
“Por fin he cargado un horno. Después de estar toda la mañana intentando conseguir que me facilitaran un horno para hacer una precocción a 900º C, me cedieron uno que está tan viejo que ni ellos mismos lo utilizan. Cargarlo fue una aventura en la que participamos varias personas, pues las placas no entraban y tuvimos que ingeniárnoslas para colocarlas en diagonal, con el riesgo que eso supone, sobre todo cuando el barro está seco, pero no cocido. La situación era surrealista: una fábrica llena de hornos y la imposibilidad de utilizarlos. Cada sección de hornos tiene un encargado al que hay que convencer, a veces lo consigues, pero llegada la hora de la verdad te cuenta un cuento ‘chino’ y utiliza cualquier absurda excusa para que tengas que desistir. La historia se repite una y otra vez. Supongo que hoy cocerán, ya veremos. Por la noche, nueva excursión a Fuping. Descubrimos nuevos lugares y nos dejamos timar en un par de locales. Pagamos precios europeos, nos reímos de nosotros mismos y pasamos un buen rato.”














CRÓNICA VIJARRENSE PARA A.H.
Fue hermoso escuchar a Elliott Murphy y a Olivier Durand en la Plaza de Santa Teresa, y más porque lo hice junto a mis amigos Gerardo y Pepe Servando [incluidas familias completas] y con mi Guillermote durmiéndose mientras aplaudía [la mismita descojonación mi niño]. Elliott estuvo generoso y nos ofreció una sesión que empezó a las once justitas de la noche con cuatro gatos y acabó a las dos menos cuarto de la madrugada con la plaza llena a rebosar y pidiéndole más con gritos y palmas [hay que agradecerle de nuevo a Miguelón que nos propicie estos ratillos tan especiales]. Después charlamos un poquitín, ya de vuelta a casa, y descubrí que los hijos de Pepe Servando son de puntita afilada y anotación meticulosa. Me contaron entre risas que a su padre le molesta un grupo de palomas que hace ruidos en el tejado y ha decidido hacerlas emigrar; para ello graba sonidos que extrae de internet [los críos se descojonan en este punto, pues Pepe busca en Google sonidos bajo títulos parecidos a ‘aullidos de lobo moribundo’ y similares] y se los pone a todo volumen a las palomas, que persisten en su lugar de reposo y gorjeo. Pepe dice que hay dos palomas que deben ser sordas, y Gerardo le sugiere que les haga los aullidos por señas… dos familias estupendas, Halarberito, las de mis colegas de niñez y adolescencia. Esta mañana quedamos para tomar unas cañitas y pasamos un buen rato recordando viejos tiempos y poniéndonos al día de los nuevos.
Y, albricias, ya tengo mi cochecito nuevo entre las manos, pero no lo sé conducir, porque es de cambio automático y me hago la picha un lío pisando el freno como si fuera el embrague. Estoy contentito, periquín, y ahora me voy a hacer un rallie para ver si le cojo el tono a la máquina.
Hace días que no veo a tu padre, pero también hace días que no veo a mi madre, por lo que debe ser algo normal.
Besines.
* NOTA: justo al terminar este párrafo, me quedé si tabaco y subí a comprarlo a PdT, y allí estaba Agustín con sus colegas. Le hice una foto para ti.






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De esta situación me han nacido las sombras que soy y se vienen apagando las luces que contuve alguna vez… y también, como mal síntoma, llega la confusión, de la que nace este no saber quién soy debido a esa memoria inventada de todas mis sombras.
Sin embargo, es algo que presiento, hay cierta frontera entre mi multiplicidad en la que duerme algo mágico y sereno, un lugar donde la leche podría manar de los senos más bellos y el algodón ser piel.
Soy de vinagre porque me disminuyo al multiplicarme, pero también soy de la desmesura blanda que contienen los ríos cuando salen azarosos de sus cauces. Soy techo y ventana de mi cuerpo, pero temo al ladrido de los perros con horario y cartera. Soy cortina en los ojos y persiana en las breves agujas de la sien.
Si me aman, lloro; si me precisan huerto, me multiplico en surcos como una alfombra persa; si me nombra, domino el pulso y lo llevo al cero absoluto; si me dan tregua, pienso en lechuzas blancas con los ojos cegados por la luz de los coches; si me atropellan, juego a no fallecer; si me hacen silencio, como nueces e insectos; si me molestan, me desnudo y asomo hipócrita y ventrílocuo.
Sobórname si me vieras esperando en la esquina como un sicario, piensa en las cifras y te diré enseguida si debes seguir con el próximo paso o debes detenerte, porque yo sé las fórmulas del humo y las bobinas de hilo blanco, y me haré transparente para ser tu cansancio, tu estupidez, tu perro.
Soy un hombre vulgar que mastica calambres y orina en los tapices, que se anonada ante una nube blanca y pequeña, que sabe que en el límite es todo demasiado y no hace falta ponerse a orar con miedo [mejor es coger ramitos apretados de trifolium y morderlos con rabia]. Sí, soy un hombre vulgar que se siente perfecto por las tardes, después de la merienda, y que asume su muerte con intención de nada.
Búscame en la alambrada y te diré con pausa a qué sabe el frío de la cripta.

Gracias por la foto paterna y por todo lo demás.Sabes que no me gusta permanecer demasiado tiempo en casa ajena, pero tu me dejas el ático que tiene escalera independiente, y me ofreces la posibilidad de no tener que saludar a cada instante.
ResponderEliminarEs muy tarde y mañana me voy temprano a un nuevo territorio. Estaré callado, pero haré setecietas veinte fotos.
alberto h.
Presientes lo que provocas, algo mágico, sentimiento puro compartido, multiplicado por mil,cuando haces entradas como estas, ayudándonos a soñar.
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