
Una de las personas más lúcidas que conozco [que está ideológicamente justo enfrente de mí, aunque eso no le resta nada al alto respeto y al aprecio que le guardo], Antonio Grande, me preguntó ayer en el tanatorio: “¿Felipe, cómo puede racionalizarse esto? Te lo pregunta a ti, a ver si desde otra sensibilidad hay respuestas que me sean útiles”. Y me dejó pensando toda la noche, enredando en su pregunta y en aquella otra que me espetó Cipriano a las siete de la tarde mientras nos abrazábamos: “Siempre he trabajado por los demás, Felipe… ¿por qué tiene que sucederme esto a mí?”.
Y llego sin más a la conclusión neta de que todo es cuestión de perspectivas y de valientes tomas de decisiones ante los hechos consumados.
Entiendo, amigo Antonio, que desde la mirada del creyente no amparado en esa fe de bueyes sin mirada lateral, estos sucesos trágicos, estos golpes durísimos aportan ‘dudas’, que conforman la mayor enfermedad de los creyentes. Una persona religiosa de medio tono que recibe un golpe como el de nuestro común amigo, termina sufriendo el doble por esa duda de Dios sumada al dolor insoportable [suele ser más fácil –no demasiado– aceptar la muerte trágica para quien en su ideario comprende el mundo en transformación entre el caos y el orden, para quien somete la vida y sus azares al uso racional, y no espera sino ‘hacer’ en vida porque entiende que la muerte es final y basta].
Desde mi sensibilidad, amigo Antonio, esta desaparición es una putada contra la que hay que luchar para que no se convierta en derrota, contra la que hay que utilizar el vitalismo más encendido para sobreponerse y volver al tajo de ‘hacer’ y al oficio de ‘seguir’. A esta jodida prueba hay que ponerle fuerza y proyectos nuevos e increíbles que colmen las vidas que nos rozan y aún están en proceso.
El problema, Antonio, no es tanto procesar el suceso como conjugar el verbo ‘continuar’ en parámetros absolutamente positivos y entusiastas. Hundirse en estas circunstancias resultaría ser un vencido, y ampararse en un Dios supondría una claudicación poco razonable. Quizás, Antonio, en este proceso de sobreponerse haga falta mucha adrenalina y algunos empujones exteriores, pero considero que es la mejor forma de salir adelante: tirarse al mundo de cabeza con todas las consecuencias y con el encono de los que todavía tienen algo que perder… pero también que ganar.
Sigo desolado con lo de Amable y no sé razonar ahora con la calma que pide el asunto. Imagino el dolor de Cipriano y Marisol y quedo absolutamente decaído.
No es justo, coño.
La vidas es azar.
ResponderEliminarY es una suerte que hayáis podido compartir la vuestra con tanta importancia, con intensidad, por tanto tiempo sin temor a su lado.
La muerte no es azar, siempre está ahí, desde que nacemos.
Algo ha de quedar después de tanto dolor, porque si no, no me explico la supervivencia humana a día de hoy.Esas irrefrenables ganas de seguir jugando al azar de la vida cuando la vida resulta al mismo tiempo tan azarosa.
Sólo tengo palabras, amigo.
Mucho ánimo.
Procesar el suceso es duro no viene con libro de instrucciones, conjugar el verbo "continuar" no tiene más remedio que aceptarse, y como "bien dices" de manera positiva, es subsistir y no claudicar,ampararse en un Dios es agarrarse a un clavo ardiendo en la caída, es decisión personal, lo que más ayuda en estos casos son los empujones exteriores, compartir dolor, pero al final todo el mundo huye de esta situación, la vida no esta diseñada para la tristeza sino para vivir y soportar, y estoy totalmente de acuerdo contigo en que hay que tirarse al mundo con todas las consecuencias y seguir luchando, es la única manera que conozco de vencer la muerte.
ResponderEliminarSé que es una falta de respeto meterse en conversaciones ajenas, pero si D. Antonio y tú me permitís...
ResponderEliminarTienes toda la razón en que hay que ponerle fuerza y proyectos, pero, cómo se hace eso cuando no hay ganas, ILUSIÓN, por nada? cómo negar a otra persona el derecho a esconder su cabeza como un avestruz (por mucha impotencia que eso nos produzca)? Cada persona es una reacción, quizá porque unos tienen el instinto de supervivencia más desarrollado que otros. El mejor antídoto es el tiempo, el tiempo da esa perspectiva que tú bien dices y ayuda a convivir con el dolor crónico.
Sobre la convicción religiosa, en un principio se aturden, pero después se aferran de nuevo a ella. El otro día hablando con una de mis primas, me soltó una frase que me dejó flipada: "Somos grandes pq Dios está en nosotros", ea, y se quedó tan pichi. A mí me sonó a secta pero sé que a ella le aporta la ayuda que necesita, y si yo no puedo solucionarle la papeleta, quién soy para intentar quitarle la esperanza?.
Ufff me explayé, menuda perorata te solté!! no lo publiques, que es un rollo.
Perdóname hermoso, en compensación te dejo descansar de mí unos poquitos días.
Un besazo y cuídate mucho "colegui".
Anonimo dijo:
ResponderEliminarComo me gustaría ver ese vitalismo del que hablas en la entrada y que tiene que arremeter contra esa desidia del destino que se ha cruzado en el hijo de cipriano, haciendo claudicar ese pesimismo que dejas ver muchas veces en tus entrada, para que vuelva a salir de de ti esa fuerza que con veinte años te empujo a hacer locuras bajo el optimismo.
Suerte
El abrazo y la solidaridad para Cipri y su familia ante todo.
ResponderEliminarSegundo:Responsabilidades politicas;que han hecho nuestros politicos, diputados, senadores, procuradores, diputados pronviciales(todos ellos tienen nombre y apellidos etc...)para que tuviesemos autovia/autopista hace 20 años.¿Cuantas muertes hubiesemos evitado...? Como siempre el poder politico insensible a la realidad de los ciudadanos....Tranquilos que ninguno estara abochornado, dejara el coche oficial, la alfonbra, la secretaria de buen ver etc... en 48 horas no nos acordaremos de nada, como siempre pan, futbol, gambas etc... los problemas reales son de otro nivel.
Reitero el abrazo al compañero CIPRI´,y al resto el desprecio ABSOLUTO, como casi siempre.
Desde nuestra página también hemos dedicado unas breves palabras a Cipri. Estoy con Donce: reivindico el derecho a esconder la cabeza, a llorar, a pedir tiempo de silencio y soledad, a sufrir, a no entender nada. No hay que ser héroes ni buscar explicación a todo.
ResponderEliminarMás abrazos.