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Día entre amigos


José Luis Morante en mi estudio.

Aunque no tengo uno de mis mejores días, la visita de Morante, Marino González y Ana me ha puesto de nuevo en el mundo en esos otros parámetros que necesito [todo a pesar de que Anita venía malucha y apenas hemos podido disfrutar de su compañía]... hemos tenido una conversación largota con comidita en la que han salido desde Luis García Montero [del que Morante ha terminado hace un par de meses su antología para Cátedra] hasta del bueno de Alonso Guerrero [ese novelista magnífico que tiene en su contra literaria el ser el ex de la princesita Letizia... la voracidad mediática es capaz de deshacer carreras literarias brillantes por ese asqueroso princeseteo de una mujer ambiciosa y listísima, capaz de hacer sombra en la obra de un hombre que vale un montón de veces más que ella], pasando por la prosapia y profesional saber estar de Luis Mateo Díez... también nos pusimos al día de nuestras cosas... entre ellas, el que la editorial de Marino va bastante bien, que José Luis Morante está estupendo [ya casi sin hijas en casa] y que a mí me han puesto un plazo de entrega de los originales de mi novela que acaba el día 31 de agosto.
Estupendos mis amigos... y yo, como digo, de bajón total y con cierta afasia que me ha tenido todo el día entre gatinín y perrete.
A Marino le encontré como siempre, ocurrente, encantador, de verbo fluidísimo y divertido... estar con él es enterarse de muchos asuntos que rodean al mundo de la Literatura y también de ciertos ecos de sociedad mirados con gracejo [ayer me descubrió que Miguel Bosé estuvo a punto de ser Ministro de Cultura en vez de la Sinde, que L. llama a A. siempre que tiene una presentación o una conferencia –hay miedo en el cuerpo– y que hay autores reconocidísimos que van a entregar premios de narrativa y hablan de la novela ganadora sin saber de qué va –eso ha sucedido siempre–].
Y en José Luis tampoco encontré cambios, que está igualito que siempre, atentísimo, cariñoso, entusiasmado, algo dolido con el mundillo literario [con toda la razón del mundo], lleno de energía y de ganas de hacer... en un momento me preguntó por mi trabajo creativo y se interesó en si tenía intención de presentarme a algún premio de poesía... yo le expliqué que ya paso de premios y no tengo intención de estar ni de liarme a codazos con otros poetas, que me encuentro mayor después de más de veinte años de intentar poemas y de buscarles salidas... sigo escribiendo al ritmo que me apetece y solo publicaré, como he hecho últimamente, si algún amigo se interesa por mis cosas y me las pide, que es lo que ha hecho Marino... por orden, literariamente me interesa mi diario sobre todas las cosas, luego me centro en los poemas esporádicos que van creciendo como florecillas del mal silvestres [de ese trabajo van creciendo aforismos, apotegmas, frasecillas ingeniosas que acumulo y guardo] y dejo para el final tres relatos largos en los que ando metido desde 1998, con grandes temporadas de sequía y con enormes lagunas... y, entre todo eso, dibujos para calmar mis presiones y para bajar el nivel de mis miedos, dibujos como aquellos optalidones que tomaba mi abuela Antonia por las mañanas.
Ana estuvo durmiendo en el coche durante todo el día con un dolor de tripa que la tenía molesta y agotada... un beso fuerte para ella y mis deseos de que todo pase pronto.


Marino González en La Venta del Bufón.

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