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Sabías que llegaría el día, viejo.


Sabías que llegaría el día, viejo, en que alguien te robaría tus históricas gafas Ray-Ban y tendrías que ir pensando en cambiar de imagen, y eso que fue de la mejor forma imaginada, aguardando a pillar una birra de litro en la cola del bareto cagón montado en el concierto de Bob Dylan. Te robaron uno de tus objetos más preciados cuando estabas cerquita del mito, pero no caíste en la cuenta hasta ayer, que las necesitaste como el comer por el exceso de luz del día. Y zas, fue decirlo y tu gente te pilló sin respirar unas lunettes de soleil de la misma marca, pero con cierto toque road movie que te da un punto algo más freaky… y que con ellas te embolsaste en tu camiseta “Bob Dylan & his Band lives european summer tour 2008” [regalito de Adrián] y saliste como un viejo rockero a patear las calles, a tomarlas casí desde la nueva mirada.
Así no pareces tan mayor, viejo F., ni tan antiguo.
Te despediste de los cernícalos, que prosperan a pasos grandes y andan perdiendo el plumón, y silbaste ‘Just like a woman’ [“Nadie siente dolor esta noche, y yo espero bajo la lluvia. Todos saben que mi chica tiene un vestido nuevo, pero los lazos han caído de sus cabellos. Ella aguanta como una mujer, hace el amor como una mujer, sufre como una mujer… pero se echa a llorar como una niña… … estaba lloviendo y yo estaba muerto de sed, y entré aquí, pero está claro que no encajo… … es hora de que lo dejemos… … si nos encontramos de nuevo no finjas que me conociste cuando estaba hambriento y era tu mundo… … Engañas como una mujer, haces el amor como una mujer y sufres como una mujer… pero te echas a llorar como una niña.”] y te dejaste en la calle medio día como una balada vieja.
Quizás quieras un motel oscuro de carretera donde una mujer te espere ardiendo, más que el día, para ser media hora de gloria compartida y una noche entera de alcohol y pensamientos extraños. Quizás quieras perderte entre el humo vomitado de una boca carmín o echarte a dormir en unos ojos lánguidos…
Tus gafas te hacen otro sin que tú lo quieras, llevan tu voluntad en sus cristales ahumados, te hacen ver sin reflejos lo que quizás no llegue ni aun buscándolo.


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