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Bordar sobre las tardes como un obrero de la construcción.


Bordar sobre las tardes como un obrero de la construcción, intentando agotar el ovillo o cansar a las manos… recogerse en un cuenco de carne y bañarse en tintura de yodo como una ictericia… robar papeles usados de los escritorios… contar mis pestañeos por minuto… descubrir a mis padres para amarlos mejor… tensar los músculos como en un coito largo… discernir entre el tonto y el tonto… no ser de nada en concreto y seguir siendo de todo… tocarme el sexo blando para sentirlo exacto en su cúpula crema… rociar de esperanza cada día que llegue… comer algo… abotonar camisas, pantalones, chaquetas [y desabotonarlos]… compilar labios claros que besaron un día… rugir de ardor si llueve… bostezar si amanece… dormir con piel al lado… respirar… abrir una cerveza y beberla de un trago… vomitar, si es preciso, todo lo que me altere… no pensar en la muerte y pensar en la muerte… hacer sexo sentado… una ducha caliente con gel barato… un lavado de boca para ahuyentar palabras que ya dije y quedaron trabadas en los dientes como paluegos largos… no llevar nunca anillos, ni relojes, ni fardos que me marquen finales o principios huraños… volver a los andenes… sonreír… no abstenerme… ver la tarde acabarse mientras me desostienes… fumar como un borracho… reírme del pelele que posa con su dedo marcando un verso aleve… toser si me apetece… leer a Dan Sperber o a Grice o a Ducrot… y no olvidarme nunca de que uno camina siempre hacia el lugar en el que va a morir.

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