Ir al contenido principal

Fantine :: fábulas del descendimiento / 2 ::


Hablando con mi dentista, durante la cura de urgencia de una muela careada, me contó que, hacía unos meses, le había comprado los dientes a una joven madre bellísima, que respondía al nombre de Fantine, que necesitaba con desesperación una cantidad urgente para curar a su hija de una rara enfermedad. En un primer instante no caí en la cuenta, pero cuando andaba saliendo de los efectos del anestésico que el sacamuelas me había suministrado, recordé que en uno de mis viajes a París, mientras compraba pan en Poilâne, una vieja panadería de Rue Cherche Midi, una joven bellísima sin dientes se dirigió a mí para pedirme unas monedas. Le di sin pensarlo algunos francos nuevos. La joven me sonrió y me sorprendió con estas palabras: “señor, no hay como la miseria para hacer resaltar con intensidad la luz más profunda y angustiosa de una persona… y eso es bello”. Me gustaron tanto sus palabras, que le pedí su nombre y lo apunté en mi cuadernito de viaje –se llamaba Fantine–, junto a su bella prédica, con el fin de utilizarlos en alguno de mis escritos. Luego de aquel encuentro tome café con Victor H., un amigo francés, en un local de la Rue du Bac y le conté mi encuentro.
Ahora ya no me duelen las muelas, pero tengo arrugado el corazón por haberme olvidado tanto tiempo de Fantine y de sus palabras, y, sobre todo, de no haberlas aprovechado nunca en un buen relato. ¡Lástima!
Quizás mi amigo V. H. aún lo recuerde.

[LA AMBIGÜEDAD :: Quien juega a descubrir encubriendo [eso es la ambigüedad], siempre busca a interlocutores inteligentes y capaces de encontrar su propia definición, de crearla o recrearla para intentar completarse. El fracaso de la ambigüedad da lugar al perplejo, mientras que su triunfo es, sin dudarlo, el Arte mismo.]

Comentarios

Entradas populares de este blog

COMENDADOR

A LAS PUERTAS DEL CIELO
Aún quedan las carcasas de las fábricas como memoria de aquel constante trasiego que procuraba poder a los fascistas y la escueta comida del día a los obreros. Están rojas de óxido en toda su ferralla y una vegetación devoradora hace justicia en cada hueco. Son los restos de lo que ha de venir y lo que fue.
Mamá, el lotero me llama alemán.Porque eres rubio, hijo.Mamá, la abuela me dice que nunca hable con el lotero, pero es que siempre me da caramelos y me llama alemán.Que no me entere yo de que vuelves a coger un caramelo de ese hombre. Obedece a la abuela.Mamá, es que me dice que yo sería un buen torero, que si sigo jugando con el estoque, un día me llevará a un tentadero.Ese hijo de puta… fue uno de los que denunciaron a tu abuelo.¿Qué hago entonces, mamá?Cuando le veas, sal corriendo.
Aún quedan algunos tejados viejos en la calle Libertad, sus tejas rojas sostienen la vida de algún gato y mantienen el recuerdo vivo de los hombres que huían desde los desvanes p…

Caidino...

Estoy lento y como gatinín con este calor bestia que cae sobre mí como una losa, y con tanto por hacer y en diferentes campos. Ahora que necesitaría multiplicarme, estoy dividido y hasta restado. SBQ necesitaría ahora de todas mis fuerzas de invierno (tenemos un agujero grande que tapar y no soy capaz de tomar aire). Intento mercadillos, lecturas, talleres, ventas de materiales chulos, sorteos…, pero nada funciona. Es como si al quedarme desactivado yo, se hubiera desactivado todo, pero no sé de dónde sacar la energía que necesito como el aire de respirar, no sé cómo tramitar esta abulia sobrevenida. En Perú la gente tiene sed, hay pendientes entregas necesarias de materiales, de carritos…, y he dejado un proyecto a medias que hace que me sienta culpable por ratitos. Es este jodido calor y que la gente aquí ya no puede más, porque está agotada por los miserables del dinero. A ello se suma el golpe constante en el trabajo, el ramillete de deudas con sus apremios y el vacío inabarcable…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías…

Somos la razón del tren en marcha, su todo adelante sin salir del constante paralelo de las vías… y ese ser ‘la razón’ le gusta mucho al que viaja a velocidad en los cómodos asientos de sus vagones, viendo pasar el paisaje por las ventanillas, pero solivianta al que perdió el billete, al que nunca tuvo para comprarlo y, sobre todo, al que busca lugares a los que ir y a los que el tren no llegará jamás, porque no hay vías ni estaciones. Así visto el trasunto humano, la libertad del que está en el sistema (el tren) viene siempre marcada por unas fronteras nítidas que, precisamente, amordazan esa libertad… o sigues las vías con tu billete en regla o te bajas del tren y corres el peligro de ser arrollado si quieres volver a subirte en él mientras no detenga su marcha. Me sucede con frecuencia que tengo ideas nítidas en mi cabeza, ideas que se muestran preclaras y estructuradas en mi mente y que, cuando intento compartirlas, me resulta muy difícil hacerlas llegar a mi interlocutor con la …