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Llorones...

Y las palomas siguen cagando paz sobre los hombros de la gente [imagen tomada esta mañana frente a la imprenta].


Andan los noticiarios contando el absurdo de los llantos por las procesiones frustradas y nos trufan ese drama con hombrones haciendo pucherones porque su virgencita no puede salir bajo la lluvia (coño, pues que tengan una sustituta de plástico para temporales y se acabo tanto sufrimiento)... cuando acaban con los llantos santeros, empiezan con los cuajos futboleros, haciendo sangre con ese absurdo de que toda España es del Madrid (no debo ser español, coño) y de que el español número uno se llama Cristiano Ronaldo (un ricachón consentido que debiera aprender un poco de humildad de su portero)... y luego la llorera por los atascos de todos los que han salido de vacaciones (¿pero no estábamos en una crisis de la hostia?)... cinco minutos para los dos periodistas norteamericanos muertos en Libia y ni un jodido segundo para los demás muertos en el mismo país y en otros similares (‘niñooo, que muera un occidental es más noticia que el asesinato de cien árabes, eso vende más en publicidad para los intermedios’)... doce coma siete minutos (medidos por mí) para contarnos que hay un hindú que se ha hecho golfista profesional entrenando en los barrios de Delhi y seis minutos para explicarnos en la sección meteorológica que no podrán salir las procesiones del viernes por un feo asunto de borrascas (se les olvida explicarnos si eso le viene bien al campo)...
Una mierda pinchá en un palo el menú de noticias que nos ofrecen los medios, una mierda para conseguir que sigamos siendo el no va más de los tontos de baba mundiales, para que no pensemos en el coltán del Congo ni en las prejubilaciones telefónicas, para que ni se nos ocurra acordarnos del hambre o la explotación infantil (por eso no lloran los procesioneros, claro... dónde va a parar comparar a una Virgen con velas con un crío agonizando en la arena... ¡por Dios!).
Así que me voy a dormir con ganitas de vomitar y de ciscarme en el mundo occidental y sus gentes... y haciendo esto no soy ni más ni menos que otro miserable igual o peor que todos esos miserables.
Y lo peor es que encima me siento mal.

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