Ir al contenido principal

Pulsión mirando unas esculturas de Alberto Hernández.


No es nada el Arte [y es nada], pero sí el pensamiento cabalgando una idea, la pulsión por hacer, la mancha puesta o la palabra arrimada a otra palabra, el dedo en el teclado con la mirada llena de una lucidez mórbida [como la del que se queda dormido en las esquinas sin querer]. El Arte no es el cuadro, la pieza en su volumen ni el poema, porque el Arte no existe, existe el ser individual que se la juega a un trazo o a un decir sin querer trascender y trascendiendo; existen la mirada distinta y la otra voz, el recoger un sentimiento huido y doblegarlo, el meter el dedo en la herida y sentir cómo late…
Divagar con color y con violencia –no soy fauvista–, deducir el concepto geométrico de una forma con curvas y con oscuras simas sinuosas –no soy cubista–, ser espontaneidad y voluble desintegración –no soy superrealista ni de coña–, practicar un estilo rudimentario –no soy tan tonto como pudiera parecer– y nunca separarme de lo real –pero buscar en todo momento la sugestión poética.
Hay que ser arbitrario y esquemático para alcanzar cierto nivel poético, aunque el Arte no es nada [y es nada], pero no ser concreto ni atontadamente indefinido, ni alardear aunque puedas… y que todo quede en una eterna fase de prueba, que todo quede con cierto resto de torpeza voluptuosa y que falte decoración y, sobre todo, culpa; que sea perecedero y tentador, y que parezca involuntario y sea convincente.
Y luego –y antes– debe haber un ímpetu de preferir, un saber qué te agrada y qué te deja frío. Y luego –y antes– debe sufrirse un empecinamiento ardoroso por hacer, solo por hacer. Y luego –y antes– un par de zozobras. Y luego –y antes– buscar actualidad en lo ya hecho. Y luego –y antes– buscar intranquilidad y asimilarla. Y luego –y antes– hacer que lo fogoso te sonroje. Y luego –y antes– ser el más tendencioso ante lo tuyo, y también el más fiero detractor. Y luego –y antes– obstinarse en cualquier descreimiento. Y luego –y antes– matar sin miedo todo el resto intelectual que te posea. Y luego –y antes– aprender a mostrarte indiferente.
Nada es el Arte, nada, pero jugando a él podrás ver cómo en ti florecen mil personalidades, y que eres estéticamente promiscuo y hasta contienes cierta pederastia por los trazos y las ideas infantiles; que hay un yo petulante que rezuma una esfera donde debiera haber una mancha informe, que hay desprecio y carcajadas, renuncia y mierda, suficiencia y repliegue, ocurrencia y preguntas… los demás sublimarán o se partirán el culo de la risa, pero eso ya no importa.

Comentarios

  1. "Cada emoción tiene su voz y su respiración"
    (no recuerdo quién lo dijo)

    Dnc

    ResponderEliminar
  2. Me encanta cuando te pones a reflexionar sobre el arte y la escritura.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  3. ¡Casi "ná"!. Con razón sois tan pocos los artistas.

    ResponderEliminar
  4. Los síntomas son algo de insomnio, estreñimiento, irritabilidad. Pero no siempre. Y mucho divagar para dar con la diana por tanteo. Pero no siempre.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Por favor, no hables de mí... si acaso, hazlo de ti mismo...

Entradas populares de este blog

COMENDADOR

A LAS PUERTAS DEL CIELO
Aún quedan las carcasas de las fábricas como memoria de aquel constante trasiego que procuraba poder a los fascistas y la escueta comida del día a los obreros. Están rojas de óxido en toda su ferralla y una vegetación devoradora hace justicia en cada hueco. Son los restos de lo que ha de venir y lo que fue.
Mamá, el lotero me llama alemán.Porque eres rubio, hijo.Mamá, la abuela me dice que nunca hable con el lotero, pero es que siempre me da caramelos y me llama alemán.Que no me entere yo de que vuelves a coger un caramelo de ese hombre. Obedece a la abuela.Mamá, es que me dice que yo sería un buen torero, que si sigo jugando con el estoque, un día me llevará a un tentadero.Ese hijo de puta… fue uno de los que denunciaron a tu abuelo.¿Qué hago entonces, mamá?Cuando le veas, sal corriendo.
Aún quedan algunos tejados viejos en la calle Libertad, sus tejas rojas sostienen la vida de algún gato y mantienen el recuerdo vivo de los hombres que huían desde los desvanes p…

Caidino...

Estoy lento y como gatinín con este calor bestia que cae sobre mí como una losa, y con tanto por hacer y en diferentes campos. Ahora que necesitaría multiplicarme, estoy dividido y hasta restado. SBQ necesitaría ahora de todas mis fuerzas de invierno (tenemos un agujero grande que tapar y no soy capaz de tomar aire). Intento mercadillos, lecturas, talleres, ventas de materiales chulos, sorteos…, pero nada funciona. Es como si al quedarme desactivado yo, se hubiera desactivado todo, pero no sé de dónde sacar la energía que necesito como el aire de respirar, no sé cómo tramitar esta abulia sobrevenida. En Perú la gente tiene sed, hay pendientes entregas necesarias de materiales, de carritos…, y he dejado un proyecto a medias que hace que me sienta culpable por ratitos. Es este jodido calor y que la gente aquí ya no puede más, porque está agotada por los miserables del dinero. A ello se suma el golpe constante en el trabajo, el ramillete de deudas con sus apremios y el vacío inabarcable…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías… y ese ser ‘la razón’ le gusta mucho al que viaja a velocidad en los cómodos asientos de sus vagones, viendo pasar el paisaje por las ventanillas, pero solivianta al que perdió el billete, al que nunca tuvo para comprarlo y, sobre todo, al que busca lugares a los que ir y a los que el tren no llegará jamás, porque no hay vías ni estaciones. Así visto el trasunto humano, la libertad del que está en el sistema (el tren) viene siempre marcada por unas fronteras nítidas que, precisamente, amordazan esa libertad… o sigues las vías con tu billete en regla o te bajas del tren y corres el peligro de ser arrollado si quieres volver a subirte en él mientras no detenga su marcha. Me sucede con frecuencia que tengo ideas nítidas en mi cabeza, ideas que se muestran preclaras y estructuradas en mi mente y que, cuando intento compartirlas, me resulta muy difícil hacerlas llegar a mi interlocutor con la …