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UN MACONDO EN SALAMANCA : : Antología de historias SBQ : :


:: UNO ::


Mi padre, que es un campeón, atendió a un señor que dijo ser coleccionista de vitolas.


– ¿Tienen ustedes vitolas?


– Ahora no, pero hemos tenido unas de juguete muy bonitas, pero se vendieron en Navidad.

– Vaya, nunca había oído que hubiera vitolas de juguete.

– Pues una de ellas hasta funcionaba con cascantes.

Divino.

:: DOS ::


– Hola, Felipe, que dice mi hijo que si tienes libros de Gloria Fuentes.

– ¿De Gloria Fuertes?

– Lo necesita para el colegio, que no hacen más que pedir y pedir.

Le saqué un par de ejemplares infantiles de Gloria Fuertes.

– Yo creo que no va a ser esto, ¿eh?

– Yo creo que sí, pues andan ahora con homenajes a esa poeta.

– Espera, que llamo al niño y te digo... Hijo, que estoy donde Felipe y me saca unos cuentinos, pero pone Gloria Fuertes... Sí... Tienen muchos dibujines... ¿Le digo que sí?... Vale, un beso.

– Que dice el niño que sí, que aunque ponga Gloria Fuertes le vale, pues son para recortar.

Se llevó los dos libros. Fuertes fuentes las que lleva este chaval al colé.


:: TRES ::



Fui a mi taller de siempre con la furgoneta porque no arranca.

– Buenas, que traigo la furgoneta porque no arranca bien.

– Te vi en la tele el otro día, fantástico.

– Gracias, colega, pero no arranca bien la furgoneta.

– Salías presentando un libro en Salamanca.

– Sí, salió estupendo, pero la furgoneta no arranca.

– Y te vi también en la tele cuando lo de Candelario. Qué chulo, ¿no?

– Sí, gracias. Pero la furgoneta....

– ¿Y la ONG?, ya veo que haces un montón de cosas, eso está muy bien.

– Sí, muy bien. Precisamente necesito la furgoneta para la ONG...

– Oye y la foto de La Gaceta, ¿qué me dices?, ahí con los buenos, ¿eh?

– Sí, salió chula. Mira a ver lo del arranque.

Y se fue a atender a otro cliente, y tardó diez minutos en volver.

– Oye, te veo en todos lados. Muy bien, oye, muy bien.

– Pero yo venía porque me hace falta la furgoneta.

– ¿Y qué le pasa a la furgoneta, a ver?

– Que no arranca bien.

– ¿La necesitas?

– Pues claro, ya te lo he dicho.

– A ver, arráncala.

Intento arrancarla.

– Vaya, no arranca bien.

– Si eso ya te lo había dicho.

– Ya.

– Te patina el bendix.

– ¿Y eso es bueno o malo?

– Ni bueno ni malo, te patina el bendix.

– ¿Y?

– Pues cambio del motor de arranque.

– ¿Y eso tarda mucho?

– Lo que yo tarde.

– ¿Y cuánto tardas?

– No sé. Hay que desmontar para ver la referencia de la pieza, volver a montar para que uses la furgoneta mientras viene, pedir la pieza, que venga, desmontar otra vez y cambiar la pieza... No sé, ya veremos.

– ¿Te la dejo?

– Como quieras.

– Te la dejo.

– Oye, muy guapo lo de la tele, ¿eh?

– Gracias, pero arréglame la furgoneta pronto, por favor.

– Le patina el bendix, ya sabes. Te llamo cuando esté.

Pues eso, que me patina el bendix.


:: CUATRO ::

Hace unos días vino por la imprenta una señora mayor con dos perros buscando un radiocasete.

– Mira, mi niño, tengo muchas cintas y no puedo escucharlas, y me apetece tanto volver a escuchar algunas canciones.

Le saqué tres modelos que tenía entre las cosas del mercadillo, un Aywa negro de plástico, un Sony de aquellos que tenían correa para llevar al hombro y una maravilla que me había tomado varios días de restauración para dejarlo como nuevo, un Walkman Stereo WM-1 de Sony (un icono de la marca en su época que ahora se cotiza entre 80 y 100 euros). Todos funcionaban.

– ¿Y a cuánto valen, mi niño?

– A dos euros el Aywa y el Sony de correa y por el Walkman querría sacar entre 50 y 70 €.

– Pues me quedo con el Walkman, pero te lo pago a primeros de mes, que ya sabes que los jubilados...

Yo le dije que sin problema, le puse una cinta de Soledad Bravo para que viera cómo funcionaba el aparato, le di unos altavoces y unos auriculares por el mismo precio... Ah, y le puse cuatro pilas nuevas.

–¿Y esto se puede poner a la luz, mi niño?

– Claro que sí, mire, tiene una entrada de 6 voltios, aquí le pone un transformador de ese voltaje y sin problema.

– ¿Y dónde compro yo ese transformador?

– En cualquier tienda de electricidad.

La mujer se fue tan ufana con el Walkman, no sin antes decirme que en el precio se quedaba también con la cinta de Soledad Bravo, lo que me jodió, porque era una de mis favoritas, "Canciones de la nueva trova cubana", pero accedí.

A los dos días volvió con la cara torcida y el Walkman en una bolsa.

– Aquí vendéis mierda, esto no vale para nada, lo he puesto a la luz y mira cómo ha quedado.

El aparato venía quemado, sin funcionar, y con la cinta toda enredada en el interior. Junto a él traía un transformador de 220 voltios. Lo vi y flipé.

– Pero ha quemado usted el aparato, coño. ¿No le dije que era una entrada de 6 voltios?

– Yo he ido a los chinos y lo han probado allí y me han dicho que éste cable era el suyo. Lo he puesto en casa y ya ves, una mierda de aparato. Y encima por el precio que me has cobrado.

– Ojo, que yo no le he cobrado nada aún, y el aparato se lo ha cargado usted, que de aquí salió funcionando como una maravilla, que lo probamos juntos.

– Ya, ya, pues ahí te queda esa mierda, mi niño.

Así que ahora tengo un Walkman Stereo WM-1 de Sony quemado, cuatro pilas nuevas, una cinta jodida de Soledad Bravo y un transformador de 220 voltios (que se lo dejó la señora con la bolsa)..., y un cabreo que no veas.

Manda huevos.


:: CINCO ::

Pasó a visitarme un amigo viejo que vive fuera de Béjar y se dejó unos euros para SBQ pillando algunos vinilos antiguos. Cuando terminó su búsqueda de discos, charlamos un ratito.

– Tú que vienes a Béjar de tarde en tarde, ¿cómo la ves?

– Amigo, aquí montáis una fábrica de sombreros y empiezan a nacer los muchachos sin cabeza.

Sonreí, pero con tristeza, porque es verdad.

:: SEIS ::

Llegó una señora bastante sobrada y me dijo:

– Pregunto por preguntar, porque en estos pueblecitos de provincias ya sé que no se encuentra nada. Estoy buscando un libro que seguro que no lo tiene, porque solo lo hay en librerías buenísimas de anticuario.

Le contesté:

– Seguro que no lo tengo.

– Pero si no le he dicho qué libro es. Es 'El niño de la bola', de Pedro Antonio de Alarcón, en una edición de los años 40.

– Ya le he dicho que seguro que no lo tengo. Ese título solo lo va a encontrar usted en librerías buenísimas de anticuario y esto es un pueblecito de provincias.

– Ya lo decía yo.

– Y yo.

El libro estaba a la vista en la maleta de libros viejos, pero no me dio la gana vendérselo, que llevo unos días con el humor torcido.

:: SIETE ::

Hay un tipo que viene por la imprenta con frecuencia a pillar cosas del mercadillo SBQ y siempre lo hace con afán de aprovecharse, pues en varias ocasiones se ha llevado cosas muy buenas por casi nada y luego me he enterado de que las vende multiplicando el precio por cinco.
Se presentó hace unos días y estuvo mirando un buen rato hasta que decidió qué era lo que quería, una granbandeja de alpaca para servir pescado. La cogió y me dijo convencido:

– Te dejo un euro, como siempre.

Yo, que ya estoy mosca con el tipo, le contesté:

– Sí, un euro, como siempre, pero para ti han cambiado las normas. Por cada cosa que te lleves le vamos a sumar 2 € de la gasolina que gasto para ir a buscar cacharros, 2 € de la luz que se consume en la imprenta para que puedas ver bien lo que compras, 5 € por el esfuerzo que me cuesta subir y bajar escaleras cargado, 2 € por las horas que echo a estar aguantando a tipos como tú, otros 5 € porque me sale de los cojones y 10 € de colaboración altruista con SBQ.

– ¿Estás de broma?

– Estaba de broma antes de que llegases.

La bandeja me la donó mi amigo Santos hace un par de semanas y aún sigue a la venta.


:: OCHO ::



– Mira, aquí no compras cosas, aquí colaboras con unos proyectos de cooperación con Perú.

– ¿Pero cuánto vale esa figura de madera africana?

– Vale mucho más de lo que vas a dar por ella y mucho menos de lo que se va a hacer con lo que aportes.

– ¿Pero cuánto vale?

– La voluntad, coño.
– Pero es que yo no sé lo que es la voluntad.
– A ver, ¿tú vienes a por la figura o vienes a colaborar con nuestros proyectos?
– A por la figura, que a mí los proyectos me dan lo mismo.
– Entonces son doscientos euros.
– ¡No jodas!
– Y sin joder. Son doscientos euros.
– ¿Y si es por colaborar?
– Con un euro estás cumplido.
– Pues es por colaborar. Dámela.
– Sabes qué te digo, que ahora no me da la gana. Me la quedo yo.
– ¿Y esto es una ONG? -Me dijo cabreado.
– Sí, por eso me quedo yo con la figura.

Se marchó farfullando no sé qué. No creo que vuelva a venir.

:: NUEVE ::

Estábamos charlando y Luis Pastor dijo que ya era la hora del ensayo, que tenía que ir a La Alquitara para probar sonido, así que fui con él y con Paula hasta su coche, que estaba aparcado a unos metros de la imprenta. Mientras yo le indicaba el itinerario a seguir, mi padre se quedó en la imprenta y llegaron un padre y su hijo de veinte años para comprar algunos cacharros. Le preguntaron por mí y mi padre les dijo que estaba en la calle con Raimundo Amador (como terminaba en 'or,' mi padre confundió el Pastor con el Amador). Fue escucharlo y salieron corriendo en nuestra búsqueda. El padre venía gritando "Raimundo, Raimundo" y al llegar al coche de Luis, le dijo: "Raimundo, tío, eres el mejor", y Luis, muy amable, le dio la mano. Entonces el hijo, que venía detrás, dijo: "Papa, que ese no es Raimundo". Y el padre: "Entonces, quién es". Yo le dije que Luis Pastor, y él: "y ése quién coño es"... Al final les expliqué y saludaron a Luis prometiéndole que irían a su concierto.

Ya imaginaréis que no fueron al concierto.


:: DIEZ ::



Cuando asisto a mercadillos siempre me gusta dar una vuelta para mirar lo que hay. Estaba justo en el puesto de antigüedades de los amigos Roncero y había un anciano mirando la sección de herramientas antiguas (que tienen muchas y muy curiosas, y, por supuesto, llenas de óxido). El hombre no hacía más que reírse e incluso llegó a soltar una carcajada.

Yo miraba los objetos, pero no me olvidaba del anciano, al que conozco mucho y desde hace un montón de años.
Cuando terminé de mirar los materiales que se ofrecían e inicié camino a mi puesto, el anciano fue detrás de mí, riendo a mandíbula batiente, me agarró del brazo y me dijo al oído:

– Qué mundo, Felipe, están locos. Se ponen a vender herramientas y están todas oxidadas.

Y arrancó a reírse tanto que se le saltaban las lágrimas.

Es chulo mercadillear con esta fauna.

:: ONCE ::

Justo ayer estaba haciendo mercadillo en la Plaza Mayor de Béjar y se me ocurrió poner un baulito lleno de juguetes pequeños para que enredasen los niños.
Llegaron dos niñas y un niño y movieron los juguetes durante un buen rato. Cuando tenían escogidos los que les gustaron, me preguntaron que cuánto costaban. Yo les dije que un euro por cada tres juguetes. Miraron en sus bolsillos y decidieron que tenían para comprar más, así que volvieron a enredar en el baulito. De pronto vi cómo un anciano se acercaba a donde estaban los niños y se agachaba para enredar también en el baulito. Yo miraba de lejos con una sonrisa, porque la imagen me hacía mucha gracia. De repente los tres niños vinieron corriendo hasta donde yo estaba...

– Aquel señor nos ha dicho que va a llamar a la policía porque estamos robando, y nos ha quitado los juguetes que ya habíamos comprado.

Me acerqué para hablar con el anciano, que apretaba entre sus manos los juguetitos que les había quitado a los niños y le dije que se los devolviera, que los habían comprado hacía un ratito.

– ¿Y usted quién cojones se cree que es? Estos juguetes son míos.

Intenté convencerle, pero empezó a ponerse violento, así que dejé que se los llevase y le dije a los niños que pillasen los juguetes que quisieran, que se los regalaba.

La verdad es que se fueron contentos y cargados de juguetes.

Pasada media hora, el anciano volvió a pasar, cogió otro montón de juguetines (eran muñequitos kínder, coches pequeños, cosas así), se los metió en el bolsillo de la chaqueta y se fue.

Yo pensé en los rigores de la edad y los desmanes que hacen en la cabeza.

Que Dios nos pille confesados si es que existe.


:: DOCE ::


– Buenos días, venía a que me comprase este libro del año 1830 que vale 1.200 € y se lo dejo en 1.000 € para que usted se gane 200 €.

– Mire, yo no compro libros, solo acepto donaciones para la ONG.

– Bueno, entonces se lo dono y usted me da 1.000 € cuando lo venda.

– No me ha entendido. Así no funciono, en todo caso, por curiosidad, ¿me deja que mire el valor del libro en Iberlibro?

– Claro, por supuesto.

Entré en la página de Iberlibro y enseguida encontré el título. 12 ejemplares a la venta en distintas librerías que salían entre 80 y 120 €, dependiendo del vendedor.

– Pues mire, puede verlo usted, entre 80 y 120 €.

Se ofuscó de inmediato, me arrebató el libro de las manos y me dijo:

– Ya sé cómo son ustedes, entran en internet y ponen los precios que quieren para robarnos.

Y se fue con un cabreo de mil demonios.

Lo mismo ya lo ha vendido por 1.200 €.

:: TRECE :

Estaba ayer mercadilleando en la Plaza Mayor de Béjar y le vi aparecer de pronto caminando hacia mí y sonriendo con esa sonrisa hermosa que siempre lleva puesta, era mi amigo Samba, un fantástico percusionista senegalés que conocí ya hace unos años.

- Felipe, no sabe tú que alegría verte, dame abrazo.

Y nos dimos un abrazo fuerte.

- ¿Qué es de tu vida? – le pregunté.

- Mu contento, Felipe. Acabo de vení de Senegá, he estao sei mese con la familia, Mu contento.

– ¿Y cómo por aquí, amigo?

– He traío pulsera y collare hecho en Senegá pa vendé y ganarme un poco la vida, ya sabe tú, que está mu difici.

Me dio otro abrazo y fue a pillar sitio para poner sus pulseras y su collares, y durante un ratito le perdí de vista.

Volvió de pronto, con la misma sonrisa de siempre.

– Po que me voy, Felipe.

– ¿Y eso?

– Dice señora que yo no puedo vendé.

– ¿Cómo que no puedes vender?

– Sí, Felipe, dice que no puedo vendé, que solo puede vende gente de artesano, así que me voy.

– Espera, amigo, espera, que voy a intentar solucionarlo, que lo que tú traes es todo artesanía.

– No, Felipe, de veldá, no quiero molestá a nadie, no pasa na.

Le obligué a esperarme y me acerqué a hablar con los otros mercadilleros.

– ¿Por qué no dejáis a Samba que venda?, trae artesanía de Senegal y ni siquiera le habéis dicho, como a todos los que vienen, que hay que pagar 10 € para vender y todo solucionado; es más, yo pongo ahora mismo los 10 €...

De pronto escuché por detrás a alguien que dijo: "Lo que nos faltaba, ahora el top manta", así que me cabreé y dije: "ni 10 euros ni hostias, Samba es de SBQ y se pone en mi puesto como uno más de SBQ".

Volví hasta donde mi amigo y seguía empeñado en irse.

– Yo no quiero problema, Felipe, no quiero molestá.

Y medio le obligué a quedarse.

El resto lo podéis imaginar, pues mi amigo vendió un buen montón de pulseras y collares, nos tomamos unas cocacolas con patatas abrasador y charlamos de mil cosas.

Y es que hay un jodido racismo escondido en cada uno de nosotros que es como un veneno.

Me falta explicar que antes de que llegase mi amigo senegalés, lo hicieron unos vendedores de quesos (material que hace meses se prohibió para la venta en el mercadillo artesano por parte de la organización) a los que les advirtieron del asunto, pero les dejaron ponerse a vender sin más.

En fin, que ser negro en este pueblo es un jodido handicap.

Así nos va.


:: CATORCE ::



Hay un tipo que viene todos los sábados a primera hora (no falta ni uno), mira las cosas que tengo expuestas, no compra nada y me dice:

– Felipe, ¿me das un cigarro?

Yo le doy el cigarro, pero ya le vale, coño.

:: QUINCE ::

Hay algunas personas que me dejan cosas para vender. Ponen un precio y, si se saca algo más, dejan para SBQ la demasía. Pues una de esas personas me dejó una pieza antigua de mesa y me dijo que quería sacar 10 € y el resto para SBQ.

La puse en venta y se vendió por 15 €, así que la llamé por teléfono para decirle que pasase a por sus 10 € y me dijo que eran 20 € lo que tenía que darle. Yo me quedé absorto, porque anoto lo que me dicen que debo cobrar y tenía la nota con los 10 € escritos claramente. Se lo dije y me contestó que le tenía que dar los 20 € o que le devolviese la pieza, así que solo se me ocurrió decirle que se pasase y que le daría los 20 €. Pasó a por el dinero y me dijo que para que no tuviera yo que poner, me compraba por 10 € un par de piezas de porcelana antiguas que había en el escaparate. Acepté sin más, por no discutir, y se las metí en una bolsa. Le di sus 10 € y se marchó.
Al salir de la imprenta oí un ruido de cosas rotas. Salí a ver que sucedía. Se había tropezado y las dos piezas de porcelana estaban hechas añicos en el suelo.

Yo creo que me reí sin querer..., ¿o fue queriendo?

:: DIECISÉIS ::

Hace unas semanas entró un chico jovencito con cara de intelectual y preguntó por libros de matemáticas. Entonces tenía yo una caja con los libros de matemáticas separados, y había alguno potente y otros bastante curiosos. Le dejé la caja en el mostrador y se pasó más de un cuarto de hora mirándolos con detenimiento. En un momento dado me llamó y me dijo que ya había elegido.

– "Me llevo este de Kung-fu y este otro de extraterrestres".

Echó dos euros en la hucha y se fue feliz.

Volví a guardar todos los libros de matemáticas en su caja.

Moderno.


:: DIECISIETE ::


Hace unos meses andábamos recogiendo alimentos y teníamos uno de los mostradores dedicado exclusivamente a tenerlos allí depositados. Una señora que venía de hacer la compra con dos bolsas bien grandotas llenas de alimentos, las dejó en el suelo, justo debajo del mostrador y yo, que las vi, saqué todo y lo puse junto a los alimentos que nos habían donado, pensando que era una aportación que habían dejado allí mientras yo no estaba.
Cuando la señora terminó de dar el paseo entre las cosas del mercadillo, fue a recoger sus bolsas y vio que no estaban. Su primera reacción fue decir que se las habían robado. Yo salí asustado para ver qué pasaba y me di cuenta enseguida de que había cometido un error y se lo dije.

– Respiro de alivio, hijo, que creí que me las habían quitado. Vamos a hacer una cosa, si ha sucedido esto, es que esos alimentos estaban destinados para ayudar a alguien. Los vamos a dejar donde están y yo vuelvo a comprarlos donde Fili.

Insistí en que no lo hiciese, pero su decisión fue firme.

Hay gente tan linda.

:: DIECIOCHO ::

Es tal el afán de ayudar de algunos amigos, que no hace mucho me trajeron una antigüedad en muy buenas condiciones con el comentario que sigue:

– Que no se entere mi marido, es de su colección, pero tiene tantas cosas, que esta va para SBQ sin que lo sepa.

Dios nos libre de que el buen hombre se entere. Jejejejeje.

Va un guiño de complicidad.


:: DIECINUEVE ::


Durante un mercadillo en Candelario, que son grandotes y ocupamos toda una calle, se me acercó una señora y me preguntó que cuánto costaba una sillita de paseo de bebé que había allí. Le dije que la voluntad. La señora echó su aportación en la hucha y se llevó la sillita tan contenta. Al rato apareció una chica con un bebé preguntando preocupada por su sillita –la había dejado parada para ver mejor las cosas que teníamos y se llevó al bebé en brazos–. Salí corriendo en busca de la señora que se había llevado la silla y, por suerte, la encontré.

Todo quedó en unas risas.


:: VEINTE ::


Suena el teléfono.
– Buenos días, llamaba para que me reserven cuatro metros.
– Perdón, no le entiendo.
– Sí, llamaba para que me reserven cuatro metros para el mercadillo del sábado. ¿A cuanto cobran el metro?
– Creo que se ha equivocado.

– A ver, ¿es el 923402161?

– Sí.

– Pues quería que me reserven cuatro metros.

– Verá, esto es una imprenta y una ONG.

– Claro, si me lo han dicho, me han dado su número para lo de los mercadillos.

– Verá, yo hago un mercadillo los sábados en la imprenta para nuestra ONG.

– Pues eso, yo necesito cuatro metros, que vendo pastas artesanas.

– No, se equivoca, es un local privado y no alquilamos metros.

– Ya me habían dicho que los de Béjar no dejan entrar en sus mercadillos a los de fuera, hay que joderse.

– Vamos a ver, una cosa es el mercadillo semanal que organiza el ayuntamiento los jueves, otra cosa es el mercadillo artesano de la Plaza Mayor, que son los primeros sábados de mes. Usted se referirá a esos. Lo nuestro es algo privado en un local nuestro.

– Ya, ya, benditos gilipollas. No se da cuenta de que todos tenemos que comer. ¿No se da cuenta, eh?

– Que se está usted equivocando.

– Se equivocará su puta madre...

Y me colgó.

A veces también llaman para reservar habitación.


:: VEINTIUNO ::



En todo el tiempo en el que me he dedicado a la cooperación, que son ya muchos años sumando SBQ, MPDL y Ayuda en Acción, hay una serie de tipos estándar que se van repitiendo y que he ido anotando en una lista:

1. EL CONSTANTE: que se vuelca ante cualquier llamada y siempre está dispuesto a echar una mano, del tipo que sea. Trabaja, hace publicidad constante, está siempre en disposición para lo que se precise y aporta todo lo que puede y más (imprescindible)

2. EL INCONSTANTE: se vuelca a tope solo cuando hay alguna campaña notoria o alguna emergencia. Luego desaparece hasta el siguiente impulso (imprescindible)

3. EL ANIMOSO: está siempre ahí para animar, pero solo para animar (se agradece).

4. EL CRÍTICO POSITIVO: echa una mano, pero siempre hace énfasis en los defectos y en los errores cometido (de este se aprende mucho, pero a veces agota).

5. EL CRÍTICO NEGATIVO: nunca echa una mano, pero patentiza constantemente cualquier fallo o error (sobra).

6. EL APROVECHADO: colabora siempre que saque algún beneficio patente (sobran y hay muchos).

7. EL ANÓNIMO: colabora sin que nadie se entere y, como mucho, anima con mensajes privados (imprescindible)

8. EL FIGURÓN: Nunca colabora, pero procura aparecer constantemente en todo lo que se hace con comentarios positivos que sugieren la idea de que colabora. (inocuo y a veces cansino).

9. EL AVERGONZADO ENCANTADOR: colabora con poco, pero con más de lo que puede y se avergüenza por no poder colaborar más y mejor (imprescindible).

10. EL ADULADOR: colabora alguna vez, pero siempre te dice lo bueno que eres y lo bien que lo haces, esperando (se nota mucho) que tú le digas lo bueno que es y lo bien que lo hace (se agradece si no hay exceso).

11. EL IDEÓLOGO POSITIVO: colabora y aporta ideas nuevas para mejorar (imprescindible).

12. EL IDEÓLOGO NEGATIVO: nunca colabora porque desde su punto de vista habría que hacer las cosas de otra forma (sobra).

13. EL SENSIBLÓN: colabora bien solo cuando hay alguna campaña que le emociona. Luego se olvida (imprescindible).

14. EL FAN: Colabora constantemente y se ocupa de que se entere de cada proyecto todo el mundo. Siempre está pendiente de lo que se hace aunque viva lejos (imprescindible)

Hay algunos tipos más que iré anotando con el tiempo.

Abrazos.

:: VEINTIDÓS ::

Se presentó en la imprenta con una sonrisa de oreja a oreja y con un cuadro enorme que había pintado.

– "Vengo a donarte este cuadro para SBQ, Luis Felipe. Es una de mis mejores obras".
– "Jo, muchas gracias, amigo. ¿Qué te parece que hagamos?, lo subastamos, lo ponemos en venta directa o lo sacamos a sorteo.
– "Bueno, una cosa sí te digo, este cuadro vale por lo menos tres mil euros y no me gustaría que se pagase menos por él. Ya sabes que siempre he pensado que hay que dignificar el arte y el trabajo del artista...". Y me colocó un rollo largo, largo, sobre la vocación, el trabajo artístico, la lucha por conseguir originalidad...

– "Pues mira, yo no lo veo, colega. En cualquiera de las opciones que te he dado, y te lo digo por experiencia, sacaremos como mucho entre 300 y 500 €".

– "Ni mucho menos, por esa cantidad no se puede vender una obra mía".

– "Pues entonces creo que es mejor que te lo lleves. Yo agradezco mucho el detalle, pero esto es una ONG y no una galería de arte. Aquí la gente se expresa como puede, y lo hace fundamentalmente para ayudar".

– "¿Entonces no lo quieres?"

– "Claro que lo quiero, pero entiende que con las condiciones que pones, me vas a terminar metiendo en un lío del que seguro te enfadarás conmigo".

– "Es que mi cuadro vale más de tres mil euros".

– "Ya, pero yo te aseguro que no voy a poder sacar esa cantidad".

– "Entonces es que no lo quieres".

Pilló el cuadro con un enfado considerable, se lo llevó y no he vuelto a saber de él.

Esto a veces es bien difícil, coño.


:: VEINTITRÉS ::

...

– "Qué sacas tú de todo esto?"

– "No lo sé realmente, pero me siento vivo".

– "¿Cuántas horas le echas a la gestión de SBQ?

– "Todas y ninguna, porque disfruto y no mido el tiempo como gasto".
– "¿Sientes el apoyo de la gente?".
– "Totalmente, y eso me anima a continuar cada día".
– "¿Algún contratiempo que te moleste o que ponga freno a tu labor?"
– "Si quieres que te conteste a esta pregunta, voy a exigirte que pongas todo lo que te diga al pie de la letra".
– "No hay problema".
...

Le contesté a la pregunta y me prometió que saldría publicada toda la entrevista al completo en la próxima edición del domingo de su periódico.
Han pasado como 8 meses y aún no ha sido publicada.
Es un diario nacional.

Medios.

:: VEINTICUATRO ::

– "¿Esto a dónde va?", me preguntó.
– "A Perú", le dije.
– "Esos son todos indios cabreaos".
Le rogué que devolviera los dos libros que llevaba en la mano.
Se fue farfullando una perorata. Yo creo que me llamó de todo.

Aire.


:: VEINTICINCO ::



(Esta anécdota tiene un fuerte componente local).

Estaba la mesa llena de libros y un tipo ya mayor los miraba con detenimiento. Tomó un ejemplar de Ardor guerrero, de Antonio Muñoz Molina, y se dirigió a mí con el libro en la mano.

– No sabía yo que el hijo de Evelio escribía.

Yo no tenía ni idea de lo que me estaba diciendo. Él continuó.

– Parece mentira que dedicándose siempre a las gaseosas te salga un hijo escritor.

Entonces entendí que se refería a Evelio Molina, uno de los dueños de la fábrica bejarana de Carbónicas Molina. Intenté sacarle de su error, pero no me hizo caso.

Se llevó el libro y me dijo: "Cuando vea a Evelio se lo doy para que su hijo me lo dedique".

Hasta ahora.


:: VEINTISÉIS ::



Dos mujeres mayores entraron a la imprenta. Llovía bastante y se pasaron un buen rato mirando lo libros. Una de ellas se jactaba de que había leído todos los libros y le iba contando a la otra, que no abrió la boca en todo el rato, de qué trataba cada libro. Cuando llegaron hasta un ejemplar de Pantaleón y las visitadoras, le dijo: "Este libro sí que es bonito, trata de un grupo de chicas que trabajan vendiendo perfumes por las casas y del dueño de la empresa. que tiene líos con todas. ¿Te acuerdas de lo de AVON?, pues algo parecido. Es muy bueno, muy bueno".

Cuando amainó, se despidieron y, desde entonces, vienen de vez en cuando a pasar un rato.

Nunca se han llevado nada.

:: VEINTISIETE ::


Vino un gitano mercadillero que vende libros a un euro. Entró con superioridad en la imprenta, miró los libros que tenía y me dijo: "Caballero, me llevo todos por diez céntimos". Sonreí, saqué diez céntimos de mi bolsillo y los metí en la hucha SBQ. "Por diez céntimos me los quedo yo", le dije. Se fue con gesto de enfado y volvió a los cinco minutos. "A ver si me entiende, caballero, le doy diez céntimos por cada uno de los libros. No hay más de 800 libros ahí, así que le doy 80 € por ellos". Me hizo gracia y le dije que si había 800 libros, se los vendía a diez céntimos, pero si había el doble como mínimo, se los vendía todos a un euro el ejemplar. Sonrió con cara de vencedor, me dio la mano para cerrar el trato y se puso a contar. Cuando iba por quinientos libros no había pasado todavía el primer mueble de los doce que contienen los libros (y están colocados en doble fila) y paró de contar. "Le doy 150 € y no cuento más caballero". "Un trato es un trato, y has perdido, ¿quieres que te diga los que hay?", le dije. "Mejor lo dejamos para otra ocasión, que ahora tengo prisa", me contestó y se fue.

No cumplió su palabra, y es raro en un gitano, ¿o no?

En ese momento contábamos en nuestros anaqueles con más de 7.000 volúmenes.

:: VEINTIOCHO ::


Me llamó una señora para que fuera hasta su domicilio a recoger unos libros que nos donaba. Fui.
Al entrar en la casa, había dos cajas grandes llenas de libros junto a la puerta. La señora me dijo que me los podía llevar. Cuando estaba ya con la primera caja cargada y a punto de meterla en el ascensor, salió su marido y me preguntó que qué hacía. Le explique que estaba recogiendo unos libros que nos había donado su esposa. Me dijo que me esperase un momentito y entró a la vivienda buscando a su mujer. Los oí discutir vivamente durante un buen rato.
El hombre salió y me dijo que los libros se quedaban en casa. Di las gracias y salí pitando.

Cómo estela mundo del matrimonio, coño.


:: VEINTINUEVE ::



Era un tipo bien parecido y se le notaba culto. Me saludó y me preguntó si tenía novelas de contenido erótico, "incluso de sexo duro", me dijo, y con la letra grande.
Yo le dije que quizás había algo, que se lo buscaría.
Sonrió y me dijo:
– "Le noto sorprendido, pero se va a sorprender más cuando le diga que son para mi madre, que tiene ya 87 años y ahora le ha dado por leer estas cosas. Y sabe qué le digo, que a mí me parece precioso comprarle este tipo de libros a mi madre. Ella me dice que le da un poco de pudor y me utiliza. Yo, encantado".

Le encontré una edición de Justine con la letra enorme. Me pareció tan bonito, que le regalé una edición particular de los sonetos pornográficos de Giorgio Baffo para que se la hiciese llegar a su madre de mi parte.

Me encanta la gente vital.


:: TREINTA ::



Vino una señora y me preguntó que si recogíamos cosas. Le dije que sí, que de todo, menos ropa.

– "Es que tengo la casa llena de mierda y te la voy a traer toda".

– "Hombre, si es mierda, mejor la tira usted directamente al contenedor" –le dije en tono de broma.

No me entendió, aunque yo a ella sí que la había entendido.

– "¿Viene una a ayudar y la tratáis así?"
– "Discúlpeme, por favor, pero es que el idioma tiene estas cosas. Analícelo bien y luego me cuenta".

Nunca llegó traer la 'mierda' que llenaba su casa.

:: TREINTAIUNO ::

Entró en la imprenta un tipo de mediana edad y se dirigió a mí con una nota en la mano.
– "Buenos días, me dice mi hija que si tiene un libro que se titula Rojas, que se lo han pedido para hacer un trabajo en clase".
Yo pensé y no me sonaba ese título para nada, y se lo dije.
– "Si lo traigo apuntado aquí, es de una escritora que se llama... mmm... –leyó la nota con dificultad–... Celestina parece que pone".

– "Coño, La celestina, de Fernando de Rojas". Contesté enseguida.

– "No, aquí pone Rojas. Mejor lo dejo y se lo consulto a mi hija".

Flipando que me quedé.


:: TREINTAIDÓS ::



Hace un par de semanas vinieron dos señoras con unas bolsonas grandes llenas de cacharros para donarnos. Entre ellos venía una gran olla eléctrica sin estrenar. Les di las gracias y se fueron sonriendo.

A los dos días, volvieron las dos señoras con idea de comprar alguna cosa. Estuvieron mirando más de media hora y me llamaron. Una de ellas se dirigió a mí con la olla en la mano y me dijo: '¿Cuánto por esta olla eléctrica? Tenía tantas ganas de encontrar una así'. Yo le dije que la voluntad y apunté: 'si la trajeron ustedes hace un par de días'. Ella me miró asombrada y me dijo: '¿Yo?... Oye, pues lo mismo, que tengo la cabeza en otra parte'. Le dije que se la llevase y que no echara nada en la hucha. Ella me contestó que de ninguna manera. Echó en la hucha su colaboración y se fue tan ufana, con la olla que tanto deseaba, acompañada de su amiga.

Divinas.

:: TREINTAITRÉS ::

Hace un par de meses decidí hacer un día especial regalando un libro a todo el que viniese a visitarnos al mercadillo. Aquel día entró por primera vez una viejita que vive a la vuelta de la calle (una viejita adorable, todo hay que decirlo). Pidió su libro de regalo, pero me indicó que fuera con letra grande. Le busqué un libro con letra grande y se lo llevó. Desde aquel día, la viejita viene a cada uno de los mercadillos a buscar su libro de regalo. Yo ya tengo preparados libros con letra grande y, en cuanto entra, le doy uno de ellos. Se va feliz, aunque no sabe que la promoción solo era para el mercadillo de aquel día.

Y yo también feliz, coño.


:: TREINTAICUATRO ::



Desde hace ocho o nueve meses, siempre que hago mercadillo en la imprenta, viene una señora como de unos 60 años y me pregunta: "¿Tiene tenedores?". Siempre le digo que no, porque no entran tenedores. Se va sin más.


:: TREINTAICINCO ::

Hace unos meses, mi amigo Venancio me contó una práctica mercadillera gitana que le había enseñado un gitano de Salamanca. El gitano le dijo la frase mágica para los mercadillos: "Si no vendes, compra". Me gustó la frase y la recordé en el siguiente mercadillo, que fue un verdadero fiasco, y no solo la recordé, sino que la puse en práctica. Esperé al final de la jornada y, cuando los mercadilleros empezaban a recoger, me acerqué a uno de ellos que tenía una pieza muy interesante y le pedí precio por ella. Me dio un precio alto que no me interesó, pero al verme aflojar, empezó a bajar el precio. Recuerdo que era una máscara de gas de la Segunda Guerra Mundial. El caso es que el hombre quería llevarse algo de dinero y me la vendió muy barata sin que yo hiciera nada (no sé regatear, nunca he sabido). Invertí en esa pieza la mitad de lo que había sacado vendiendo libros y la puse en venta por internet al llegar a la imprenta. La vendí enseguida por el triple de dinero sin ponerle precio, ya que la puse en el sistema de 'tú pones el precio'. Desde entonces, cuando los mercadillos van mal, invierto a última hora en alguna cosa que me guste y siempre arreglo un poquito el día SBQ. Recordad la frase gitana: "Si no vendes, compra" (Oliva es testigo reciente de lo que cuento).

:: TREINTAISÉIS ::

Hace unos meses tenía un baúl precioso y dos damajuanas antiguas. Estaba de mercadillo con esas dos piezas y se presentó un matrimonio mayor que enseguida se mostró muy interesado por las tres piezas. Me preguntaron precio y acordamos, después de negociar un montón de rato, que se lo dejaba todo en cincuenta euros. El señor me dijo que no habían venido a Béjar en su coche y que no se lo podía llevar en ese momento, pero que se pasaría en un par de semanas a recogerlo con su furgoneta. Yo le dije que se lo guardaría y él me propuso entregarme una señal. Yo le dije que no hacía falta, pero él se empeñó en hacerlo. Sacó de su billetera un billete de 50 € y lo partió a la mitad, me entregó una de las mitades y me dijo que cuando viniera a por los materiales, me entregaba la otra mitad del billete. Y así lo hizo.

Divino.

:: TREINTAISIETE ::

Durante un mercadillo, apareció un gitanillo al que se le había quedado parado el coche al lado de la imprenta y no podía arrancarlo porque se había quedado sin batería. Me dijo que si le ayudaba a empujarlo. Como yo tenía mi furgoneta al lado, la acerqué hasta su coche e hicimos esa historia de poner las pinzas de una batería a otra. El coche del gitanillo arrancó y el muchacho se fue apurado para que el coche no se parase de nuevo.
Pasaron unos cuatro días y, mientras estaba trabajando en la imprenta, apareció el gitanillo. Traía una silla de automóvil para bebé y una trona en buenas condiciones. Me dijo "Usted me ayudó el otro día y yo le traigo estas cosas de mi hijo, que ya no las usa. Los gitanos somos siempre bien agradecidos". Nos estrechamos la mano y no he vuelto a verle.

:: TREINTAIOCHO ::

Entre las cosas que recibimos para los mercadillos, había una botella antigua de litro de tinta Pelikán negra. Durante uno de los mercadillos la puse en el exterior de la imprenta para que luciese y me relajé hasta que empezasen a llegar personas a visitarnos. Al rato se llenó de gente la imprenta y había que atender al personal, por lo que no vigilaba el exterior, donde había puesto una mesa con cosas antiguas (incluida la botella) y unas cuantas cajas grandes llenas de juguetes para que los niños enredasen con ellos. De pronto oí un grito y salí al exterior acompañado de algunas de las personas que estaban comprando. Sonó como cuando ha habido un accidente. Al salir, me encontré con una mamá dándole cachetes a un niño como de 6 años y me puse por medio para que parase. Estaba fuera de sí. El niño había cogido la botella de tinta, la había abierto y tenía una enorme mancha negra en su camisa y otra que le cubría medio pantalón.

Se lo llevó dándole golpes en el culo mientras todos los que estábamos allí intentábamos recordarle que era un niño y que estas cosas pasan y luego se recuerdan con una sonrisa. La ropa, inservible.

La culpa fue mía, claro.

:: TREINTAINUEVE ::

Un día, charlando con un tipo extraordinario, se nos ocurrió apoyar a SBQ con una acción literaria y, sin más, creamos el sello "El brut de los corazones solidarios". Ese tipo era el gran Hugo Izarra. Publicamos dos libros de poesía realmente hermosos con vuestro apoyo. Luego llegaron otros dos tipos grandísimos para continuar aquel precioso proyecto, el enorme poeta Pedro Ojeda Escudero y el incalificable (de bonito) Javi Viadero... Al poco, el propio Pedro Ojeda rizó el rizo revitalizando mi viejo sello editorial 'Libros del consuelo' con un poemario delicioso, poniendo toda la carne en el asador y un montón de apoyo impagable a SBQ... y le siguieron los magníficos poetas Antonio Del Camino Gil y Paco Castaño (que ahora repite en nuestra editorial)... Nueve libros fantásticos, en tres años, fruto de la impronta solidaria de sus autores.

Solo puedo mostrarles mi agradecimiento entero y un cariño inexpresable.

El Humanismo pequeñito tiene estas cosas tan chulas.

:: CUARENTA ::

Hace unos meses vino una señora para dejarme una lista de libros, que le había encargado su hijo, con el fin de que se los buscase y ella pasaría en unos días a recoger los que encontrase. En la lista me apuntaba títulos, pero no autores (aún la tengo sobre mi mesa entre todos los papelotes). Yo me puse a buscar en las estanterías y encontré seis libros de la lista, que contenía nueve títulos.

Al cabo de unos días, volvió la señora y le entregué los libros que había localizado (todos eran historias juveniles de aventuras, del espacio...) y le comenté los títulos que no había encontrado, entre ellos uno que rezaba "Yo robo". Llamó por teléfono a su hijo para darle detalle de lo encontrado y le comentó los libros que faltaban. Al decirle el título de "Yo robo", la señora comenzó a reír abiertamente y colgó el teléfono. "No es 'Yo robo', es 'Yo robot". Debo haberme confundido al escribirlo". El libró de Asimov sí que lo tenía. Se lo busqué y celebramos el equívoco.

:: CUARENTAIUNO ::

Estábamos trabajando hacía unas semanas en el proyecto para pagar recibos de luz a familias necesitadas de Béjar y entró a uno de los mercadillos de la imprenta un tipo al que conozco de vista y al que tengo bastante ubicado ideológicamente. Se dirigió a mí y me dijo que quería pagar un recibo de luz y yo le indiqué que teníamos habilitadas unas huchas que nos había donado La Caixa y que en ellas podía depositar su aportación. "No –me dijo–, yo quiero pagar un recibo de luz a una familia concreta, que vengan aquí con el recibo, yo lo veo y se lo pago". Entonces le expliqué que la cosa no funcionaba así, que todo se hacía con sigilo para que nadie se enterase de quiénes eran las familias necesitadas y así proteger su intimidad, pero que yo tenía un listado de entregas con copia de cada uno de los recibos y los justificantes de pago... "Enséñame ese listado", me increpó. Yo le repetí que era absolutamente privado y que no se lo iba a enseñar, que tan solo lo haría bien con el permiso de las familias afectadas o bien por mandato judicial o similar. Entonces el tipo comenzó a insultarme con genéricos que no pude soportar y terminé echándole de la imprenta. Cuando se fue, rompí una de las huchas contra la pared de pura rabia y decidí darle final a aquel proyecto bajo el convencimiento de que en este pueblo es muy difícil hacer trabajo de cooperación.

Hay lo que hay.

:: CUARENTAIDÓS ::

Entre los cientos de donaciones que nos habéis hecho durante este tiempo cooperativo, hay muchas cosas muy curiosas. Voy a tirar de memoria:
• Una colección de revistas porno de travestis.
• Dos orinales (uno usado y uno nuevo) y un 'conejo' de hospital.
• Un móvil en uso... Luego vinieron a buscarlo.
• Un libro con un billete de 20 € como separador.

• Un par de botas de ski de distinto número y las dos del pie derecho.

• Un caballo balancín de madera espectacular.

• Una colección completa de las pelis de James Bond.

• Varios libros míos dedicados... Jejeje.

• Un diablo de peluche con un pene monstruoso.

• Un lote completísimo de productos eróticos.

• Un casco de la Segunda Guerra Mundial.

• Una colección de la revista nazi Der Adler.

• Una vaina de una enorme bala antiaérea.

• Un paquete de bragapañales para adultos.

• Una camiseta del Madrid firmada por Cristiano Ronaldo.

• Una caja de seis calzoncillos con 'pitera'. Fantásticos.

• Una vaca de peluche tan alta como yo.

• Un colchón usado con sospechosos cercos.

• Un muñeco de Franco impresionante.

• Una bendición papal de Juan XXIII con los sellos vaticanos.

• Un misal antiguo lleno de estampas de Cristo y la Virgen y dos pequeños calendarios de mujeres desnudas.

• Una antigua botella de anís con su contenido y los sellos oficiales que fui incapaz de localizarla en internet.

• Tres antiguos póster de pin up americanos.

• 1 album completo de cromos MAGA de los años 70.

• Unas zapatillas de fútbol firmadas por un jugador desconocido.

• Un lote de tapones metálicos herméticos para latas de cerveza.

• Una soga grusa de más de 20 metros.

• Las polainas de cuero de un general de principios de siglo XX.

• Una colección de cartas de amor firmadas en los año 30.

• 200 postales eróticas de los años veinte.

• Una caja enorme de libros de cuentas usados en los años 40-50... Todos con lomo y esquinas de cuero.

• Unos zapatos de payaso.

• Un gorro ruso de piel de visón.

• Un zorro disecado.

• Diez timbres antiguos de bicicleta.

• Un enorme cohete de Tintín (el del viaje a la Luna)

• Un billete falso de 5000 pesetas.

• Una bolsa de ojos de muñeca.

• Un cartón de tabaco cubano antiguo en perfecto estado.

• Cuatro jugadores de futbolín de hierro.

Ya sigo enumerando en otro post, que hay muchas cosas estupendas.

:: CUARENTAITRÉS ::

Como muchos sabéis, el que suscribe es fumador compulsivo. Bien, pues un día entraron a un mercadillo de la imprenta dos mujeres de mediana edad. Nada más cruzar el umbral de la puerta, una de las mujeres dijo : "Aquí huele a tabaco". Yo le contesté sonriendo: "Es que este local es zona franca para fumadores y para personas con perro". La mujer no me miró bien del todo, pero entró al local para ver qué teníamos. Durante toda su visita no hacía más que comentarios en alto sobre lo malo que era el tabaco, sobre que la ley protegía a los no fumadores y sobre la mala educación de los fumadores. Yo, un poco preocupado por la situación, fui a pillar un spray antiolor que guardo en el baño, uno de esos sprays que huelen peor que el tabaco, pero huelen a otra cosa. Sin más, rocié toda la imprenta de aquel olor. La mujer, entonces, dio un giro brusco a su discurso: "No sé qué es peor, si molestar fumando o cargarse la capa de ozono". Pasó como un cuarto de hora mirando libros y repitiendo comentarios similares en alto.

Compró tres libros por fin y me preguntó el precio mientras me comentaba que ella solo leía libros físicos, en papel, que los libros digitales eran un invento absurdo. Yo le dije: "Son tres euros y una lágrima de un árbol". Me entendió enseguida. Tomó sus libros, avisó a su compañera de que ya se iba y se despidió con mucha educación.

A veces es mejor guardar la piedra en el bolsillo y no lanzarla.

:: CUARENTAICUATRO ::

Durante varios mercadillos recibí la visita de una chica que miraba los libros y, de cada tirada, me compraba quince o veinte ejemplares. Primero buscaba un ejemplar muy específico (de medida) y para escogerlo sacaba una cinta métrica y medía el largo, el ancho y el alto del libro. Una vez que encontraba el ejemplar ideal, le servía de unidad y con él iba pillando el resto de libros, que tenían que ser iguales de tamaño. No importaba el contenido del libro. Le pregunté y me explicó que hacía muebles con libros. Me enseñó algunas fotos que llevaba en su teléfono móvil de sus muebles. Os juro que eran una pasada.

Cultura y eso.

:: CUARENTAICINCO ::

Durante un mercadillo en la Plaza Mayor de Béjar, se presentó un tipo bien trajeado y me preguntó por el precio de los libros. Yo le dije que salía a un euro cada ejemplar y comenzó a mirar. Cada vez que pillaba un libro que le gustaba, le hacía una foto, accionaba en su teléfono durante un ratito y luego sonreía. Se pasó prácticamente la mañana entera comprando y terminó llevándose más de 100 libros. De estar tanto tiempo en el mercadillo, terminamos charlando y me confesó lo que estaba haciendo. Cada vez que encontraba un título adecuado, lo subía a su Twiter y lo ponía a 3 €. Me enseñó el resultado de la mañana y había vendido más de 30 libros de los que había subido. Me explicó que ganaba dinero así, visitando mercados y haciendo ventas rápidas por Twiter de todo tipo de cosas.

Volvió un par de veces más a los mercadillos, pero hace unos meses que no viene.

Un campeón.

:: CUARENTAISÉIS ::

Vino una mamá al mercadillo con el encargo de su hijo de comprar el "Diccionario Escobar", que había pasado antes por la Plaza Mayor y lo había visto en las escaleras de la iglesia expuesto. Yo miré y miré, porque no me sonaba ese diccionario. Le dije que no lo tenía y la mamá llamó por el móvil a su hijo, que la sacó enseguida de su error. Me dijo: "Qué tonta, era un diccionario escolar".

Divina.

:: CUARENTAISIETE :

Entre las múltiples anécdotas de títulos de libros y autores, una que me gusta mucho es la de una señora que se llevó "La aventura equinoccial de Lope de Aguirre", de Ramón J. Sender, y vino a devolverlo porque lo compró pensando que era la biografía de Esperanza Aguirre.

:: CUARENTAIOCHO ::

Hace unos meses, estaba haciendo mercadillo en la imprenta y entró un chico como de 25 años acompañado de una señora muy mareada. El chico me dijo que la señora se encontraba mal, así que saqué una silla para que se sentase y le di un vaso de agua. La mujer bebió el agua a sorbitos y solo agarraba la mano del chico mientras le decía. "¡Ay!, hijo... ¡Ay!, hijo...". Después de descansar un buen ratito, la señora pareció calmarse y, cuando quise darme cuenta, el chico no estaba. Yo hablaba con ella para tranquilizarla y le preguntaba que si quería que la llevase al hospital. Entonces me dijo que sí, que por favor la acercase a urgencias. Yo le pregunté: "¿Esperamos a su hijo o nos vamos ya?". "No, si ese jovencito no es mi hijo, yo soy viuda y vivo sola, hijo".
Ahora el hijo era yo.
Cerré el mercadillo y la acerqué en la furgoneta hasta urgencias.
Cuando la dejé allí, me tiró un beso con la mano, mientras me decía: "Adiós, hijo, muchas gracias".

:: CUARENTAINUEVE ::

Hace unos meses vino un gitanillo a uno de los mercadillos que hago en la imprenta y preguntó por un teléfono manos libres que tenía en el escaparate. Yo le dije que costaba un euro y le pareció estupendo. Se lo saqué del escaparate y lo estuvo mirando (la verdad es que estaba como nuevo, era un Siemens). Pagó el euro correspondiente y se lo llevó. No había pasado media hora, cuando estaba otra vez el gitanillo con el teléfono en la mano: "Ay, señor, que lo he puesto y no funciona, no suena la llamada". Yo tomé el teléfono, lo revisé y vi que estaba en perfectas condiciones, así que le dije que me acompañara, desconecté uno de los teléfonos de la imprenta y conecté el Siemens. Hice una llamada y funcionaba perfectamente. Se lo dejé para que comprobara que funcionaba y se quedó asombrado: "Ay, pues sí que funciona", y se lo volvió a llevar muy sonriente. Al cuarto de hora estaba otra vez con el teléfono y con el "Ay, miré, señor, que no me funciona el teléfono". Entonces le pregunté que si tenía línea en casa. "Ay, pues claro, señor, pero el teléfono dejó de funcionar hace dos semanas". "¿Y llamaste a la compañía?". "Ay, pues claro que llamé desde el móvil, y decían que tengo que pagar no sé cuánto, y vi el teléfono del escaparate y ya está, pa dárselo a esos ladrones, se lo doy a usted, señor, que va pa los pobres, ¿no?".

El pobre pensaba que, cambiando el aparato, ya iba a tener línea, y me costó un buen tiempo hacer que lo comprendiera, y cuando lo comprendió, me dijo: "Ay, señor, pues deme el euro, que no quiero el teléfono". Y se lo di.

:: CINCUENTA ::

En la misma línea que la anécdota anterior (hay muchas sobre confusiones en nombres y obras, y algunas muy divertidas), una señora se interesó en un mercadillo sobre un autor al que llamaba 'El Gordo'. Me dijo: "Firma siempre así y es muy entretenido. Yo he leído dos libros suyos, uno que va de un médico y otro de un brujo". Después de darle muchas vueltas y de que me explicara el contenido de los libros que había leído, me di cuenta de que me hablaba de Noah Gordon.

No le pude servir, porque no había entonces ningún título de Noah.

:: CINCUENTAIUNO ::

Durante un mercadillo que hicimos en la Plaza Mayor, un señor mayor con bastón se dirigió a mí y me dijo: "¿No tendrá usted un libro de Julio Verne que se titula 'Las caras'?". Yo, que soy coleccionista loco de Verne, me quedé flipando. No había oído hablar jamás de ese título en la obra de Verne, así que le contesté: "¿No estará usted confundido y será otro título, que Vernetiene mucha obra?·. Y me respondió: "Sé de seguro que se titula 'Las caras', y va de unas caras que aparecieron en una casa misteriosamente". Enseguida se me encendió la luz en la cocorota y me di cuenta de que el hombrito buscaba "Las caras de Belmez" y no "Las caras de Verne". Justo había el antiguo ejemplar de una revista "Karma 7" que hablaba del tema y tenía una de las caras en cubierta y se lo vendí.

Se fue feliz.

:: CINCUENTAIDÓS ::

Hace unos meses tenía un antiguo crucifijo labrado de metal sobre terciopelo rojo en el escaparate. Un amigo me explicó que era un bendicional que se ponía antes en la entrada de las casas. Un día entró a la imprenta un señor con muy buena pinta y me preguntó por el crucifijo. Yo le dije que lo vendía por 5 €. Él me dijo: "He visto en el escaparate que los fondos son para unaONG". Yo se lo confirmé y le expliqué un poquito lo que hacíamos. El señor, entonces, me contestó: "Verá, voy a salir a mirar de nuevo el crucifijo en el escaparate y vuelvo a entrar". Salió, Entró de nuevo y saludó como si fuera la primera vez y dijo: "Por favor, me saca el crucifijo del escaparate, el que está sobre terciopelo rojo". Yo asentí y lo saqué pensando que me daría a cambio los cinco euros que le había indicado antes. Sacó su billetera y me entregó 50 €. Yo hice ademán de darle la vuelta y él me detuvo: "¿No es esto una ONG?, pues las cosas deben venderse un poco por encima de su precio real". Le di las gracias y ahora viene una o dos veces al mes para ver qué tengo. Siempre compra algo.

Increíble.

:: CINCUENTAITRÉS ::

Hay un tipo que viene con mucha frecuencia buscando libros sobre Franco, títulos de Ángel Palomino y de Pío Moa, documentos antiguos del periodo franquiista, libros de Fraga Iribarne..., ya podéis imaginar. Siempre me dice cuando echa sus monedas en la hucha: "Con Franco vivíamos mejor" y yo siempre le contesto: "Sí, seguro que con Franco vivíais mejor". Él sonríe, se despide con amabilidad y se marcha con sus libros.

La vida.

:: CINCUENTAICUATRO ::

Cuando hago mercadillo en la imprenta, suelo poner música de mis tiempos de estudiante porque me pone gatinín y eso me gusta. Un día tenía puesto a Raimon, exactamente su versión en catalán de "Te recuerdo Amanda" y entró un tipo algo mayor que yo, miró los libros un ratito y de pronto se dirigió a mí: "¿Es Víctor Jara, verdad? No se me olvida que le escuché cantar en directo esta canción en Rivadesella. Fue emocionante". Yo le expliqué que era Raimon y que el disco era un concierto en directo que dio en el campus de Bellaterra, y que era casualidad que en el concierto que ofreció Raimon en el faro de Rivadesella, estaba yo, un concierto que acabó con los grises corriendo detrás de todo el mundo". El tipo se ofuscó un poco y me respondió: "Pues yo vi a Víctor Jara cantar en Rivadesella, sería otro concierto". Yo le repliqué: "Me extraña mucho, pues lo asesinaron en el 73 y antes es difícil que hubiera cantado en España". Y el tipo: "Yo lo vi, estuve en ese concierto". Dejé el tema y él volvió a mirar los libros. Al rato me dijo: "Te compro esa cinta (era una cinta de cassette) por 5 euros". Yo le dije que se la regalaba, que tenía un par de ellas más del mismo concierto. Me dio las gracias. Le entregué la cinta. Cuando se iba, volvió sobre sus pasos y me dijo: "¿Sabes?, siempre mentí mal, lo siento". Yo le contesté: "Para mentir, a veces, hay que estar muy puesto y verificar que al que le vas a mentir no tiene ni idea del objeto de la mentira". "Es verdad", me dijo. Me dio un apretón de manos y se fue.

:: CINCUENTAICINCO ::

Un día vino a nuestro mercadillo una señora preguntando por flotadores. Los había de todo tipo en aquella ocasión, pero los teníamos deshinchados para que no abultaran. De pronto la señora se quedó prendada de uno de los flotadores y me dijo: "Me lo podría hinchar, que yo no puedo". Se lo hinché hasta quedarme sin aire (soy fumador enfermizo, imaginad) y escogió otro y me pidió de nuevo que se lo hinchase, así hasta tres flotadores. Cuando tenía los tres flotadores hinchados, me dijo que si podía sacarle una silla. Yo entré a la sala de máquinas de la imprenta, sin aire, como imaginaréis, y le saqué una silla. Puso el primer flotador en la silla y se sentó sobre él, se movió a un lado y a otro..., y repitió lo mismo con los otros dos flotadores. Cuando terminó, me dijo: "Me quedo con el amarillo, que parece que es el que me va mejor para las hemorroides".

Y todo por un euro, jajaja.

:: CINCUENTAISÉIS ::

Mi padre, que además de ser el músculo de SBQ, es un crack, atendió un día a un señor que preguntaba si teníamos algún libro de José Luis Sampedro y le sacó toda la colección de biblias y de misales que tenemos, mientras le decía: "Seguro que aquí encuentra algo".

El tipo se quedó encantado y se pasó más de un cuarto de hora charlando con mi padre.

Es mundial.

:: CINCUENTAISIETE ::

Hace unos meses, durante un momento duro de SBQ (un momento en el que habíamos superado el gasto en un proyecto muy urgente y había quedado endeudado personalmente), decidí poner en venta un montón de objetos personales llenos de valor sentimental y también con cierto valor económico. Dos de esos objetos eran mi medalla de oro de la ciudad y, sobre todo, mi pluma favorita, una pluma que lleva conmigo un número incontable de años, con la que he dibujado, con la que he escrito y la que me quita los nervios solo con acariciarla. Pues vendí esos dos objetos a la primera y por una cantidad económica interesante que alivió bastante mi deuda oenegera. Lo mejor, lo más maravilloso, es que esos dos objetos siguen conmigo y seguirán hasta que desaparezca, pues las dos personas que los compraron, lo hicieron para regalármelos.

Y me hicieron llorar de alegría, no por esos objetos, que son cosas, sino por el hermoso valor de amistad que llevaba el gesto.

Otras personas han hecho lo mismo conmigo en otras ocasiones y con otros objetos.

Es la hostia.

:: CINCUENTAIOCHO ::

Hace unos meses llegó una figura de gran tamaño de un sacerdote. Estaba muy bien conservada y era de los años 20. Como no tenía ni idea de su valor, fui a visitar a un amigo que entiende de esto y me dijo que como mínimo había que venderla por 200 €.

Siguiendo la política SBQ, puse el precio a la mitad de su tasación y un poquito menos para no asustar con tres cifras, es decir, la puse en 90 €. Estuvo unos días expuesta en el escaparate de la imprenta hasta que entró un tipo al que conozco (uno de esos tipos que no salen de la iglesia ni en verano, uno de esos capillitas jóvenes que siempre están a las órdenes de algún párroco). Le dije el precio y me contestó que le parecía muy cara, pero que le gustaba muchísimo, así que tiré de generosidad y le dije que se la llevase por 60 €, ya que le hacía tanta ilusión. Se puso muy contento y se fue feliz con la figura diciéndome que pasaría a pagarla el día siguiente, que no llevaba dinero encima. Se le veía muy feliz.

Al día de hoy, aún no ha pasado a soltar la gallina.

Tampoco pasa nada, eh... pero tan cristiano. Pues a ver si lee esto.

:: CINCUENTAINUEVE ::

Vino a uno de los mercadillos de la imprenta un niño como de 9 años acompañado por su abuela y estuvo mucho rato mirando en la caja de juguetes. De pronto se acercó a su abuela con una vieja muñeca de porcelana en la mano y le dijo: "Abuela, quiero esta muñeca". La abuela le contestó: "Las muñecas son para las niñas, hijo", y el niño, sin pensar la respuesta, le dijo: "Pues entonces soy una niña".

Al final le compró un puzzle con un paisaje de los Alpes.

Me flipa esta anécdota.

:: SESENTA ::

Hay un libro, "Lepanto", de Luis Carrero Blanco, que lo he vendido tres veces y las tres veces me lo han vuelto a donar (el mismo ejemplar, porque tiene una marca reconocible en cubierta). Tengo curiosidad por el raro vuelo de este volumen.


Está editado por Salvat con la colaboración de Alianza Editorial en 1971.

:: SESENTAIUNO ::

Siempre que ayudamos a alguna familia necesitada de Béjar, bien entregando alimentos o pagando algún recibo de agua o de luz, procuro que sea de forma privada para que no se entere nadie, pues es un tema delicado que puede dañar a quien recibe la ayuda, pero un día, mientras entregaba una compra de comida a un matrimonio joven con una niña pequeñita, entró una señora que suele donarnos alimentos y nos pilló justo en la entrega. No la sentí entrar en la imprenta y escuchó la conversación que tenía con el matrimonio (recuerdo que me decían que si podía añadir alguna botella más de leche a la entrega, pues ese producto lo consumían más).

Los chicos se fueron con sus bolsas de alimentos y la señora me dijo: "¿La comida es para estos?... pero si tienen perro" y otras muchas cosas más que es mejor no repetirlas.

Desde ese día no ha vuelto a traer alimentos

El matrimonio, al que seguimos ayudando, son dos parados de larga duración y cobran algo más de 400 € al mes como ayuda familiar. Pagan un crédito no muy alto y a primeros de mes ya no tienen nada con lo que salir adelante.

(Les he pedido permiso para contarlo sin poner sus nombres, y me lo han dado).

Es la vida.

:: SESENTAIDÓS ::

Últimamente pongo música de Quilapayún en los mercadillos y la semana pasada entró un señor como de 70 años y estuvo mirando libros durante un buen rato. De pronto se dirigió a mí y me dijo: "¿No le importaría cambiar esa música?, no hay cosa que lleve peor que los 'indios cabreaos' ". Por supuesto que no quité la música, que es preciosa para mi gusto, y además le dije al señor que este espacio es zona libre de racismo.


Se fue sin decir adiós.

:: SESENTAITRÉS ::

Entre las cosas que nos donan, hace unos meses entró una cama con somier metálico, cabecero y pie. La vendí por cinco euros a una señora y se la llevé hasta su casa con la furgoneta. La Llevé hasta la habitación donde quería ponerla y me convenció para que la montara (la señora era linda y la ayudé montando la cama con el somier). Cuando terminé, me dijo que si la ayudaba a poner un colchón que tenía en otra habitación y yo le dije que sin problema. Era el colchón de su cama. quitó la colcha con las sábanas y yo cargué el colchón hasta la cama que había montado y lo puse sobre el somier. Cuando acabé, la señora se sentó sobre la cama y empezó a dar saltitos sobre ella con energía... el somier hacía ñic-ñac, ñic-ñac, ñic-ñac y la señora empezó a reírse a carcajadas. Yo le pregunté por el motivo de su risa y me dijo: "Esta cama es para cuando vengan a visitarme mi hijo y su esposa, y con ese sonido me parece que no van a hacer nada por las noches", y se quedó tan feliz.

Cuando me iba, me dio dos euros más por haberla ayudado.

:: SESENTAICUATRO ::

Cuando saqué mi último libro de poesía en edición solidaria para SBQ ("Corre la voz"), se me ocurrió hacer una pequeña acción con el fin de llamar la atención sobre el libro. Congelé uno de los libros en un cubo de agua y presenté el bloque de hielo con el libro en uno de los mercadillos. Hacía tanto frío, que el libro no llegó a descongelarse y lo destrocé contra el suelo mientras un buen grupo de personas miraba con asombro. Una de las señoras que estaba entre el público que miraba mi locura transitoria (de vez en cuando me traía libros a la imprenta para donarlos) se acercó a mí y me dijo: "No vuelvo a donarte ningún libro, porque no les tienes ningún respeto". Yo le expliqué que ese libro era mío y que lo que pretendía era darle algo de publicidad... y me dijo: "Con más razón. Si eres capaz de hacer esto con un libro tuyo, qué no harás con los de los demás".

Lo mismo tenía razón.

No ha vuelto a donarme ningún libro.

:: SESENTAICINCO :

Estaba haciendo un mercadillo con mi hija y llegó un tipo de esos que se suben las mangas de la camiseta para enseñar los biceps con tatuajes. Pelo largo desaliñado, gafas de sol oscuras, tejanos ajustados... Le preguntó a Mª Ángeles por libros de Sven Hassel (todos de contenido nazi) y ella, que es muy amable, le buscó en las estanterías y encontró como 16 ejemplares de ese autor. Entonces el tipo empezó a tirarse el moco con intención de ligar con mi niña, y ella se zafó con verdadera maestría. Cuando el tipo vio que no tenía ninguna posibilidad, le dijo: "Hoy he venido sin pasta, pero guárdame todos los libros de Sven, guapa, que vendré en otro momento a buscarlos y charlamos un ratito".

Los guardamos en una caja.

No volvió a aparecer jamás.

:: SESENTAISÉIS ::

Fue en un curioso mercadillo que hicimos en Vallejera de Riofrío. Vendimos muchos cacharros, pero los libros no había manera. Un tipo de unos cuarenta años se acercó a mí y me preguntó que si tenía algún libro de 'quironalgia'. Yo le miré extrañado, pues estaba atendiendo a otras personas, y le dije sin más que no me sonaba, pero que mirase entre los libros. Estuvo mirando un buen rato y, cuando me vio libre, volvió a dirigirse a mí: "es que me encanta conocer a las personas, y leyendo sus manos se las conoce mejor...". Yo ya no recordaba la palabra que me había dicho y le pregunté que exactamente qué era lo que buscaba... "Sí, un libro que se llama Quironalgia y que explica cómo se pueden leer las manos"... Le contesté con media sonrisa: "¿Será Quiromancia?"... Y me dijo: "No, es Quironalgia y tiene la portada negra y el lomo dorado, si lo sabré yo, que me dejó un amigo su ejemplar y lo he tenido en casa mucho tiempo".

Solo se me ocurrió decirle... "Pues a mí eso me suena a dolor, eh, aunque no sé si de manos".

:: SESENTAISIETE ::

Os dejo copia de mi diario del mercadillo del día 3 de julio de 2011:


Llega una señorona y escoge un librote que estaba en perfectas condiciones de uso y era gordo de verdad [le estimo unos 40 euros comprado hoy y nuevo] y me da un euro por él mientras me dice... ‘ya se lo gastarán ustedes en alguna juerga, que sé lo que pasa con estas tapaderas de las cosas solidarias’... oye, y se quedó tan fresca la mindundi... que se llevaba un libro de 40 papeles por una miserable moneda de un euro y todavía se creía que podía darme lecciones morales, a mí, que llevaba más de siete horas aguantando la lumbre del asador por algo en lo que realmente creo... así que le quité el libro de la manos, le devolví su euro y le dije que aire... y todavía me miró con desdén la jodida peripuesta, mientras intentaba justificarse... pero pasé de ella y la mandé al guano sin el libro, que yo ‘trafico’ con quien me sale de mis santos cojones... mira tú, que después de que ofreces un material a precio de risa y con fines no confesionales, no gubernamentales y no crematísticos... tengas que aguantar, encima, que quien se lava la conciencia [aprovechándose] te venga con historias de fantástica moral burguesa adocenada... hago lo que hago porque me sale de los cojones, no exijo nada a nadie y solo daré explicaciones cuando me apetezca darlas [y siempre procuro dar más de lo que recibo para mis proyectos... que quede claro]...

Luego me llegó una viejita pidiendo algún libro sobre la historia de El Alcázar... y me metió un rollo profascista que aguanté con auténtica educación... que si se quedaron sin comida por culpa de los rojos, que un capitán murió de la forma más terrible imaginada, que si rezaban a Dios bendito mientras eran masacrados... y cuando le dije que no había ningún título que tuviera que ver con esa historia chusca de la guerra entre hermanos, me quiso dar un mitin sobre las bondades del Generalísimo y la maligna existencia de la izquierda... así que le conté en tres frases la muerte por asesinato de mi abuelo y le explique que la hagiografía es un mundo oscuro y sesgado en el que se amparan muchas personas para ver solo lo que desean ver... y se largó sin más [creo que no tenía ni idea de lo que es la hagiografía... pobre]...

:: SESENTAIOCHO ::

Durante el año 2013 viajé a Perú y dejé anotada esta entrada en mi diario (os dejo también las fotos de aquel día divino)":

"No sé... pero tengo hijos y ojos, algunas intenciones y dos o tres razones que apenas sufren cambios con los años... también tengo zapatos con cordones que atar, un verso entre alfileres y algunas deudas de tiempo que apenas me preocupan unas horas... y todo esto es la nada cuando veo a Alejandro en las imágenes recientes de los cerros... le enseñé a manejar mi camarota Nikon y tiró algunas fotos con la sonrisa entera en su cara de ángel... le encantaba ese click de los disparos y miraba asombrado las imágenes en la pantallita mientras su ego subía al percibir que los otros muchachos le miraban con cierta envidia... le pregunté... ‘¿quién es tu mamá?’... y se encogió de hombros sin perder su sonrisa hermosísima... una mujer me dijo... ‘no tiene mamá ni papá, señor, vive entre todos nosotros’... y nos sirvieron un platito de comida y un vasito de gaseosa (todo un lujo para celebrar mi llegada)... no podía decir que no, a pesar de que el plato estaba atestado de cebolla (nunca pude tragar la cebolla), e hice de tripas corazón tomando un par de cucharadas mientras, a mi lado, Alejandro devoraba su ración en un platito más pequeño que el mío... lo hacía con ese placer que da el hambre y se lo acabó en un minuto... y fue mi salvación, porque le ofrecí mi plato a Alejandro y le dio fin con la misma velocidad con la que había acabado el suyo... mi deseo imposible entonces fue agarrar a Alejandro y traérmelo a España como al hijo pequeño que sumar a los míos... me encendí de impotencia y, sin que se notara, derramé unas lágrimas de rabia... luego nada."

:: SESENTAINUEVE ::

Un tipo al que conozco desde chiquitillo, se presentó en la imprenta con una caja de libros para donarlos a SBQ. Charlamos un ratito mientras yo sacaba los libros de la caja y él me contaba que eran los libros que no le gustaban, que había hecho limpieza en su biblioteca y que esos libros le robaban un espacio valiosísmo. Mientras me decía esto, saqué de la caja un ejemplar de "Vuelta a la nada", mi antología de poesía, y otro de mis libros, "Formol con Havana 7". El tipo enrojeció de vergüenza y me hizo mucha gracia. le dije: "Nunca nadie ha sido tan sincero conmigo, y eso se agradece".

Los libros me los quedé yo, por supuestísimo.

:: SETENTA ::

Hace unos meses recibí una llamada de un tipo al que conocía solo de vista. Me dijo que tenía un montón de cosas para donarme, pero que no tenía cómo hacérmelas llegar, así que me dio su dirección y quedamos para cargarlo todo en mi furgoneta. Cuando llegué a la casa, una casa antigua con uno de esos enormes portalones de piedra llenos de oscuridad, el tipo me estaba esperando sentado en la calle con su perro. Nos saludamos y me invitó a entrar a la casa. Me llevó hasta una habitación enorme en la que tenía montones de objetos colocados con verdadero cuidado y, sin mediar palabra, se puso a llorar de forma inconsolable. Yo no sabía qué hacer. Le puse la mano sobre el hombro y le pregunté que qué le pasaba, que si podía hacer algo por él. Como pudo, entre sollozos, me explicó que eran las cosas de su mujer y de su hija, que habían fallecido en un accidente de tráfico hacía ya ocho años y que las guardaba como un tesoro, pero que solo le producían sufrimiento y por eso había decidido donármelo todo, decisión que le había supuesto un gran esfuerzo de voluntad. Había vestidos, ropa de todo tipo, juguetes, loza, abalorios, zapatos... todo lo que se pueda imaginar en el mundo de una mujer joven y de una niña pequeña... cuando terminamos de cargarlo todo en la furgoneta, nos fumamos un cigarro juntos, sentados en la calle. Fue entonces cuando vio una cazuela azul de porcelana que asomaba entre el montón de cosas que habíamos colocado en la furgoneta. Se levantó y fue a buscar la cazuela, y mientras la acariciaba, me dijo: "aquí me hizo ella la última sopa que comimos juntos. Era una sencilla sopa de sobre, porque aquel día llegábamos tarde al trabajo y aún no había llegado mi suegra a recoger a la niña. La última sopa, amigo, la última sopa". Le abracé fuerte y ahora somos amigos grandes.

Espero que no le moleste que lo haya contado.

Vendimos todos aquellos materiales en una semana, algo increíble, y con ese dinero pusimos un carrito en los cerros. En aquella ocasión no le dedicamos el carrito a nadie. Mi amigo no quiso que lo hiciéramos.

:: SETENTAIUNO ::

Hace ya muchos mercadillos que detecté a una raterilla que me quitaba las películas en DVD, pues en la imprenta hay una ventana interior desde la que yo veo sin que el personal se entere. Es una señora mayor y no le di importancia, simplemente me dejaba robar, sin más (la mujer aminoraba mi carga de materiales). Un día vi cómo se metía en el bolso tres DVD's, hizo como que metía algo en la hucha mirando para todos lados y se fue diciendo adiós en alto, para que la oyera. Pasaron unos diez minutos cuando volvió a aparecer por la puerta. Venía furiosa a protestar porque una de las carátulas no llevaba el disco correcto (tenía una película de dibujos animados cuando debiera ir una peli americana). Dijo que no era serio, que tuviese cuidado con las cosas que ponía a la venta y que lo mismo no volvía a venir a comprar. No pude aguantar la risa y se enfadó más. Fue entonces cuando le dije: "Usted no ha entendido nada, ¿verdad?, llevo viéndola robarme películas durante meses y esperaba que en algún momento entendiera. Así que haga el favor de no volver a venir".
Pasaron dos semanas y volvió mientras estaba mi padre cuidando el mercadillo. Él, que es más directo que yo, la echó definitivamente.

:: SETENTAIDÓS ::

Durante uno de los mercadillos que hicimos en el parque de Béjar, invitados por los amigos del MERCADO DE LAS DELICIAS, vi cómo se acercaban tres ancianos en fila, cada uno con un bastón (eran asilados de las Hermanitas de la Caridad, que tienen su asilo junto al parque). Me fijé en que los ancianos caminaban lentamente y que todo lo que hacía el primero, lo repetían los otros dos que le seguían. Si el primero tocaba con su bastón un papel del suelo, los otros dos también lo tocaban. Llegaron hasta donde yo mercadilleaba y el primer anciano se detuvo a mirar uno de los libros que tenía colocado en el suelo, lo movió a derecha e izquierda con el bastón, miró a sus seguidores y dijo. "El hostio". Los otros ancianos ni se inmutaron, pero cuando se movió un poquito, cada uno repitió los mismos movimientos de libro con bastón y dijeron exactamente lo mismo: "El hostio". Yo me reí y los tres me miraron fijamente a la cara sin decir nada; luego siguieron su camino hasta el final del parque y llegaron a dar hasta tres vueltas en fila y repitiendo cada uno de los movimientos del primero.

Aún sigo dándole vueltas al asunto, coño.

:: SETENTAITRÉS ::

Hace ya tiempo que no viene. Era una señora mayor con bastón y con gafas de culo de vaso. No se perdía ni uno de los mercadillos de la Plaza Mayor. Siempre aparecía sobre las doce del mediodía y le echaba más de una hora a lo de mirar los libros. Acabé fijándome en que abría los libros por el final, los leía un ratito y decidía si se los llevaba o los dejaba en su lugar. Un día le pregunté con curiosidad que por qué miraba todos los libros por el final, y me dijo: "Es que me gusta que los libros terminen mal".

Divina.

:: SETENTAICUATRO ::

Vino un señor de unos 70 años al mercadillo y compró un ejemplar culinario que se titulaba "Carnes". Era un libro grandote lleno de recetas de carnes. Mientras lo pagaba, me comentó que se lo iba a regalar a su mujer y sería un regalo doble, ya que a ella le encantaban los libros de cocina y a él le volvía loco la carne bien preparada.

Durante el mercadillo de la siguiente semana, se presentó el señor con su esposa y el libro para rogarme que si podía cambiárselo por otro. La mujer me lo explicó con estas palabras: "Este tontito, que se presenta con un libro de carnes y, cuando lo leo, todas las recetas llevan sal, y la sal se la ha prohibido el médico". Jajajaja. Magnífico, ¿no?
Les cambié el libro por una edición antigua de Genoveva de Brabante.

:: SETENTAICINCO ::

Desde hace dos años, una o dos veces a la semana viene un anciano que está empeñado en que la imprenta es la biblioteca municipal. Siempre trae un libro y lo cambia por otro, y siempre se queja de que es la biblioteca más desordenada que conoce, y me dice: a usted no le digo nada, porque es un empleado, pero ya pillaré al alcalde y le sacaré los colores por lo mal que tiene la biblioteca.

Flipante.

:: SETENTAISÉIS ::

Haciendo un mercadillo en la Plaza Mayor de Béjar, Había llenado todas las escaleras de la iglesia con los libros SBQ y hacía un calor curioso. Al refugio de la sombra estaba sentada toda una familia de gitanos bejaranos, varias mujeres, cuatro o cinco niños y un hombre al que llevo saludando años cuando nos cruzamos por la calle (uno de esos conocidos de vista porque lo ves cada día). Los niños enredaban, las mujeres hablaban a voces y reían, y el hombre estaba fumando un cigarro detrás de otro (casi como yo). Hablamos un ratito, mientras fumábamos, sobre el tiempo y esas cosas. De pronto le comenté que tenía sed y el gitano me dijo: 'Vaya usted tranquilo al bar a tomar lo que quiera que yo le vigilo el puesto y vendo lo que haya que vender, porque le voy a decir una cosa, hace unos años era usted concejal del ayuntamiento y yo fui a pedir que nos echaran una mano a los gitanos para poder vender nuestras cosas en la Plaza, y jamás se me olvidará que usted fue el único concejal que nos defendió entonces. A un gitano no se le olvidan esas cosas"... le apreté la mano bien fuerte y me fui a tomar tranquilamente una Cocacola.

Cuando volví, el colega tenía a toda la familia colocada en las escaleras vigilando los libros. Una delicia, os lo juro.

:: SETENTAISIETE ::

Me llamó un amigo que vive lejos para decirme que me enviaba seis cajas de libros por medio de un conocido que viajaría a Béjar. Un domingo a la hora de comer me llamaron a casa, era el conocido de mi amigo, que quería quedar conmigo para descargar las cajas de libros. Quedamos en la imprenta, nos saludamos y descargamos los libros. El hombre llevaba prisa para seguir camino y se despidió con mucha amabilidad. Yo abrí las cajas, revisé los libros, que eran casi todos bastante actuales y muy nuevos, y los coloqué en las estanterías para la venta. Luego llamé a mi amigo para darle las gracias y me preguntó que si me había gustado. Yo le dije que sí, que mucho, que eran muy buenos ejemplares y los venderíamos enseguida... entonces mi amigo me preguntó: ¿Y el cuadro?... Extrañado le dije que no había ningún cuadro. "Se le habrá olvidado dártelo, ya hablaré con él". Pasados unos días, me llamó mi amigo para explicarme que el cuadro era un dibujo original de Rafael Pérez Estrada (sabía y sabe que el desaparecido Rafael es un autor de culto para mí, por lo que era un regalazo) que me había enviado como regalo, y que detrás llevaba pegado un sobre con una aportación de 100 € para SBQ y una carta.
Ni mi amigo ni yo hemos vuelto a saber nada del 'conocido' que hizo el porte.

:: SETENTAIOCHO ::

Vino una señora preguntando por una antigua enciclopedia escolar con la que ella había estudiado de pequeña. Me dio datos y después de buscar un buen ratito, encontré un ejemplar. Se le iluminaron los ojos, se la veía feliz. Le entregué el libro y enseguida lo cogió y lo abrió por su primera página, y volvió a cambiarle la expresión de la cara, que apareció triste. Me dijo: "Pero esta enciclopedia no es la mía, la mía llevaba escrito mi nombre en tinta azul".
Es fantastico, eh.

:: SETENTAINUEVE ::

Hace unos meses me llamó una señora para que fuera por su casa a recoger materiales. Cuando llegué, me explicó que eran de su hijo, que estaba trabajando en otra ciudad y que le había dicho que me los donara. Me entregó un equipo de música Sony en muy buenas condiciones, un reproductor de DVD, una radio y un televisor pequeño con TDT, dos cajas de libros y una caja de revistas de informática. La mujer me iba relatando lo que me entregaba y me contaba que los libros y las revistas los había dejado preparados su hijo, pero que los otros materiales le había dicho por teléfono que me los entregara.

Cuando llegamos a la caja de revistas, la señora empezó a sacarlas para decirme mira ésta, ves, ves... y de pronto apareció un legajo entero de revistas porno. La mujer se avergonzó y yo le dije que no pasaba nada, que era normal, que no se preocupase, que yo me deshacía de ellas. Y me fui con toda la carga.

Pasaron un par de meses y la señora apareció por la imprenta preguntando por mí. Salí a recibirla y venía totalmente sofocada. El DVD y el equipo Sony no eran para entregármelos, que eran los del uso de su hijo y ella se había equivocado. Yo ya había vendido esos materiales y no había forma de recuperarlos, así que me pidió que si podía llamar a su hijo para contárselo. Le dejé el teléfono y le llamó. Yo estaba delante escuchando la conversación con la idea de ofrecerle alguna solución al muchacho. La conversación fue muy parecida a lo que ahora escribo: "Hijo, que estoy donde el Comendador, que ya lo ha vendido todo el pobre y se ha quedado preocupado, y sabes que te digo, que eso te pasa por cochino, que te lo tienes merecido. o no sabes lo que había en la caja de revista que le di...". Jajajaja... una pasada.

:: OCHENTA ::

Me habían traído una caja de frutas llena de revistas "Historia 16" y las puse en venta solidaria de tres revistas por un euro. Entró un tipo como de 60-65 años muy interesado por las revista y me dijo que si podía prestarle una silla para buscar las que tuvieran temas de su interés. Le dejé una silla y se pasó la mañana entera en un rincón de la imprenta mirando las revistas con verdadero detenimiento. Yo atendía a la gente que entraba o me dedicaba a poner imágenes en Fbk con intención de animar la venta, de tal forma que dejé al tipo a su aire para que mirase tranquilo. A última hora de la mañana, me dio una voz para despedirse y me dijo que no había tenido suerte, que no había encontrado nada de lo que buscaba. Yo le despedí con una sonrisa.

Cuando fui a colocar la caja de revistas, se me ocurrió echarles un vistazo, no sé por qué, y a casi todas le faltaban páginas, todas de temática nazi. El perico había cortado cada uno de los artículos que le interesaban y se los había llevado escondidos. Una pasada lo que hacen algunas personas para no gastarse un euro en solidaridad.

:: OCHENTAIUNO ::

Había recogido una antigua colección de revistas 'Deporte 2000' y un tipo que vino por la imprenta, durante uno de los días de mercadillo SBQ, se mostró muy interesado por ellas. Las miró durante largo tiempo y con mucho detenimiento y me dijo que cuánto quería por ellas. Yo le dije que la voluntad y él ajustó su voluntad en 20 €, que me pareció estupendo. Estuvimos charlando un buen rato sobre revistas viejas, sobre glorias del deporte ya pasadas y, sinceramente fue un buen rato el que pasamos charlando. El tipo estaba feliz con su compra y, al despedirse, me dijo: "Enseguida me di cuenta de que usted era del Real Madrid". Yo sonreí y le dije: "En fútbol siempre fui del Barça y en basket, que es mi deporte, siempre de Joventut de Badalona". Se puso pálido, dejó las revistas sobre la mesa y me dijo: "Del Barça, ni el olor" y se fue... jajajaja... Aún tengo por ahí las viejas revistas de Deportes 2000.

:: OCHENTAIDÓS ::

En un mercadillo, se presentó un ancianita con una amiga de edad similar y estuvieron mirando libros como una hora, los cogían, los abrían y los miraban con gafas y sin gafas. Yo las veía muy interesadas y les pregunté si podía ayudarlas a buscar. "Buscamos un Quijote con letra grande y que cuente sus viajes por Francia, que me ha dicho una amiga que lo ha leído y que es muy bonito, es ese libro en el que va de aventuras con Sancho para buscar a una hija que tuvo allí cuando era joven".

Aún estoy flipando.

:: OCHENTAITRÉS ::

Realizando hace unos años un mercadillo en la Plaza Mayor (lo conté aquí en su día), un tipo al que no había visto nunca se acercó y se quedó mirándome fijamente a los ojos sin decir nada durante un buen rato. De pronto me dijo: "Perdone, voy a decirle algo que le parecerá raro, pero le ruego que me escuche". Yo asentí y me dispuse a escucharle. "Es la primera vez que vengo a Béjar y debo decirle que tengo un don, pues soy capaz de ver el aura de las personas. justo al entrar en la plaza noté un destello increíble que nunca había visto, y ese destello lo emitía su aura. Jamás en mi vida he visto un aura como la que usted tiene, hasta el punto de que me ha dejado deslumbrado. Solo puedo felicitarle por ello". Yo le di las gracias y me quedé absorto. Compró varias cosas del mercadillo, echó su ayuda en la hucha y me pidió que le diera un abrazo. Se lo di, se fue y jamás he vuelto a verle.



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