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Lo que sucede al hallazgo...


Desayuné un cafetito con churros junto a Alberto y charlamos por encima de cómo debe enfrentarse el pensamiento al hecho creativo, a ese impulso que te empuja a seguir en un tono para buscar alguna clave hacia el entendimiento, a esa sensación que te embarga cuando consigues algo y sabes que es lo que buscabas... o cuando encuentras de pronto algo que no buscabas y te quedas cegado.
No hay un algo racional para explicar lo que sucede al hallazgo, como casi nunca es algo racional lo que te lleva al mismo... pero quieres tratar de ‘entender’ [siempre con el temor de que si indagas en el misterio, éste se diluya] y entonces comienzas a percatarte de que lo artístico tiene poco que ver con una habilidad o con cierta técnica [a pesar de lo que digan algunos tipos ‘puestos’], sino que todo comienza y termina en una ambición por expresar tu idea del mundo, una idea que te lleva a una experiencia estética e intelectual y huye rabiosamente de lo decorativo.
Su ‘utilidad’ solo debe ser buscada en el terreno del temblor o del éxtasis... y nunca en otros campos [ahí es donde muchas trayectorias creativas se truncan... en el afán de reconocimiento, en la pasión por vender y ‘ser’ nombrado artista por esa curia infame de golosos que montan el arte en mercados].
El verdadero artista transforma el mundo porque se transforma a sí mismo, porque se vacía y se revuelve, porque siempre está insatisfecho y busca, porque no da nada por acabado... y así trasciende en los demás, haciendo accesibles caminos que antes no eran ni siquiera imaginados.
El creador lo cuestiona todo y sabe cuándo está en el buen camino, disfruta de sus hallazgos y se desespera con sus fracasos, salta cualquier obstáculo y se empecina en lo imposible... justo hasta ese temblor o ese éxtasis que no nacen de una intención, sino que emanan de la sublimación de alguna experiencia en un gesto, un trazo o unas palabras bien atadas.
Tampoco es ‘evasión’, no puede serlo, porque el creador vive por y para sus creaciones, respira gracias a ellas, son una vital parte de sí, la parte que compendia y resume, la que activa o desactiva.
Y noté a Alberto entre colmado y deshecho, le noté con esa mirada inquieta de quien tiene algo entre manos que hará que cambien sus coordenadas, le sentí como prisionero de alguna expresión que no acaba de salir, pero que él la conoce y la lleva justo en la punta de sus dedos... también le noté como enfadado con el mundo [conozco esa sensación al dedillo, porque la he vivido muchas veces en primera persona], como con ganas de gritar ‘esto soy yo a pesar de vosotros’... y no supe qué decirle, porque tampoco sé qué decirme a mí...
Sé que en los últimos tiempos está investigando en nuevos campos plásticos, y que hay días en los que le percibo alucinado y encerrado en sí mismo... sé que algo se cuece en su mundo y que habrá de estallar en cualquier momento... y yo quiero estar ahí cuando suceda, quiero verlo y sentirlo, reír con él mientras me asombro.
Una de mis mejores suertes es tener a este tipo al lado cada fin de semana, sentirle latir, escucharle y hablarle [a veces en silencio]... su presencia física supone para mí parte del privilegio de vivir... soy un tipo con mucha suerte.

Comentarios

  1. Me gusta lo que cuentas, me sirve... Recuerdos al rubio de ojos como una piscina recién llena. Y patí un besazo gordote.

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  2. Vuestro arte -el de Alberto y el tuyo- me ayuda a abrir la mente y los ojos.
    No sé si os vale. A mí sí.


    Un besito para los dos.

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