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la serenidad es la astucia de los lúcidos.

En la medida en que el tiempo pasa sobre mí, voy notando que soy más capaz de controlarme en los asuntos de pasión. Tal circunstancia suele apartarme del placer, pero también me evita pequeños dolores que no necesito, entre otras cosas, porque el dolor me va endureciendo poco a poco y a mí me gustaría llegar a mayor bastante blandito.
El problema fundamental de la pasión es que procede siempre de ‘la verdad’ vista como proceso de razón individual enfrentada a la visión contrapuesta del otro [que no tiene que ser necesariamente mentira]. De esa defensa de valores individuales ‘verdaderos’ [con calidad individual de ‘verdad’] y de su afirmación nace la idea pasional, que indefectiblemente lleva al enfrentamiento con el otro.
Quien sabe mantener su ‘verdad’ en el terreno de la serenidad termina extendiéndola, además de conseguir evitar esas disfunciones que perturban y que no son otras que el ‘placer’ de hacer valer tu idea como la más correcta o el ‘dolor’ de ver cómo el contrario se carga de razón frente a tus postulados sin que estos pierdan en su individualidad el valor de ‘verdad’.
La serenidad es la clave, la serenidad, colegas.

Comentarios

  1. ¡Y a mí que no me parece tan peligrosa la pasión!

    ¡Y mire usted que dudar apasionadamente puede resultar fascinante!

    Un placer leerle. Como siempre.

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  2. Me gusta cuando filosofas, pero me gustaba mas cuando filosofabas menos

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