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Pasear la ciudad en gabardina.

Salir a la ciudad en gabardina y con un panamá cubriendo mi cabeza, poner mirada Humphrey y encenderme un cigarro mientras miro cómo sucede el día sobre el cuadro cambiante con estética de Eduardo Arroyo que es Béjar hoy en mis ojos. Salir así al calor sofocante que está hecho de intemperie y buscar asentimiento en mis ojos para lo que trajina en mi cabeza.
El mar de coches encrespa su oleaje y hay bandera roja en las aceras junto a un miedo de ancianos que embarga y acojona. Y dormí solo en casa, porque es ya todo barro y gilipolleces, porque no existe opción para los tipos de mediana edad, como yo; porque tengo tres hijos medio abandonados a su suerte y un trabajo delicioso con una economía cabrona que me hunde, y un suegro de papel carbón que ‘necesita’ atención constante… ¡Vaya!, me fui del tema, lo siento.
Salir a la ciudad y verla como un vientre, recién nacida y muerta, bulliciosa y sin un idioma posible, veraz en las esquinas con sombra y profundamente falsa en la luz. Y dibujo un énfasis en la pared de una casa nueva con mi spray de pintura: “Orina en todos los símbolos del mundo, miserable”, y me doy cuenta de que en la ciudad también hay páginas, páginas escritas y páginas por escribir… y, sobre todo, páginas que pasar.
Y de pronto me topé con la lunática, de frente. Me miró a los ojos y me enseño su zapato derecho [lo llevaba vendado con gasa y se quejaba de él: “Este zapato austral tiene dolores muy fuertes en la lengüeta… hay que ir al ambulatorio… llama a un médico… ¡Llama a un médico, coño!… ¡Llamaaaaaa!”]. Intenté hacerle un quiebro para seguir mi camino, pero me cerró el paso: “ja, ja, ja, ja… eres feo, el más feo de toda tu familia; más feo que tu abuelo y que tu padre, y te voy a poner una póliza en el culo… ja, ja, ja, ja… Mira a ése, es un perro, pero él no lo sabe….!”. Y decidí sentarme en el portal de al lado hasta que se agotase.
No lo hizo, y huí.
Salir a la ciudad en gabardina y sentirse espiral entre la gente, y mirarse en el vidrio de una botella rota y ver en él todo el Universo entero como una displicencia.
Salir a la ciudad en gabardina… y desnudarse luego.










Comentarios

  1. Desde el jueves sin vitamina...
    joer, me pongo una cintita negra en los ojos (para que nadie me reconozca en la foto), doy un paso al frente y lo digo en voz alta (dicen que eso ayuda al enfermo): Sí, SOY ADICTA AL LFC, y hoy me esnifé con verdadera ansia unas rayitas cargadas de palabras inquietas, y las tomé igual que si devorase un cocidito de mi madre, o si bebiese un gazpachito fresco con to la calor del mediodía...
    Vale, ya lo dije y ahora qué? porque resulta que yo no siento nada extraño: sigo queriendo másssssssss (esto no tiene cura?)
    Un besazo
    Dnc

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  2. Cuantas vitaminadictas-os somos?.

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