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La proporción áurea...




Ni Vitruvio ni Pacioli, ni Leon Batista, ni siquiera Durero, ni Tatlin, ni Hecker, ni Pisano... bajar del tren en marcha contiene en sí la proporción áurea, como decir adiós con un pañuelo o el poder destructivo del amor, la intensidad de lo inútil, un meandro de gloria en una vida a medio acabar... comprender es la proporción áurea... el valor asimétrico de un hombre, un poema inestable –la poesía debe ser inestable–, el pudor, crear por accidente, lo discontinuo, el deseo, el deseo, el deseo, lo imprevisto, el impulso, la impresión cuando miras, lo difuso, lo sindiós... he ahí la proporción áurea... ahí debes buscarla... y no en los ángulos fijos y perfectos, no en las líneas tiradas y en su fuga... que te interese conocer más que ser, que seas solo una muestra de ti mismo de cara a los demás y que lo sepas...
Il pleut doucement sur la ville... Rimbaud, Nietzsche, Laforgue, el miedo entre el centeno y un algo Miravitlles en la memoria del setenta... el narrador omnisciente de todo lo que escribo se ha echado a dormir y siento el decir huérfano... Tattoo y su perorata... ¿has leído a Roger Ascham, a Beaumont, a Bartoszewski...?... ¿has leído a Bannerji, a Akiyama, a Celorio...?... ¿has leído a Conrad, a Goldman, a John Grisham...?... y le digo ¡No!... y se me pone triste... bueno, sí... y se alegra... pero no he leído más que a Conrad... y yo le hablo de poetas... por joder... maneja a los santones, a los grandes del XVIII hasta principios del XX... pero está perdidito en los antes y el después, y me encanta irritarle contándole cositas de Propercio o de Ángel González, de Marcial o de Abraham Gragera... naderías, Felipe, naderías... y se va sin decirme ni hasta luego... ahí también está la proporción áurea... justo la de mi amigo Tattoo.

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