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Volvió la lluvia como los delicados pañuelos de hilo que usaba mi padre.

Volvió la lluvia después de demasiados días a esta ciudad de políticos cartilaginosos e indecentes [una buena riada que se los llevase a casi todos no estaría demasiado mal]. Estoy de mal humor y solo la sensación mojada del día me calma un poquitín.
Béjar es un desastre encantador al que le sobra el cincuenta por ciento de esa gente que la pisa y la escupe, que la mancilla por lo espurio y le añade esa cosa rijosa de los tristes pueblos blandos.
Pero me he prometido que no voy a interesarme por la mierda menor y diaria a partir de ahora, y procuraré no hacerlo.
Prefiero lo turbio de la razón para buscar posibilidades nuevas que la minúscula aberración de los pequeños satrapitas separados del poder por la gente normal, la que pisa la calle a diario… católicos infieles [no a su catolicismo precisamente] enfangados en el puñado de dinero dado por la espalda, esposas de borrachitos menores con el culo regordo de no haber hecho nunca nada más que para sí mismas, coimas de raro standing abujarradas por cierta siglasis quística, meapilas infernales, caraduras de peseta (aún), Mortadelos de diario con un solo disfraz, capones… Prefiero, decía, lo turbio de la razón.
Ser lo que he hecho de mí es mi privilegio y también mi responsabilidad, y saber lo que he hecho de mí es parte del camino que debo recorrer cada día. Y no me ‘resigno’ jamás a ser lo que otros intentan que sea, lo que otros desean que sea [la resignación es para quienes navegan en el hecho religioso, y yo por ahí no paso ni pasaré jamás]. Si me angustio, es angustia de mí lo que siento; si me desespero, es desesperación de mí; si me siento fracasado, es fracaso de mí… y todo ello me hace total responsable de mis actos ante mí y ante el hombre como definición de un grupo que camina a la par.
No soy responsable de mis deseos, eso nunca [de ellos solo soy presa], pero sí de mis hechos como individuo, de mi corta singularidad, de mi no parecerme a los otros.
•••
Volvió la lluvia como los delicados pañuelos de hilo que usaba mi padre en el 74 para sonarse la nariz, volvió como un alfiler de corbata de calamina, volvió como el peine de carey junto al aguamanil de la abuela, volvió como aquellas antiguas antenas de radio que gusaneaban por las paredes irregulares de las casas, volvió como las mañanas de sábado acarreando el cubo de cisco, como el pan de tahona, como el helado de fresa de dos bolas, como el orín de las verjas viejas, como el chorro del caño junto al portal, como el sidecar de don Alfonso, como los vilanos en primavera, volvió como el chiquillo atropellado en la carretera, como las bombas fétidas de los bautizos, como los matasuegras de fin de año… volvió como silbar… la lluvia.

De FUMADORAS

Comentarios

  1. ¡Cómo admiro tu prosa rica!
    Soberbia tu entrada de hoy. La primera parte, y la segunda, más poética, cuando tu mal humor ya había desaparecido para dejar paso al sosiego, traído quizás por el recuerdo de lo cercano-lejano.
    ¡Qué bellos recuerdos me despiertan tus palabras! El aguamanil de la abuela, el olor del pan de tahona, el cubo de cisco...
    También sobre Málaga cae hoy la lluvia y lava sus bueblos blancos.
    Un abrazo

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