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La Cruz del Sur.


24 de abril de 2009
Permanece como parada la Cruz del Sur, como una bombillita clavada en el estómago del cielo... “Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca / debes rogar que el viaje sea largo, / lleno de peripecias, lleno de experiencias...”... tú miras los lunares que te surten la piel como un rastro del cuerpo y piensas en el orden de todo lo incorrecto, de todo lo inestable, como si no fuera un caos... “... No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes, / ni la cólera del airado Posidón. / Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta / si tu pensamiento es elevado, si una exquisita / emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo...”... resumes cada instante en la cuenca sin río de tus manos y miras al futuro como sin ganas, como si fueras a la ceniza... “... Los lestrigones y los cíclopes / y el feroz Posidón no podrán encontrarte / si tú no los llevas ya dentro, en tu alma, / si tu alma no los conjura ante ti...” ... al fin y al cabo, el mundo empieza si lo nombras, y no hay catón posible para hacerlo correcto o divertido... “... Debes rogar que el viaje sea largo, / que sean muchos los días de verano; / que te vean arribar con gozo, alegremente, / a puertos que tú antes ignorabas...” ... espera en la razón lo que te aguarda, descubre cada gota con asombro, desliza tus pupilas como larvas por aquel horizonte y sus secretos... “... Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia, / y comprar unas bellas mercancías: / madreperlas, coral, ébano, y ámbar, / y perfumes placenteros de mil clases. / Acude a muchas ciudades del Egipto / para aprender, y aprender de quienes saben...” ... no olvides el azar y sus posturas, que en su misterio puedas masticarte... “... Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca: / llegar allí, he aquí tu destino. / Mas no hagas con prisas tu camino; / mejor será que dure muchos años, / y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla, / rico de cuanto habrás ganado en el camino...” ... sé el azufre en el fuego que levantas, sé la arena en el agua diluyéndose, sé la rara emoción de los que vuelan sin alas a la muerte en un segundo... “... No has de esperar que Ítaca te enriquezca: / Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje. / Sin ella, jamás habrías partido; / mas no tiene otra cosa que ofrecerte. / Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado. / Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia, / sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.”... “Y entretanto lloremos / tomados de la mano.”.

Escuché esta mañana en los desayunos solidarios de la Casa de la Sal un magnífico recitado del poema ‘Ìtaca’ del genial Konstatínos Kaváfis y temblé... y sentí el latido turbulento que siempre me lanza al camino, el ardor de las blusas recién desabrochadas, la calma tensa de este no hacer queriendo hacerlo todo... luego escuché recomendaciones amables [Manolo y Mayca me invitaban a salir al paisaje como a una aventura de lo nuevo en lo de siempre... Pedrito me rogaba muy serio que dejase el tabaco... Tomás hacía cariñosa perorata de los restos políticos que quedan en mi piel]. Solo tenía razones en su adentro el abrazo de verdad con el que me fundí a Luis... ese abrazo me dijo ‘soy porque somos’, y me lo quedé guardado como un tesoro hermosísimo al que volver cada vez que lo precise.
¡Ítaca!
Estoy en el camino y me sé vulnerable, pero aprendo a morir sin estridencias ni gestos estrambóticos... quizás me busque hedonista –no me importa– o en esa turbulencia de la nata interior o clavicordio o rúcula en vinagre o flor de almendro o carátula triste de algún disco o pez sin aire o perdedor o víscera o banquete...
Ítaca siempre ahí, presente, inabarcable, colgada en el hermoso tendedor del horizonte.

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