Ir al contenido principal

Mi antigua inocencia

Mi antigua inocencia, ¿dónde está? Busco en el laberinto de mi memoria y sé que fue, que existió hasta hacerme sonreír como un muchacho feliz, pero que ya no está, que no podré recuperarla si no es por vejez y olvido, por enfermedad mental o discapacidad psíquica. Quizás lo único bueno de la vejez sea eso, encontrarme de nuevo con mi antigua inocencia, y no saber ya más de las cosas oscuras de los hombres mal hechos, de los mal definidos, de los mal trazados. Mirar a un rostro y no ver más que luz y compañía, no ver más que lo que debió ser y no está siendo.
Virgen y felizmente desconcertado, sin razón intelectual, sin pena, sin melancolía, sin miedo, como injertado en mí y de mí, exótico, locuaz, sin sombra, encantador..., así me quiero.

No ese árbol viejo en el que nunca cantaron los pájaros.

Mi antigua inocencia, ¿dónde está?

Comentarios

Entradas populares de este blog

Mi cabezota preciosa

Yo insistía en su oído: ‘Vámonos ya, que es tarde, que ya está todo hecho y te ha quedado bien, que te noto cansada y solo es un instante decir basta’, pero no me hizo caso. Seguía en su pum pum, pum pum, pum pum, como esa cabezota que fue siempre y me ha dejado como estigma o herencia, que aún no lo tengo claro. La besé en lo que alguna vez fueron mofletes y decidí cortar el oxígeno de esa máquina absurda y ruidosísima experta en aplazar lo inaplazable (confieso que temblé por un instante al hacerlo, que me sentí culpable de decidir por ella). Fue algo menos de una hora. Ella y yo solos, sin nadie con capacidad de testificar, pero siguió con más fuerza que antes, con mejor ritmo. Y volví a conectarla a ese pulmón de náufrago. ‘Ya veo que no estás por la labor, mi rebonita’. Y no hizo gesto alguno y siguió en el pum pum de ese “todo corazón” que fue siempre. En el tramo brutal del abandono (que han sido siete días de toma pan y moja) pasaron por su cama caricias y sonrisas, apretones …

Jugando con Instagram.

Toma un libro viejo y hazle fotos con Instagram... mira lo que sucede.


















Me late el codo izquierdo...

Hoy me levanté con el codo izquierdo dolorido e hinchado, todo por un golpetazo que me arreé la semana pasada con una puerta [se conoce que ayer me apoyé en alguna de las barreras de la plaza de toros bejarana, mientras asistía al blues, y se me ha infectado]… y es que últimamente parezco un quecomari lleno de cuitas y quejicoserías… el cabrón está ardiendo y focaliza toda mi atención en su latido, hasta el punto de hacerme perder concentración en lo que hago.
En fin, que sigo en el asunto de vivir y eso me gusta mucho… hasta el latido este que me reclama atención constante.
Hoy le pegué la última corrección al nuevo libro de Belencita, “Orden de alejamiento”, y vuelvo a dejar escrito que me gusta muchísimo su forma y su contenido. Espero que en un par de semanas esté listo para hacerlo llegar a sus manos…. y que me ha gustado leerlo con ese latidito de dolor, pues el poemario es de dolor entero… y muy intenso.
Luego, me dejé de mí [y del trabajo] y le busqué contenido a ese pum-pum… y m…