensamente.. y es mi miedo mayor, el de que se me vaya, el de que me olvide y no vuelva, el de que desaparezca como por arte de magia y me deje hundido.
Yo ya no sé velar el sueño de mis hijos, pero mantengo la tensión de que sean felices [con esa cosita del contraste que está entre la risa y el llanto] y el oscuro deseo de verlos manejarse con autonomía, sin necesitarme, sin precisar mi sonrisa de aprobación o mi cara de ogro para recriminarles algo.
Son yo porque decidí hace mucho tiempo que sus vidas fueran el contenido y la razón de la mía… Los quiero… pero casi no sé gestionarlos.
De LECTORAS

Comentarios

  1. Todo muy acertado, retrato del sentimiento de los cincuenta.
    Estamos vivos y bien.
    Así es esta vida.
    Se te quiere.

    ResponderEliminar
  2. buceando por las páginas he llegado hasta aquí.

    alguien en Rivas próximo a mi debido a mi "próxima" te conocía, incluso me mostró un libro tuyo finísimo recuperado de una buena, bonita y poco usual biblioteca de salón.

    por mi parte, saludar a Mª Ángeles, profesora mía allá por los inicios de e.s.o. quién me iba a decir q tantos años después y en una escuela tan distinta a aquella retomaría el francés y de vez en cuando consulto www.rae.es por aquello de la curiosidad lingüistica.

    Jesús G.T.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Por favor, no hables de mí... si acaso, hazlo de ti mismo...

Entradas populares de este blog

NO SEAS NUNCA COMO YO

Casi cinco meses de vida tranquila juntos, Mario. Yo viéndote crecer y adquirir pericias y tú mirándome, a veces perplejo y a veces encantado de verme (porque los abuelos hacemos cosas que no hacen los padres, como sacarte del carrito y achucharte cuando lloras y hay que dejarte tranquilo para que encuentres el sueño).  Casi cinco meses y ya me has llenado de endorfinas (porque el abuelo canilllas blancas es pura química orgánica), me has perfumado de ese olor tuyo a bebé, que es el único que en mi mundo supera al olor del tabaco, y te has hecho centro de todo, pues te veo y me olvido del banco que me tiene medio asesinadito, de los clientes que están esperando en la puerta y hasta de este dolor cabrón que llevo en la rodilla desde hace unas semanas. Y lo mejor, lo mejor de todo, es que, cuando llegas, te miro y sonrío, y tú me devuelves enseguida una sonrisa a medias con hoyuelo  al ladito derecho de tu boca. Entonces te cojo y te achucho, te acerco a mi mejilla y siento ese lazo qu…

Ocho días sin Mario

No sé cómo explicar que el decurso vital me sujeta al espacio que habito, que los proyectos urgentes me requieren al pie del cañón y que el trabajo de mierda que tramito a diario me impide hacer exactamente lo que debiera hacer. Cada día recibo fotos y vídeos de Mario: durmiendo, recién bañado, antes y después de la toma, tumbado como un rey con su pañal como único vestido..., y presiento a mi niño abrigado por sus padres, cuidado hasta el más mínimo detalle; pero me siento mal por no estar allí cada cinco minutos para contemplar su sueño, para asombrarme con cada uno de sus gestos o para colocar uno de mis dedos en su manita y sonreír mientras lo aprisiona levemente.
En todo caso, pienso en que sus padres ahora necesitan espacio, que nadie los moleste, y eso me calma un poquito..., y también me calma el tener muy claro que todo lo que hago también lo hago por Mario, para que algún día sepa que ser humanista es el camino correcto, que trabajar para un futuro con dignidad es un buen pl…

16 días sin Mario

Otra semana más y me deshago mirando tus mohínes por el móvil (hasta whatsapp ya me parece humano), tus sonrisas dormido tomadas con amor por esa atrapasueños que es tu madre, tus bostecitos leves, cada después del baño o la comida, algún abrir de ojos que me hace escudriñar en tu futuro e imaginar que miran a los míos para decirme fijos que son tuyos. A ratos llega gente con regalos que son fruto precioso de amistad y de afecto. Te quieren, Mario, y aún no te conocen (hoy te llegó un chupete, que me encanta, en el que se te nombra 'humanista pequeñito'). Y yo me pongo triste porque no tengo tiempo para estar a tu lado, y luego me contento imaginando todo lo que podrás ser y hacer, tus manos primorosas aprendiendo a entregar y a recibir, tus ojos ávidos dispuestos a mirar con criterio al mundo y a sus cosas, tu posibilidad aún sin estrenar... Sueño que haremos algo juntos y te sentirás grande a mi ladito, que sentirás con ímpetu las ganas de vivir y pondrás en mi frente una di…