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Con 'intención'.


Si expirase, de pronto quedaría mi obra para decir: “solo supo ser joven”.

¡Eh!, viejo F, ¿deliras? Tú siempre estuviste entre los matorrales jugando a ser el depredador y la víctima a la vez, y ahí sigues, sin saber si estás agazapado en una huida estática o al acecho de lo que pase a tu lado. No mientas. Te encantaría producir respuestas fáciles en alguien que tome tus cosas y las considere cuando ya no estés. Eso es puro narcisismo, superficialidad extrema… pero también estás mucho más loco que todo eso, y por ello nunca estarás fuera de combate… ni fuera del combate. Es imposible, viejo F, pero si pudieras hacer una lectura imparcial de tu obra, lo verías todo claro: un tipo con ‘intención’, y eso es todo. Entonces podrías empezar a escribir con autenticidad y dejarías de pavonearte por los escenarios más tristes de los hombres. Es una lástima que te estés desperdiciando así, porque tienes el valor de la crueldad y sabrías evitar la cobardía con tus años.
Ser la rata que entra en la trampa, se come el queso y vuelve a su cubículo tan ufana sin saber si ganó una oportunidad o la perdió. Eso es lo que te gusta ser, viejo F: un joven… exactamente un joven.
•••
A primera hora terminé una carta pendiente que tenía con José Luis Morante, una carta de respuesta a su percepción de extraño cambio en mi poesía última [la dejo aquí para que no se pierda]:

Mi querido amigo José Luis:

He tardado unos días en procesar las palabras que me enviaste sobre mis últimos poemas porque, entre otras cosas, ni yo mismo tengo claro lo que hago ni lo que quiero.
Solo sé decirte que me peleo en una conjunción que contenga estética, sentimientos reales y cierto cambio formal que acompañe al cambio físico/psicológico que estoy sufriendo. Conste de antemano que no quiero justificarme ante tus palabras, sino que quiero afirmarme en mis formas nuevas porque necesito hacerlo.
Me expresaré por apartados, amigo, que voy mayor y el orden mental apenas sabe ya responderme:
1. Sigo viendo la expresión poética como expresión experiencial directa, y percibo netamente su habitáculo en los sentimientos personales [da igual que sean bajos o elevados] y en los trasuntos de vida que me rodean constantemente [la casa, el amor tranquilo y el intranquilo, los pequeños terrores y los absurdos odios diarios, el paso del tiempo en mi pie, la mirada de mis hijos y su proceso de destrucción lento y constante, la mierda exterior…]… y también en las personas que se cruzan en mi vida y me tocan o me dan la espalda. Así, sigo buscando una poesía cercana y plenamente referencial, sin turbiedad en la expresión, pero sí buscadora de matices en la palabra [hace unos pocos años que enredo más en la búsqueda terminológica que capacite más de indicio al poema, y quizás ahí se encuentre una de las causas de tu perplejidad ante mis nuevos poemas].
2. Sí, estoy intentando soltarme del heptasílabo desde hace muchos meses [una labor tremenda y cansada, pues salir de mi ritmo natural es casi ya como salir de casa o de mi estudio… algo para lo que tengo que emplearme con demasiada energía, ya que se ha hecho muy resistente en mí], y quiero hacerlo porque en esa estructura rítmica no encuentro ya la vitalidad que necesito arrimar al poema [es como si, pasados los años, yo siguiese viajando con un Gordini azul celeste… y se me notase esa cosa ‘vintage’ que te deja anclado en un tiempo extrañamente pasado]. Romper esa medida me ayuda a escribir ahora [digo esto porque tú y yo sabemos muy bien que siempre andamos escribiendo el mismo poema, y con esta ruptura formal parece que me animo más a la escritura de mi eterna sensación de palimpsesto].
3. No atino a saber si lo que escribo es bueno o malo, pero sé que es lo que quiero escribir ahora y cómo quiero escribirlo. Y no es cuestión de modas ni medias poéticas, es asunto de soledad [como siempre lo ha sido], una soledad que me pide torcer hacia algún lado.
4. Probablemente no haya fuerza en mis poemas últimos, pero yo me siento ahora más poeta que nunca, a pesar de que ya no busco el rechinar de dientes o la hilarante sensación del chiste inteligente, de que ya no puedo ser pedante [porque no tengo con qué serlo], de que ya no soy poseedor de esos efectos teatrales que tanto le sumaron a mi pose poética en otro tiempo. Ahora sé exactamente lo que quiero decir [pocas veces coincide con lo que debo decir, claro] y también tengo bastante claro cómo debo decirlo [me refiero a la forma y al mágico sentido de las palabras]. En todo esto he madurado bastante durante los últimos años, sobre todo he aprendido que no hay que impostar la voz ni el gesto [si estás hundido hay que escribir hundido, y si estás deliciosamente pletórico hay que trabajar en esa plétora], y en esto tiene mucho que ver mi cambio formal y mi decisión de cambio rítmico. Y sé que no es buena mi producción última, pero junto a ello sé que es auténtica, que responde exactamente a mis percepciones, sin máscaras y sin decoraciones absurdas y desubicadas. Mi obra, así, parte de mí y llega a mí [que es lo que más me interesa ahora], y ese proceso me resulta tan natural y tan bien trabado, que me importa un pimiento cómo crezca o se ahogue en el receptor [del que últimamente paso sin aspavientos]. El exterior viene a mí y yo no voy a él ni le busco [ya ves que tan pronto aparezco como un ‘poeta underground’, sin saber qué es eso, como se me incluye en la más clara tradición de la experiencia, sin saber claramente de qué va el marrón], y eso te consta, aunque a los demás les parezca todo lo contrario, pues sabes que hace años que paso de esa cainita lucha por 'estar' que se libra en cualquier esquina y en la que se utilizan todas las armas posibles.
5. No me gustan mis poemas, entre otras cosas, porque no me completan [eso aún no logro conseguirlo], pero me gustan mucho menos los de muchos poetas que sí ‘están’ para las mieles de las asquerosas bocas críticas de los medios de masas. Ya voy muy mayor para estas cosas, amigo Morante; y si me quieren, me dejo querer aunque tuerza el gesto… y si me odian, me dejo odiar mientras sonrío.

Sé que lo nuestro [lo que hicimos juntos y lo que hacemos cada uno por nuestra cuenta] fue siempre verdad y seguirá siéndolo, que nadie podrá apartarnos de la ruta porque no buscamos nada que no tengamos ya, que nuestro proceso es hermosamente positivo porque está en nuestra soledad, parte de ella y en ella termina… y luego la hermosa amistad que nos ha traído, una amistad olímpica que no tiene nada que ver con la superficialidad de los premios y las ediciones, de los favores y de todas las humillaciones posibles.
Seguiré escribiendo y anotaré tus palabras en mi cabeza para aprehenderme mejor en cada nuevo verso… y te esperaré siempre con la mesa dispuesta y mil abrazos pendientes, porque te necesito tanto como a mí mismo.

Un abrazo de peso pesado en franca decadencia.

Luis.

* Acuse de recibo: Me llega esta mañana "De ceniza mis días", del colega Enrique Villagrasa, editado por Corona del Sur. Gracias, Enrique.

Comentarios

  1. Estupenda la carta. Está escrita con la letra de un artista maduro y honesto (aunque no me gusta esta palabreja). ¿Ves como los 50 no sólo traen achaques? El placer de crear sólo porque sí, porque lo necesitas, porque te divierte, sin buscar nada... eso es sabiduría, amigo, y se adquiere con los años.
    Un abrazote.
    Guadalupe.

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