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Mostrando entradas de julio 1, 2009

Chispitas de mi cuaderno.

La verdad es que nunca supe acercarme a una definición de la poesía cuando debo anotarla fuera de los parámetros de la soledad y la individualidad [en ellos sí sé definirla]. El caso es que realizamos un encuentro poético y, a pesar de que me tocó pechar con la intendencia [lo que me hurtó de asistir a muchas lecturas y a una de las mesas redondas], tomé mis propias notas a base de buscar las impresiones de los amigos que pasaron por aquí y pillar otras a mi bola. De mis notas, la verdad, no saco ni un solo dato para esa definición buscada, pues termino quedándome con los hombres y los nombres antes que con los indicios poéticos [eso cuando hay presencia física, como ahora la hubo]. Es por ello que quizás no sea una mala idea dejar algunas de las anotaciones veloces que durante estos días he hecho en mi cuaderno [son sic, ¿vale?]. 1. La amistad es una pesada carga para darle valor verdadero a la poética de un colega… equivoca y engaña. 2. Conocer a un poeta suele ir en detrimento de su...

Un encuentro de ojos...

Fue, definitivamente, un encuentro de ojos este ‘Voces del extremo’ en el que me he quitado algunas legañitas y me he puesto varios litros de alcohol con Coke… un encuentro de ojos en el que me he desmedido hasta quedar medio acabado… pero feliz. Fueron los ojos vivarachos de Marisa con cierto versillo asustadizo en las pupilas y un nosequé de asombro que me dejaba entre acobardado y padrecito… los de Mayca y Belén con su rimmel haciendo marco espeso y bellísimo [cuatro ojos Chagall… para morirse]… los de Albertito Pérez jugando a la expresión y a la sorpresa [los ojos más inteligentes de este encuentro junto con los de Antonio Gómez]… los de mi Joana Brabo inyectados de lágrimas como diamantes puros [me las guardé aquí adentro y las tendré por siempre, Joanita guapa… ¿sabes que cuando te miro parece que estoy mirando a mi hija?]… los de la dulce Esther tan llenos de sosiego y tardes blandas… los de Concha con su afilado flus alucinado… los de Marina [tercos… y tan dulces a veces]… los...

Catherine Sauvage a las siete de la mañana.

Apenas pude dormir esta noche, pues el dolorcillo se ha ido y ha llegado una suerte de vértigo interior en la zona lumbar que convoca toda mi atención cuando intento reposar... y que se ha sumado una pequeña crisis cistítica que me da que ha llegado de manos de la debilidad traída por los jodidos anti(i)nflamatorios... el caso es que a las siete ya estaba de pie y dispuesto a olvidarme del cuerpo como fuese. Corrí hasta mi estudio con la amanecida y en un acto reflejo, sin saber por qué, puse a todo volumen a Catherine Sauvage cantando a Boris Vian... una y otra vez, a todo volumen, una y otra y otra y otra vez... fue una forma perfecta de ir entrando en una calma hermosa que me llega hasta ahora mismo. En un ratito iré con Ángela a preparar las bolsas de bienvenida para los asistentes a “Voces del extremo” y todo empezará a desatarse y a seguir su curso arraudalado o tranquilo [ya me da igual, pues creo que el trabajo de gestión que he realizado ha sido correcto y no debo darle más vu...

Décima jornada... y tan lusamente.

La mañana fue movidita de cojones... nada más llegar a la imprenta llegó a buscarme Ángela para colgar las dos exposiciones de “Voces del extremo”. Nos tomamos un cafetín mientras esperábamos a Antonio Garrido, que nos acompañó para echar una manita, y los tres nos fuimos hasta el CMC San Francisco de colgadores oficiales [yo más bien colgao, que las medicinas me tienen deshecho]. Allí nos echó otra mano Germán, el tipo que cuida en CMC, y dejamos la cosa más o menos trabada [las subiditas de escalera para pegar los paneles de la exposición JRJ me dejaron huella –otra vez– en el jodido lomillo, además de una sudada imperial, con dos hermosas tortillas en los sobacos camisiles. Una vez colgado el asunto, se nos ocurrió que habría que hacer unos carteles indicativos para ayudar a los diletantes que se acerquen, así como unos separadores con algo de información [dicho y hecho]. Al llegar a la imprenta, Carlitos me tenía preparado un estado de cuentas en plan bombero... “Felipe... hay que ...