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Esperar como una novia

Material fungible para matar mi tiempo:







Esperar como una novia a que algo suceda termina siendo el arte y la literatura para mí. Que algo suceda sin que yo lo motive ni tenga la necesidad de hacerlo, sin que me forme y me vista de campaña para la búsqueda, sin que sistematice mis horas de percepción, sin que le ponga plazos a la palabra ‘entender’ ni límites al sentimiento ‘gozar’. Esperar en cordialidad con el tiempo, aceptándolo. Esperar al estupor en la esquina, junto al portal de siempre, para besarlo en la boca al anochecer. Esperar con pasión, conformando una pequeña mística de la espera. Esperar a que todo se organice y se desorganice ante mis ojos quietos y ávidos. Esperar sin fatiga, sin estar alerta, presintiendo lo abstracto en lo más común. Esperar a que los sucesos se acoplen a mi modelo estético o lo hagan estallar en mil pedazos. Esperar sin que la espera sea profesión… que sea solo actitud. Esperar sin buscar exclusividad en lo que llegue [esperar para compartir, coño]. Esperar sin violencia de gestos y sin actitud de resultados. Esperar, en definitiva, a que todo se modifique solo, porque todo es capaz de vivir al margen y por su cuenta y hemos de tomarlo a sorbos y, siempre, para nuestra satisfacción.
Esperar a que la muerte llegue cuando le dé la gana y no me pille por sorpresa, sin haber sabido esperar lo justo y necesario.
El placer de esperar sin que exista insatisfacción es algo que se debe aprender si se quiere tener la sensación de una vida completa [y es que quien espera no es indiferente].
(12:46 horas) La ironía del virtuoso consiste en engañar a la vida y jugar con ella o jugársela… exigirle siempre una necesidad que termine haciéndose conocimiento…
Estaba en esto cuando recibí una gratísima llamada de José Luis Morante para ponerme un poquito al día de sus cosas, de su vida familiar, de su trabajo con la antología de poesía española contemporánea que está coordinando con Luis Alberto de Cuenca y de la gozosa salida del último número de ‘Prima Littera’ [en la que me idica mi amigo que hay una reseña sobre uno de mis libros]. Un placer siempre hablar con José Luis.

Y a la par me llegaron tres ejemplares de la revista portuguesa ‘Iberografías’ [número 3], que edita el Centro de Estudios Ibéricos, en la que me veo en cubierta, ya que en ella se publica una ponencia que impartí el año pasado en la ciudad de Guarda bajo el título ‘Activismo cultural y social en los márgenes institucionales’, un texto que me satisface mucho ver editado, ya que en él hice un análisis sincero y crudo [también peligroso] de toda la política de subvenciones públicas. Estoy feliz, coño.
(16:57 horas) Escucho a Nina Kinert [‘Through Your Eyes’… gracias, Alberto] mientras leo dos ejemplares de ‘La última Canana de Pancho Villa’ que me ha enviado Juanjo Barral [‘Sus titulares, mis reservas’ y ‘¿Feliz novedad?]… y que me gustaría ser la mano comunista que libera un país atrapado en el espurio fragor de los dólares extranjeros… y luego no ser comunista… ni nada, solo un hombre más. Y que me gustaría mirar el mundo con ojos Chabrol para sacarle el estilo a la miseria. Y que me gustaría rozar una sombra de álamo mientras brotasen por mi boca estos versos de Brodsky:

Cuánto tiempo he andado taconeando por ahí se puede ver en mis talones.
Tampoco se puede sacar la telaraña de mi frente con un dedo.
Mas, lo que es grato en el ruidoso cacareo
es que suena igual que ayer.
Pero un pensamiento negro tampoco puede ser mantenido en su lugar,
como el mechón de cabellos que cae oblicuo de mi frente.
Y ahora no puedo soñar con nada, para existir menos,
para venir y pasar menos a menudo, para no obstruir
el tiempo. La parte pobre de la ciudad a través de la ventana
ofende mi vista, para que a su vez,
memorice al inquilino por su cara y no
por la forma en que piensa, el lado opuesto.
Y dando vueltas en el cuarto como un chamán
enrollo como una madeja de lana
en mí mismo su vacío, para que mi corazón
pueda saber algo de lo que Dios sabe.

* ‘Cuánto tiempo he andado’, de Joseph Brodsky

… y creer que son míos, de mi mano, a pies juntillas… y sonreír como una tarde lo hice en las colinas nítidas de Arusha… y temblar igual que cuando sentí el primer cuerpo desnudo rozando al mío… y marearme mientras la lluvia de Ámsterdam mojaba mi rostro.

Y luego escribir de verdad unos versos para Belén Artuñedo:

[Estos poemas van dedicados para Mily, grande como ninguna gracias al pedazo de madre que tiene.]

Llama a la luz
y ante su vibración
busca el paréntesis
que te ayude a llegar
a controlar tus párpados.

No hay esperanza.

¿Acaso existe el árbol
cuando tú no lo miras?

•••

Las cosas son el aire
que eliminan
y el espacio que no ocuparán nunca

de su aprecio
resultan las pasiones
que te harán, sin saberlo,
esclavo o mártir.

•••

No deciden las horas,
aunque son cómplices
del tedio y la mirada
que no sabe posarse.

El único testigo
es el que vas dejando
en una mano virgen
para que lo padezca.

No te quedan más días
que los que ya has vivido.

•••

Ser lo ya señalado
o ser lo nunca escrito…

¿Qué importa,
si el regreso no es una opción posible?

•••

Huye hacia una tarde
que sepa despeinarte

sin aprender
de ella
más que la luz

no el viento.

•••

Cuando me hables,
siempre,
hazlo del fragor
de los sentidos…

que los golpes me duelen
aunque no los reciba.

* © Luis Felipe Comendador

De FUMADORAS

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