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Una dosis del interminable agosto somalí...



Comienza agosto y el mundo es un castillo de alambre y hielo que se sujeta en cruces, porque aún hay fe y fanatismo para adormecer las mentes, fe para edificar cruces y fanatismo para negar en pleno un miserable bocado a la Somalia muerta y remuerta de sed y hambre... ni un gesto piadoso de mentira hacia esa gente que realmente padece nuestros excesos, ni un escasito ‘estamos con vosotros’ hecho de palabras... me avergüenzo del mundo en el que vivo, me da asco ese pensar solo en lo nuestro, en mantener lo acaparado, en ser nada más lo que tenemos.
Todo va a peor y los curas vuelven a pasear ufanos por las calles con alzacuellos mientras se multiplican las procesiones y los santos nuevos, mientras se hacen campañas de acogida a jóvenes cristianos que vienen de sacras vacaciones a este puerto para extenderle una alfombra roja al Papa molondro de Roma [que volverá a gastarse lo innombrable –de nuestro dinerillo– en fastos y seguridades], que dirá dos palabras sobre las hambrunas y pedirá oración de ayuda para aquellos pobres miserables a los que el viernes les negamos el pan y el agua en pleno municipal con el voto católico integrista (pero nunca islámico)... pero como es agosto y los culos se lavan sin pudor en las piscinas, pues que no ha pasado nada... total, puede que sean cien mil negros menos... que han dejado de sufrir... pero nuestras cuentas cuadran, coño, claro que cuadran... haciendo populismo barato las cuentas siempre cuadran... y si no cuadran, está la iglesia de enfrente para hacer que cuadren a base de preces y liturgias, de te resto y me sumo...
Y lo mejor es encerrarse y olvidar... lo mejor para el cuerpo de uno, claro... pero para el cuerpo de los demás, y para el espíritu propio, lo adecuado es salir a gritarlo a la calle, exigiendo justicia y eliminación de esa pérfida moral lavada.
Debiéramos tener todos una dosis de ese interminable agosto somalí [más de dos años sin lluvia] y ver cómo muere todo el ganado entre las grietas del suelo reseco, y ver cómo van cayendo los hijos, uno a uno, entre moscas golosas de muerte, y saberse tan solo esqueleto por las sinrazones de occidente... todos debiéramos sentir aquella sed, aquella angustia y aquella rabia de pura imposibilidad... pero primero ellos, los que el viernes dijeron que no a una ayuda a Somalia mediada por AECID y luego salieron ufanos a tomarse unas cervezas frías en los bares aledaños al ayuntamiento... y quizás después de estas palabras ya no tenga acceso a los trabajos de imprenta municipales... pero me da igual, porque hay cosas que no deben callarse jamás.
Y que se gasten su dinero –y parte del mío– en sus jodidas cruces... que lo mismo su Cielo va a terminar siendo Somalia.

IMÁGENES PARA LA VERGÜENZA
(subidas a Google en los últimos cuatro días)
















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