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Los malos días tiene sabor a bilis.


Los malos días tienen sabor a bilis y te dejan los labios resecos y agrietados como un planeta muerto. Nadie se compadece cuando uno está árido y hay que poner distancia y buscar soledad con la que ser sin más la piltrafa segura, los huesos ciertos, la carne dolorosa.
Y es que odio con saña la semanasanta con su doble moral, con su gente de fuera usurpando el espacio que ocupo cada día, con sus coches frenéticos, con sus santas compañas y su sangre de plástico… odio que mis lugares los ocupen zorolos estos días, pijos de golf y gafas, viejas de vela y velo, guiris de sorry y güisqui, viudas de pega y perro, santeritos blazier, capillitas bemeuves, salesianos inciertos, meapilas, lloronas, calzonazos, pellejos, damotas repintadas con pieles de becerro, curitas sin sotana y blancos alzacuellos, mamarrachos morados, cucuruchos siniestros, esquiadores lusos, constructores chulescos, gargantúas del norte, fantoches de Guijuelo, chulitos madrileños, cacatúas, pendejos, mochileros de mierda, bejarahuis…
Ayer vi cómo metían un cordero con cinta roja al cuello en el maletero de un coche. El animal balaba asustadísimo y luchaba por huir… en sus ojos se leía un terror indescriptible. La gente sonreía alrededor. “Va para el Tálamo”, gritó Mateo [una subasta tradicional con la se obtienen fondos para sufragar alguna procesión católica]. Lo agarraron de mala manera y cerraron el portón de su último viaje. Ahí se me empezó a poner la mala hostia que tengo, viendo cómo reían, cómo hacían recreo de una situación trágica, cómo se mofaban del miedo de un ser vivo indefenso al que esperaba la muerte segura.
Seguimos siendo una sociedad de salvajes que pronuncia el nombre de Dios buscando el sacrificio y esperando la sangre, animales carnívoros, teófagos impenitentes, bestias sin piedad alguna vestidas de moralina y costumbres infames. Celebramos la muerte violenta con teatro y buscamos el terror en los ojos ajenos para sentirnos bien, seguimos en los ritos más trágicos heredados del hombre más sucio y hacemos de ello fiesta y solaz.
No me gusta este mundo humano, no me gusta nada, me pone triste, me enfada, me lleva a buscar soledad y a desear desaparecer y no dejar rastro.
Y luego ese piporro entrado en años, de procedencia humilde, que logró hacerse un día con un empleo de funcionario y compró coche, casa y segunda vivienda en la costa… ése que era de la izquierda radical cuando sus veinte primaveras y ahora vota a la derecha porque tiene mucho que conservar y poco que compartir [maldita generación que traiciona la memoria cercana de los suyos]… ése que me dice en el bar, con un cubata caro entre las manos, que… “hay que poner orden en las cosas porque la inmigración nos va a comer el terreno; se están haciendo los dueños de España y al final acabaremos todos hablando árabe y adorando a Alá…”. ¡¡¡Maldito!!! Y continúa… “Son majos tus negritos, pero el resto son delincuentes por lo general, sobre todo los marroquíes; la violencia de género viene fundamentalmente de ellos… Hay que cerrar las fronteras a esa gente y hacer que nuestra hospitalidad esté bien avalada por papeles muy estudiados…”. ¿Hospitalidad…? ¿Tú, que aprovechas cada día su petróleo, su madera, los minerales de sus tierras desvirgadas por occidente, que te comes los manjares que ellos producen en condiciones de esclavitud, de hambre y de miseria; que usas con absurdo orgullo de nuevo rico los productos de marca manufacturados por sus hijos pequeños [que no pueden ir a la escuela y trabajan doce horas diarias en las más precarias e indignas condiciones]… hablas de ‘hospitalidad’?… ¿Tú, que sabes que tus padres tuvieron que irse a mendigar a Europa en el sesenta y cinco para poder sacarte adelante…? Y aquí, justo en este punto de mi perorata inquisitiva y cabrona, soltó su cubata [que estaba a medias], pagó las consumiciones con un billete de cincuenta euros y me dijo que se le hacía tarde para ir a la procesión del día, que tenía que ir hasta la casa de su hermana para ponerse el hábito morado con su capuchón y aferrarse a la cruz negra de madera que le serviría de apoyo en su teatro callejero… Me dejó con la palabra en la boca mientras me decía agarrado ya a la puerta del bar: “Saluda a tus negritos de mi parte, que son tan majos… Un día de estos te envío ropa para ellos.”.
A la mierda. Métete tu ropa por donde mejor te quepa.

Comentarios

  1. Asonante, chocante, disonante, discordante, extravagante, chirriante, delirante. Pero fulgurante, fulminante, brillante, vibrante, rutilante, rabelaisante, rimbaudante ... ACOJONANTE.

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  2. Bonito verte por aquí, amigo Jesús.

    Un abrazote para ti y otro para Sinda.

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  3. Aunque he aparecido hoy, por ahí ando todos los dias.
    Otro abrazo para todos.

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  4. Pues sí, el slogan de esta época es: "Apadrina sus hijos, rechaza a sus padres"

    Prefiero el individuo sustantivo, singular, pronombre donde los halla, infinitivo a ser posible y sin género de dudas para ser más exacto. Y si padece de vértigo mejor, así no se anda por las ramas.

    urahdal

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  5. Un d�a te dije que tus partos eran raros de c...... Esta vez tu alumbramiento extra�o me sirve para desenmara�ar un nudo de tambores y carracas (no s� que pintan las carracas) que tengo en el est�mago. Tus palabras amainan el dolor, por comprendido, pero me queda el asco y el amargor del v�mito no echado.
    Una pregunta est�pida, como todas: �Por qu� hay mas gentes desfilando con h�bitos y capirotes que feligreses en la misa de los domingos? me lo pregunto desde ni�a, oiga.
    Marina (lo bueno, las vacances)

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  6. Hoy has estado sembrado....como siempre....pero hoy más.

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