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Estudio en ele [un dibujo de hoy].


20 de abril de 2009
Hoy le enseñé a mi amigo Joselín una forma estupenda de sacarse la tensión acumulada, un método que practico desde hace años. Le llevé desde la imprenta hasta la Plaza Mayor, pero antes le indiqué que debía leer en alto cada una de las pintadas que viera en puertas y paredes. Iniciamos nuestro camino y Joselín comenzó con la perorata... “puta... puta... polla... hijoputa... manolo cabrón... puta... puta... pito... M puta puta... chocho... puta L... Manu es novio de la Lore... puta... puto... putita Soni... Arriba España... puta disponible...”. Acabamos descojonaditos de risa frente al ayuntamiento y mi amigo me dijo que de inmediato que se le había pasado el mal rollo y que repetiría la experiencia [se lo recomiendo a cualquiera que esté estresado... y si se hace en compañía, termina siendo de lo más divertido].
Luego pinté, pero en otro tono muy distinto al de los últimos dos meses, con trazos rápidos de rotu gordo Edding, otros aceleradísimos de Stabilo y manchas nerviosas de tina aguada, y me salió un desnudo blandito listo para buscarme la escritura...

¿A qué pintarte tú, si ya te pinto yo como cal viva?, ¿a qué ponerte afeites, colorete, lipstick rouge, rimmel, cremas... si yo te pongo líneas negras y duras sobre aguadas de tinta como lumbre?, ¿para qué quieres parecer otra, si no hay otra mejor que tú lavada, con cada poro limpio y las veredas blandas por la doblez del cuerpo?
Brota de las raíces como el bulbo y sus cauces, sé sideral y líquida justo en tus aureolas, hazte incluso catástrofe en el baño o cuando te amanezca el bostezo primero, espésate en todo tu desnudo hincada de rodillas en el baño, sé el ángel del cielo raso del dormitorio o hazte la muertecita en el colchón como una cuarentena... y que no haya normas, pues eres deudora de la fiebre y de esa perversión de la saliva... sal del papel y muéstrame cómo traspasas las paredes y los muebles, cómo te reclinas y las sombras se apartan para verte, cómo se asombran mis lápices de lo que son capaces, mujer de cortina y persiana abierta, mujer sin horarios posibles, la que mana de mi mano como una fuente antigua, la que me desazona y abre el hueco bendito, la poseída por mi tinta, la que late sin saber de minutos ni segundos, la solo consonante que me deja con ganas.

¿A qué pintarte tú, si ya te pinto yo como cal viva?

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