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Un viaje al frío con R y SL




Salió el día landrú, pero no era cuestión de estropear la visita de mis amigos peruanos con melindres frioleros, así que llené una bolsa de bufandas, gorros y guantes y me fui a buscarlos al bus helmántico a primera hora de la mañana... y que llegaron sonrientes y  a medio abrigar, que venir de treinta grados limeños a menos cuatro grados bejaranos es difícil de presupuestar... así que nos arrancamos con unos cafés calentitos en PdT e iniciamos marcha turística glacial/glaciar... primero al jardín renacentista de El Bosque, con el estanque helado y dos patos patinando la postal de día como ateridos, con sus fuentes trillando chuzos de hielo nuevo y con su arbolerío    craqueante de frío y viento hasta el punto de que uno de los cuidadores tuvo que salir de su refugio a pedirnos que nos pasásemos debajo de la enorme sequoia porque había peligro de caída de alguna de sus impresionantes ramas... Ricardo lloraba de frío (pasó el día entero echando lagrimones, el pobre) y Sonia Luz fotografiaba todo lo que podía con la tirititera natural que ponía la jodida sensación térmica del día, que era alrededor de doce bajo cero... y de El Bosque al refugio calefactado del coche para echar unos cigarritos reparadores y unas risas.
Seguimos la ruta y nos detuvimos en el paraje del Sagrado Corazón... helador, pero ‘apuesto’, porque había que apostar algo para aguantar allí el tiempo que estuvimos... y más fotos de Sonia, más lagrimones de Ricardo y otra carrera en busca del calor del coche para echar otro cigarrito y otras risas... y de allí al santuario de El Castañar para ver a la Virgen bejarana, que mis amigos son fervientes católicos practicantes y profundamente rebeldes a la vez (una circunstancia que me he encontrado con mucha frecuencia en otros intelectuales latinoamericanos y en la que pienso indagar con tiempo, porque me apetece racionalizarla de alguna forma)... y de ahí al gélido Candelario, un pueblo vaciado por el frío tremendo, con sus regaderas hechas purito hielo... y no se me ocurrió otra cosa que llevarlos a visitar a Josetxo en su Casa de la Sal... mi amigo estaba aterido, catarrosón y elegantemente sonriente, como siempre, y nos recibió con los brazos abiertos a la vez que hizo disfrutar a mis amigos con su trabajo de restauración y, sobre todo, con su obra pictórica última, especialmente con un tríptico delicioso y sorprendente que a mí me dejó boquiabierto (mis amigos quedaron encantados de haber podido conocer a J en su espacio)... y de allí al Tolo para entrar en calor con un vinito de pitarra y unas chichas recién hechas... y de allí a Hervás para comernos al amor de la lumbre choricito asado, secreto de cerdo y unas deliciosas chuletas de cordero... que el día era lo que demandaba, todo a pesar de que bajando hasta Hervás habíamos conseguido ganarle cinco grados a la temperatura  que lo decoraba todo.
En la comida reímos relajados y pude conocer a los nietos de mis amigos acompañados del entusiasmo de abuela que ponía Sonia al mostrarme las imágenes y los vídeos de sus gachupines... una delicia.
Y que salimos del asador, era La Vaca Brava, con intención de ver el barrio judío hervasense, pero al entrar por la estrechez de sus calles, el lloroncete Ricardo espetó con un gracejo especial lo que sigue: ‘¡Al carajo con el barrio judío!... vamos a refugiarnos en el coche’... y eso hicimos mientras nos entró a los tres una risa floja  que duró todo el camino de vuelta a Béjar.
Y perdimos el bus de las cuatro, y solucionamos con un coñac, un carajillo de anís y una Coke mientras revisábamos todas las imágenes tomadas en el día y hacíamos tiempo hasta la nueva hora de salida del bus escuchando música peruana y viendo vídeos del baile de La Marinera.
Cuando tocó la hora de los adioses nos abrazamos fuerte sabiendo que lo mejor de las despedidas es que siempre van seguidas de otros encuentros, y yo prometí que el próximo será en Lima, donde Ricardo me hará una visita guiada por la historia que tan bien conoce.
Fue un día hermoso en el que el calor siempre vino desde la amistad y el afecto.
Un fuerte abrazo a mis amigos.

Ricardo y Sonia Luz en el Jardín de El Bosque




En el Sagrado Corazón.

En la Casa de la Sal de Candelario.

Junto a Josetxo Lamy.

Trepando por las cuestas de Candelario... que a Ricardo le recordaba a Cuzco.

Degustando  chichas y vino de pitarra en el Tolo


Resultó verdaderamente divertido ver cómo Ricardo intentaba hacer fotos con mis guantes sin conseguirlo.

Comiendo en Hervás.

En el barrio judío de Hervás

En la Plaza Mayor de Hervás.

Comentarios

  1. Eso de racionalizar me ha gustado muchísimo. A veces hay que hacerlo.
    ¡Ah, Hervás! Judios los mas, que reza el refrán. Yo escribí un relato, 'La nostalgia del rabino', ambientado en Hervás por la tabarra que me dio un amigo sobre ese pueblo y su judaismo. Me imaginé esas callejas. Algún día iré. Me lo publicó la revista 'Raices' y luego otro, ¡qué cosas tiene Hervás! Hasta que un concejal sociata se ligó a Raya Bumedian y esta lo convirtió al Islam. Pues eso... ¡al carajo Hervás! cuando hace tanto frío.

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