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Todo lo que yo miro queda gastado... me lo dijo el viejo F.


Hay días en los que apenas puedo con las cargas autoimpuestas y viene el viejo F a verme bracear mientras sonríe... “todo lo que yo miro queda gastado”, me dijo hoy mientras yo notaba que me miraba con fijeza.
Organizar el mercadillo solidario del día cinco me está dejando aturdido... darle el cierre a la organización de “Voces del Extremo” me deja flojino... tener que explicarle al personal cuál es el proceso de un proyecto de cooperación, y hacerlo como justificándome, me elimina del todo [a ver, y lo escribo por última vez para que quede claro. Decidí montar los proyectos de SBQ solidario para no trabajar como lo hacen las ONG’s conocidas –por lo menos las que conozco yo por experiencia participativa–, y la forma de hacer que me planteé se basa en unos principios irrenunciables, que pueden parecer raros, sí, peor son mis principios y están traídos desde muchas malas experiencias: 1º. Yo decido y hago... y, como mucho, abro consultas cuando me parezca y con quien me parezca, pero solo consultas. 2º. Minimizo los gastos administrativos hasta el nivel de llevar directamente todos los asuntos de esa índole –aquí no es posible imaginar lo que se ahorra, pero tampoco pido esfuerzos de imaginación– 3º. Todos los recursos van dirigidos en su totalidad a los proyectos, entendiéndose por proyecto todo lo inherente a localización del proyecto, localización, fijación y apoyo a las contrapartes; creación de las propias contrapartes –este aspecto es novedoso y funciona mejor que el ya utilizado de buscar contrapartes ya conformadas con otros fines–, elaboración de convenios, ejecución física del proyecto, dotación y entrega del mismo. Ojo, hay más gastos que atender que los de la pura construcción, muchos más. 4. La voluntad de entregar siempre algo a cambio a quien decide aportar ayudas a los proyectos SBQ para que no haya esa jodida sensación de caridad y, consecuentemente, esa mirada de ‘me debes’ –aquí no se debe nada a nadie, y el que haga algo con esa tonta ‘utilidad’ de que se le agradezca de por vida o se le den explicaciones personalizadas de cada paso dado, acompañadas de los manidos ‘gracias, gracias’, es mejor que no haga nada–... ejemplo: tú me diste un euro para SBQ y yo te di a cambio un libro... no me pidas más, porfa, que me hundes. 5. No quiero que los proyectos se me vayan de las manos, y es por eso que no entraré jamás en debates sobre mi forma de hacer las cosas... o se aceptan sin más o no hay problemas y todos de colegas para siempre... pues yo no obligo a nada ni a nadie... solo abro un camino y dejo que me siga el que quiera hollarlo conmigo.
En definitiva, si soy capaz de llevar a cabo todo lo que me he propuesto, estad seguros de que será un triunfo de todos... pero si me equivoco, quiero que sea solo mi fracaso, para el que ya estoy preparado y no es algo que me preocupe en exceso. Hace años que aprendí, por experiencias múltiples, que trabajar en grupo lo hace todo más tedioso, como poco, y lo llena todo de dobleces extrañas que a veces terminan truncando cualquier proyecto ilusionante. Así pues, en este asunto, quede claro para siempre, yo soy el que enciende y apaga la luz, el que toma las decisiones y el que se equivoca o acierta... y también el que marca los tiempos. No quiero compromisos más que conmigo mismo... huelgan comentarios].
Llevar mi empresa al trantrán, escribir lo que necesito, mantener mi familia... todo me puede a veces y me deja blandino, y todo se entrelaza y mete sus raíces en este agotarse que se me viene a días como arcadas...
Pero yo puedo, viejo, que ya te lo he demostrado muchas veces, pues nací empecinado y he de seguir así hasta el último suspiro... y, además, cada día entiendo mejor al hombre y he ido aprendiendo cómo tramitar sus rifas y sus sesgos.
Un mal día lo tiene cualquiera y, aunque me has dejado gastado con esa mirada tuya, aún guardo piezas nuevas en esa caja de herramientas que tú no conoces... y pienso utilizarlas cuando estés despistado.
A un mal día le aguarda siempre el mejor día de tu vida.
•••
Creo que veo el mundo de una forma muy distinta a cómo lo ven casi todas las personas que me rodean. De mi mirada sale siempre una suerte de convencimiento que me anima a acometer historias que, per sé, están llenas de simplicidad en su resolución, pero que desde las miradas de quienes ven el mundo de otra manera, todo se torna complejo hasta la calidad de irrealizable.
En este punto hay que saber diferenciar entre la ambición y las simples ganas de hacer, entre las propuestas ‘hago para conseguir’ y ‘hago porque me apetece hacer’.
En cualquier caso, desde mi forma de ver el mundo, lo que menos me apetece es acercarme a la domesticidad pública.
Si hay algo que he llegado a aprender en todos estos años que llevo pisando tierra firme, es que solo debo fiarme de mí, de mi instinto, de mi corta o larga inteligencia, de lo que me marquen las vísceras en cada instante. Sí, no necesito al otro para ser como me apetece ser, y menos para que no me deje ser como quiero ser.
Está el jodido mundo lleno de plétoras, de góngoras menores que escriben con descaro tonterías mientras se inflan y de salvadores del mundo que no hacen otra cosa que buscar adulación.
Me toca los cojones tanto paso perdido en la vaciedad, pero también me molesta cuando intenta afectarme el asunto hasta el punto de torcerme en pensamientos negativos.
Al carajo, coño, que ya no tengo tiempo para perderlo.
No sé por qué me da en la nariz que vuelvo a precisar días a solas, aislarme de la gente, encerrarme y disfrutar desde mía hasta mí en toda su extensión... y voy a hacerlo... y que no le parezca mal a nadie, porque me dará lo mismo.
al fondo suenan los himnos viejos y un par de comensales se hacen cruces mientras degluten manjares andaluces... oigo que uno le dice al otro que con Franco no hubiera pasado esto... y el otro asiente con la cabeza y el buche lleno... le dice que Franco sí que hacía política social... y no estos socialista ladrones y embusteros... y el otro asiente con la cabeza otra vez, pero ahora bebiendo un buen trago de vino de marca.

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