
Después de la mañana trabajando de un tirón en la revista de fiestas de Ledrada, llegué a casa y caí en picado… todo empezó a dar vueltas a mi alrededor y apenas podía sostenerme de pie… y siguieron vómitos y un agotamiento que me dejó tirado en el sofá hasta pasadas las siete de la tarde. Y todo debido a los pocos excesos que me permito: un sábado de boda y un domingo con comida y cena familiar. El cuerpo avisa.
A eso de las nueve me vine arriba y, ayudado por un par de piezas de fruta fresquita, he podido medio arrastrarme hasta esta necesidad de contar mis días que me puede con una fuerza explosiva.
Hoy solo diré que sentirme mal también consigue hacerme sentir bien, porque adoro el contraste y soy consciente de que solo en él puedo sentir el pulso de los días.
Mañana quizás pueda extenderme algo más, que ahora se me va la pelota.

Espero que te pongas bien, machote.
ResponderEliminarAhora: que panzá de reír con el post, me descojono con tus cosas, de verdad.
Pues lo siento (o me alegro, por lo del contraste). Si es que ya no estamos para excesos...
ResponderEliminarCuídate, Felipón.
ResponderEliminarBesos,
Diego
No, si al final voy a tener que creer en eso de los horóscopos (ayer me lo pasé en la cama)
ResponderEliminarPonte wenoo andaaaaa!!!
Muacc
Dnc