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Fue aquella mirada...


Fue aquella mirada o no sé, pero a los ojos me llegaron especias y falditas plisadas conteniendo una carne reciente, coletas con cintillas de raso y pasadores de colores al tono con los bolsos de mano… y me vino como un rubor parejo a ese que sentí al ver a la camarera con su tanga atigrado asomando bajo el pantalón de faena en uno de sus agacharses… sí, fue la mirada, estoy seguro, y con ella la realidad entera en fotogramas rápidos… el café y luego el beso para cambiar salivas en las ruinas amplias del instituto viejo, Sandino en una foto sobre un caballo raro y pequeñito, Aute y Ana María Drak cantando bajito para los doce rebeldes que andábamos hablando de cambiar el mundo por aquellos días –fue en Salamanca y ya no recuerdo cuándo ni cuánto tiempo hace–, los textos infumables de un Marx que era el orgullo más Cafrune sin caballo y en Montiel, la turba corrida a golpes por los ácaros del General en sus últimos días y los besos con sabor a libertad y sexo prometido… claro que fue aquella mirada, y los ojos suyos… en ella estaban los textos más preclaros de edición argentina, las queimadas desnudos en el Tormes, la utopia de ser y hacerlo todo nuevo con marihuana seca en los pulmones recordando a nuestros breves muertos cada hora… luego, las caricias y las manos trenzadas, los pechos generosos apoyados en el vientre y ese miedo a ser padres que tanto nos ardía en las pestañas después de cada coito furtivo entre cascotes… y también los viajes, claro, los viajes a Llueves o al santuario Itaca que era Bellaterra, los viajes a Hernani y las lentas subidas al Monte Uría, Albariño sin más en Rías Baixas y Madrid sintiéndonos proscritos y siendo sin saberlo adocenados, las noches en Oviedo hablando de poesía y libertad, ahogados de esa sidra que dobla y que convence, Ho Chi Ming en las tardes de las Conchas, Bakunin tras cada tormenta en la pensión de mierda de la Calle Meléndez, los bollitos con crema y los churros calientes al amanecer y el cubo de cola en la mano izquierda como una herramienta de falsos obreros… pasteles de Burgueño o de Gil, un irlandes caliente en Rojo y Negro, la mano penetrando despacio en unas bragas grandes y apretadas… el cielo tachando nuestros nombres uno a uno después de las jornadas de botánica con el cruel Casaseca…
Fue su mirada la que me mostró hoy cuándo llegó el fracaso… comprar el primer coche, estrenar casa nueva, comer caliente y a una hora marcada cada día, comprar el pan reciente, limpiar y hacer las camas como una oración rara para agnósticos… tener un par de cuentas en el banco, creerte el mismo dios y ser la mierda más miserable y zafia, vender, comprar, tener, tener, tener… treinta años de olvido que llegan hasta ahora, treinta años de putos clase media, vendiendo las sonrisas al precio de mercado, firmando cheques cruzados o al portador, gastando tiempo en vano hasta encontrar el mismo desencanto que algún día sintieron en sus carnes nuestros antecesores… algunas tardes nos llegaba un respiro leyendo a Tsvetaiva o fumando de nuevo aquella mezcla mágica de tabaco y maría…
Hoy ya nada perdura y el sexo sigue flaccido buscando su estatura entre las piernas, los besos saben a faceboock o a un sencillo hastaluego y ya nada es posible en este estado de caída geométrica.
Pero esa mirada… oye, y no era de mujer ni de deseo, que era una mirada de banderas prohibidas y de salto al vacío sin pensar demasiado… en ella andaban juntos el rayo de septiembre y la sandía helada, las hordas de chiquillos que en Tanzanía sometían mis pasos y la pareja gay besándose en la plaza a mediodía, los hijos refrescando tu memoria con ese ser iguales de inocentes que tú a sus pocos años…
Ya han tachado mi nombre, me consta y lo agradezco, de las listas de tipos con futuro… mis amigos no hablan de todo lo que escribo con las vísceras del ansia, pero me reconocen, generosos, en sus foros de gente amortizada… me llaman editor y solo fui poeta cuando pude y cuanto supe… sí, ya han tachado mi nombre y como con algún exministro y con políticos nuevos como quien está en el jardín de infancia, me rozo con autores de músicas de éxito y con mitos de la literatura última, sin más, sin gestos raros ni expresiones de asombro, sin admirarles más que en su saber ser amigos y abrazarnos.
El mundo no es complejo –también estaba escrito claramente en aquella mirada–… lo complejo es el hombre que busca en el enredo beneficios o rascar diferencias que lo pongan un centímetro más sobre los otros. Todo admite el resumen de vivir y morirse, sin más, sin dejar nada.
Hoy me ha salido un chorro que no pienso ponerme a releer, porque ha venido de la mirada aquella y me ha dejado el vómito preciso, el que necesitaba ahora, a las 17:34 horas de un domingo maldito en el que me siento solo y algo desconsolado… será el calor… lo siento.

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