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Aborrezco a los tipos con voluntad de poder…

Aborrezco a los tipos con voluntad de poder… los que buscan sometimiento y obediencia por parte de los otros, los que legislan con palabras altisonantes y arbitran la norma sin tener siquiera un ápice de sabiduría en sus neuronas, los que se piensan guía y solo sirven para borricos de caravana. Esos que se instalan en las instituciones para vampirizarnos poniendo carita de dar ejemplo.
Aborrezco a los políticos pequeños y odio a los grandes. ¿Qué carrera es ésa? ¿Cómo se puede demostrar idoneidad para practicarla?
Nuestro mundo humano está preñadito de ellos, hundido por su incapacidad y por la cortedad de su entendimiento… Líderes grandes y pequeños, ladrones a manos llenas que buscan el control de las masas con las más espurias intenciones… me dais asco porque solo conocéis la injusticia y la venganza, y vuestro juego está en modelar desde la debilidad del otro.
Hoy estáis sentados en vuestros sillones, con las piernas abiertas como putas viejas, esperando a que cada segundo caiga otro hombre a vuestros pies para someterlo, para vejarlo. Esperáis su derrota para inflaros como pavos rechonchos. Sentados con una pieza en la mano generáis violencia, convocáis muerte y miseria… y siempre os va bien, os va estupendamente, a pesar de que sois la esencia de la escoria humana y os arrastraríais por una micra más de poder. Alimañas que ganáis destruyendo, yo sé que os espera un tiempo en el que vuestras entrañas se pudrirán al sol, azules como el color de vuestros ojos, y los hijos de las estirpes oprimidas cercenarán vuestros miembros entre carcajadas y colgarán vuestros despojos en las plazas más visitadas.
Llegará un tiempo en el que reinen los justos, y será un tiempo sin misericordia para vosotros.
•••
Jo, hoy estoy apocalíptico… pero estos días me encantan, pues imagino un futuro cercano en el que cada uno tenga lo que se ha trabajado.

GRITANDO EN EL FORO DE LA ONU
Discurso impar de Maiakovski

¡Respetables ujieres de la Tierra,
jamás mis camaradas!
Removiendo sus heces me pregunto:
¿Saben acaso ustedes cómo se vive el hambre?,
¿saben cómo la bala arde en la pierna
o cómo se soporta el desgarro fatal del intestino?,
¿saben cómo es la sed obligatoria
o el terror de un bramido que te entierra entre escombros?,
¿saben en qué lugar deja la incertidumbre la dignidad del pobre?
Les contaré mi tiempo desde los soportales
de una plaza de pueblo.
Siendo nada, miré cómo un regato
alimentaba huertos personales,
cómo el día se llenaba con horas
de trabajo vulgar muy dignamente,
cómo crecía el amor a la par que los hijos
y todo era un pasar de noches sobre días,
de libros y tabernas,
de estaciones, sin más, iterativas.
De algún renglón torcido se me fue la sonrisa
y un clamor extranjero me nació en las entrañas.
Viajé como un poseso
buscando en cada sur el fin del horizonte,
y junto al pasaporte me crecieron preguntas
que no sé contestarme, pero que riego siempre
con duras reflexiones.
En Tanzania vi el agua matando sin cuchillos,
en Camerún el todo que es un puente deshecho,
en Angola los ojos de los niños soldados,
en Honduras la rabia de la naturaleza...
En todos los lugares,
ujieres de la Tierra, jamás mis camaradas,
que me han alimentado de arroz, miseria y dudas,
he compartido risas, terror, espanto y agua,
y un odio lento y sólido a todo su sistema
se ha cocinado adentro como un manjar de rabia.
¡Escuchen el clamor de la algarada
que ha de llegar!, y sientan como hombres
el miedo a la revuelta que ya asoma.
Busquen su dignidad, si es que aún les queda,
y rectifiquen las pesas falsas de su balanza
para que el odio asuma el equilibrio justo
que le toca.
No hagan acopio de armas,
no gasten más esfuerzo en barricadas
de divisas y dólares.
Los pobres no pueden perder más.
No tienen.

*De ‘Con la muerte en los talones’.
© Luis Felipe Comendador



(22:46 horas) Mirando hacia afuera, el año acaba bajo la vergüenza mundial arrojando solo en Irak la cifra aproximada de 650.000 muertos por violencia [los datos los tomo de un estudio realizado por la universidad estadiounidense Johns Hopkins al co0ncretarse tres años de guerra]. Y esto solo en uno de los conflictos que el imperio tiene abiertos en el mundo mundial… y sin entrar en otros en los que el silencio yanki es bastante peor que la intervención.
Da igual, en todo caso, porque una sola muerte por violencia ya sería para bajar la vista llenos de tristeza y de vergüenza.
Si a este sangriento daño por intereses le sumamos los tres millones de personas que se estima que han muerto en el mundo por hambre o sed y los cientos de miles que han caído por enfermedades que tienen cura en Occidente [no olviden ustedes a las multinacionales farmacéuticas, que son, junto con los vampiros del petróleo, los traficantes de armas –incluidos países como el nuestro– y los grandes monopolios económicos, el auténtico mal del mundo]… el saldo es como para encerrarse a llorar de impotencia.
Mi respuesta personal es pobre, muy pobre, pues afecta solo a un senegalés, a un gambiano, a una familia cubana, a una familia salvadoreña, a dos niños de Burkina Faso y, de forma menos intensa, a algunos inmigrantes que alguna vez se dejan caer por aquí [la verdad es que ellos me dan muchísimo más de lo que yo les doy, y eso no me parece justo y hace que me sienta mal]. Siempre intento personalizar mi ayuda para tener la seguridad de que surte el efecto preciso, pues hace algunos años que no me fío demasiado de organizaciones ‘sin ánimo de lucro’ [y menos si tienen un componente religioso]. Con ello logro lavar un poquito mi conciencia [muy poco, es verdad], pero es la única forma en la que puedo concretar mi ayuda [ya me convencí hace tiempo de que con la escritura no se llega más que a sacar alguna lágrima inservible de gente que tiene sensibilidad por oleadas y en fechas concretas].
El mundo está mal, amigos, muy mal. Las fronteras matan, la avaricia asesina, el dinero abandona y hace olvidar… Somos racistas a pesar de que gritamos que no, no compartimos lo que tenemos por pura avaricia, no calibramos nunca la posibilidad de muerte y sí la de ahorro para el consumo, no tenemos ni puta idea de lo que significa la palabra solidaridad [siempre la hemos confundido con ‘caridad’… uno de los conceptos más asquerosos y egoístas traídos por las religiones, pues siempre implica falta de justicia y una flagrante humillación].
No ha sido un año bueno para demasiada gente… y me temo que no ha sido de los peores, pues vendrán otros que harán que éste que acaba sea bueno y todo.

De FUMADORAS

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