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Me encantan los banquetes de carroña poética.

Últimamente le he pillado el gustito a una hora del día que jamás me fue propicia, las diez a.m.
Es la hora común del café con leche acompañado por Ríchar y Josema el bancario, como fijos, aunque cada día se van anotando nuevos añadidos que le ponen porritas al café y más de una sonrisa. Entre los itinerantes están el jefe de la guripa munícipe, un inefable empresario de pompas y sepelios, algún que otro funcionario de la casa grande, varios profesionales de sectores tan claves como el eléctrico, el de la construcción o el del gotelé y a veces mi arquitecto favorito, el niño Antúnez.
El ratito de las diez se me hace ya casi obligatorio para contar con la sensación de que el día empieza en condiciones.
Me gusta, coño.

(15:27 horas) Leo un ratito a W. H. Auden y no resulta muy de mi gusto en este momento [algo parecido me sucedió hace unos meses con Francis Ponge]. Por lo menos me ha dado tiempo a rescatar uno de sus poemas con el que me gustaría experimentar cuando llegue la tranquilidad de la noche [“Como el resto de fugitivos, como / las flores incontables que no saben contar / y las diversas bestias que no tienen recuerdos, / hoy es el día en que hemos de vivir. // Son tantos los que tratan de decir ahora no, / y tantos los que han olvidado cómo / decir yo soy y quienes, si de ellos dependiera, / estarían perdidos en la historia. // Honrando, por ejemplo, con gracia sentenciosa / la bandera adecuada en el sitio adecuado, / perorando entre dientes, como viejos sin gracia, / de lo mío y lo suyo o lo nuestro y lo de ellos. // Como si el tiempo fuera lo que ellos decretaban / cuando estaba adornado de tantas propiedades, / y como si temieran estar equivocados / si abandonan su afán de ser parte de algo. // No es extraño que tantos se mueran de tristeza / y tantos se hallen solos cuando mueren; / pues nadie se ha creído con gusto una mentira: / Otro tiempo tiene otras vidas que vivir.”].
Enredaré en esta tela de araña para buscarme un poema par que me dé gusto y ganas, para recrearlo con mis ojos y mis palabras propias, aún siendo siempre ajenas.
Disfruto destrozando los poemas de otros… armándolos de nuevo y luego destruyéndolos.
(21:28 horas)
RABOS DE LAGARTIJA

Las diferencias, los disgustos, las riñas, los cabreos… llegan siempre de los diferentes valores que cada uno le damos a un mismo hecho. El hecho está como un muerto de cuerpo presente, sin posibilidades de mutar o moverse, y nosotros nos despedazamos de forma absurda en tanto que lo valoramos.
Una ridícula pérdida de tiempo.
•••
La generosidad tiene un valor de mercado que ha de tasarse con inteligencia por quien la recibe [a veces el generoso lo es más por interés que por bondad].
•••
Necesito pistas de lugares, personas o cosas que me propicien olvido para poder llevar mejor toda mi miseria.
Hasta ahora sólo conozco la ironía como mejor método de olvido: desenmascararme y desenmascarar a los demás para reírme a mandíbula batiente de mí mismo y de aquellos ridículos ‘demás’.
•••
Al que más distancia pone se le ama más.
No es justo para el amante, pero sí para la distancia.
•••
Ser espontáneo es fruto de la simplicidad [dos circunstancias que pueden valorarse perfectamente en los extremos que marcan la inteligencia y la idiotez].
Y no pasa nada.
•••
La sensualidad, que es rechula, parte de la corrupción física de la sentimentalidad.
No entiendo.
•••
No debemos olvidar que la insatisfacción de lo que se tiene antes fue deseo.
De Tontopoemas ©...

Comentarios

  1. La distancia marca la lejania del ser querido, el ser querido es el que no se tiene,y el ser amado es el que se tiene y fue deseo.

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