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Un Felipe de verano.



Día 23 de agosto de 2009

Estoy feliz porque han vuelto las ganas de comer y de reír después de varias semanas de malestar, circunstancia que ayer decidí celebrar con un baño largo y gozoso. El virus cabrón que me ha pillado, me ha dejado un saldo de cinco kilos menos, una tos borrosa y densa, dolorcillos en la espalda y un desarreglo gástrico bastante grande… eso y una desgana general para todo que ha supuesto un parón importante en mis actividades diversas [ésas que hacen de mis días un pabellón de usos múltiples]. El caso es que ya me siento estupendamente y noto cómo hay ganas otra vez aquí adentro [justo entre los riñones y el estómago], lo que, como digo, celebré ayer con un baño largo con mis hijos [esas cosas de las peluchas y las aguadillas, los partidillos de waterpolo y los buceos, los concursitos de a ver quién aguanta más debajo del agua y las carreras piscineras…] y con una cena pantagruélica [reconozco que puse en riesgo mi tocado aparato digestivo, pero me apetecía un güevo cenar como un animalillo después de muchas semanas sin poder hacerlo]… también tuve tiempo para escribir un ratito y para tunear algunas páginas de mi nuevo librito de tuneos [que se titula “No sé saber”]. Luego dormí como un campeón y hoy me siento igualito que el Felipón de finales de primavera.














Leyendo a Croce esta mañana, he llegado otra vez a la conclusión de que el camino inacabable hasta la libertad pasa inexcusablemente por la consolidación de los derechos particulares del individuo [lanza Croce una interesante disertación sobre el individuo, que vive la vida del todo, pero que sin ‘el todo’ resulta pura accidentalidad], ser fundador de lo social [aquí siempre he chocado con los postulados de Marx, cuando indica que “el individuo, en su realidad, no es más que el conjunto de las relaciones sociales y como tal no existe; existe, más bien, la clase que lo determina totalmente en el pensamiento y en la acción”].
Para que exista libertad civil y libertad política, debe existir antes libertad individual y un respeto muy bien trabado a las minorías… debe valorarse al individuo como creador de la libertad social desde su propia libertad individual.
Pero, claro, para que esto suceda con segura proyección de futuro, deben cambiar demasiadas cosas, entre ellas ese trámite de valor que es la ‘Historia’. Mientras no consigamos que la Historia decida ser solo afirmación de la vida y de la realidad, y no disfraz modulado por quien la cuenta, que la historia lo sea de los individuos [pero no en un tono borgeano… que eso es literatura] y no de los patrones imperantes en cada época. Sirve mucho más al humanismo conocer cómo el individuo se ha defendido en cada época de quien le sojuzgaba que saber cómo tramitaba su opresión el poderoso [que es el general historiográfico hasta nuestros días].
Y para que exista el individuo como célula madre de lo social, debe existir la voluntad social de reconocerle como fuente de progreso y, por tanto, proteger su ‘vitalidad’ hasta las últimas consecuencias [aquí es fundamental que la máquina social entienda con claridad que la moral es solo una evaluación de relación entre individualidades y no se puede aplicar al individuo en su proceso de ser único e irrepetible… el individuo debe ser absolutamente libre en su pensamiento y la expresión del mismo… y la máquina social solo debe intervenir mediante la moral en la puesta en práctica o no de las ideas individuales, pero siempre debe conocerlas y estar dispuesta a debatirlas con tranquilidad y voluntad de progreso].
No sé si le servirán a alguien las ideas destartaladas que obtengo y muestro después de mis lecturas de filosofía y de mi proceso reflexivo sobre ellas… la verdad es que sigo teniendo muy pocas cosas claras… veo luz al fondo, pero solo veo luz al fondo.

Comentarios

  1. Me alegro mucho de tu recuperación, Felipón.
    La luz al fondo nunca dejas de verla, lo cual está más que bien porque así no pierdes las ganas de alcanzarla. La duda es síntoma de inteligencia.
    Besotes, chiqui.

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