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Un abrazo colectivo.


El otro día, charlando con Diego y Álvaro, les decía que con los años he llegado al convencimiento de que lo más importante en mi vida es que la imprenta vaya bien, en su curso normal, sin que sea un negocio magro, pero también sin que sea una ruina... me da igual todo aquello que sentía hace uno años bajo el ardor del narcisismo y la juventud... las ansias de aceptación y el caer bien, el desear escribir el mejor libro del mundo y verlo publicado, el obtener premios y reseñas en papel prensa... ahora solo necesito que mi imprenta tenga tono, el tono suficiente para que pueda aislarme y hacer lo que me venga en gana... para mí, claro, que cuando saco algunas cosas para compartirlas con los demás me llegan tirones de orejas, algunos abucheos y esos metemiedos del “ten cuidado con lo que haces”. La vida es así y yo no puedo cambiarla, así que a veces me autocensuro hacia los demás, aunque jamás me censuro en mi trámite solitario.
Para comenzar bien el año, sí me gustaría pedir disculpas públicas a todas las personas que hayan podido sentirse aludidas y heridas con mis palabras no concretadas en una persona con nombre y apellidos [a quienes les puse nombres y apellidos, pues eso, que hay lo que hay y pienso lo que pienso]. Mi intención, siempre, es dejar meridianamente claro hacia quién o contra quién escribo [sea un colectivo o una persona], que no me gusta nada esa cosita Trapiello de lanzar las piedras y esconder la mano. En este tono y en este trazo quiero concretar que cuando me he referido a cuestiones de enseñanza con palabras agrias ha sido fundamentalmente pensando en dos localizados docentes que me han amargado la vida porque se la han amargado a mis hijos [pero no solo por eso, que yo sé lo que trabajan mis hijos y mido perfectamente lo que se merecen, con lo que no me enfado por un suspenso o por cinco, sino que lo hago porque después de hablar con ambos “enseñantes”, en charla solicitada como manda el reglamento interno de cada uno de los centros, colegí que no pisan la calle ni se merecen tener en sus manos el futuro de unos muchachos en pleno desarrollo... y de ahí a sus sueldo, a su trabajo grimio, a su empeño justiciero como base educativa, a su mal uso de la función pública y a su torpe mirada al mundo]... me consta que algunas personas cercanas se han sentido atacadas con mis palabras, y me gustaría aclarar que no fue mi intención que eso sucediera [sí pueden darse por aludidos de mis generalidades quienes, cobrando del erario público, no rinden en sus trabajos; quienes no ven más allá de sus cosas, quienes juegan a la doble moral para sacar provecho y quienes se esconden detrás de todos los puñales... y ninguno de esos tipos coinciden en personalidad con quienes se sintieron golpeados por mí en su día]. Cuando un tipo me cae mal por las circunstancias expresadas, directamente dejo de hablarle, de saludarle, de sonreírle y de compartir con él otra cosa que no sea asco y desprecio.
También pido disculpas por mis múltiples olvidos, que han sido muchos y casi nunca buscados [confieso que dos o tres de mis olvidos de este año han sido bien meditados, fundamentalmente por razones de intensidad o de devolución de olvido, que de ambas frutas me han tocado dos o tres raciones, pero ninguno de esos olvidos buscados han sido para quien me ha reclamado por ello, que mis enemigos son muchos, grandes y pequeños, pero están en otras partes físicas e ideológicas]. Creo, en todo caso, que pocos de los afectados por sentirse erróneamente aludidos u olvidados en mi diario pueden decir que mi relación con ellos durante el último año haya sido otra cosa que diáfana [recuerdo ahora mismo como siete personas distintas que me han expresado en algún momento su malestar por las causas indicadas y a las que he intentado tratar en todo momento con verdadera entrega, porque a todas las considero y las quiero]. Sé que hay días en los que soy un tipo agrio y desgastado [también desatado], pero sé también a quién aprecio de verdad y siempre procuro entregarme al máximo con esa gente a la que considero mi gente.
Este año, particularmente, a mí me han pegado duro, muy duro y en diversos campos, y ese golpeo se acusa [yo lo acuso] y busca reacción... me han dejado solo cuando necesitaba compañía, he sentido el peso de una ruina inminente, me he sentido amordazado y ninguneado en un par de ocasiones, me han atacado por lo profesional, por lo sentimental, por lo creativo, por lo económico, por lo ideológico y hasta por lo genético... y he procurado contestar a cada uno de esos ataques con la mesura que dan las palabras pensadas, pero siempre con dureza [y hasta con rudeza a veces]... y eso me ha salvado... eso y saber que estoy solo, que amo a mucha gente y he aprendido a defenderme de quien me ataca, que mi idea sobre el mundo se ha hecho más nítida para comprender lo que debo hacer.
Así que, lectores atentos de este diario [muchos o pocos, que no lo sé], no dudéis en decirme con franqueza que os he dado duro en el bazo cuando he tirado el golpe a otros, que le pondré remedio enseguida, pues mi abuela Antonia me enseñó desde bien pequeño que hay que reconocer los errores cometidos y enmendarlos, que hay que darle a quien te da y quitarle a quien te quita, y que, sobre todo [quítesele el toque misógino a la expresión, porque mi abuela me la enseñó sin ese toque], “los hombres se visten por los pies”.
Os deseo a todos un año lleno de ganas y de cosas que hacer... desde luego que mucho mejor que el que ha pasado.

Un abrazo colectivo.

Comentarios

  1. Te comprendo, querido Luis Felipe.
    Un abrazo y feliz año nuevo.

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  2. Feliz año, querido mosquetero, seguimos al otro lado del cristal, con fragilidad y transparencia, un abrazo y feliz 2011. Mucha creatividad.




    urah dal

    ResponderEliminar
  3. Yo también deseo que el año que empieza sea mejor que el que se fue para ti y para la gente que quieres.
    Ah, y cuando se ama como tú lo haces nunca se está solo.
    Un abrazo fuerte (como tú).

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