Los bejaranos otorgaron ayer por las urnas un mandato municipal de cuatro años a la candidatura encabezada por Cipriano González. Estoy contento por tal circunstancia.
Cipriano y su equipo tienen ya lo suyo [de alegría por pasar a labores de gobierno, de dificultad por la herencia que van a recibir y de responsabilidad para gobernar de forma reflexiva, eficaz y para todos]. Y como tienen ya lo suyo, pues que yo prefiero dedicar hoy esta entrada a Ramón Hernández Garrido, al que imagino medio satisfecho en su dulce exilio lisboeta.
Resulta que ayer brindé por Ramón y por mi madre en la sede de la Agrupación Socialista Bejarana justo cuando conocí el resultado de la última mesa escrutada, una del barrio de La Antigua, y lo hice porque ambos contienen esa impronta de los hermosos vencidos que tan estéticamente marcó L. Cohen en su libro del mismo título, una impronta que me llena de sugerencia y de sensaciones agridulces, pero, sobre todo, que me encanta como modelo de resistencia.
El ‘valor’, a veces, es sobrepasado por los hechos, quedando de forma circunstancial en una sombra de dignidad que apenas alimenta otra cosa que la decepción y el cansancio. Cuando esto sucede, el único soporte posible reside en el tiempo, en saberlo gestionar y en cuidarlo como sala de espera de la que salir un día con la sonrisa puesta y vestidos de la tranquilidad que otorga la fidelidad a uno mismo.
Amigo Ramón, no vencen los hombres, jamás lo hacen, pues no depende de su valor intrínseco la victoria, sino que vencen las circunstancias [a las que no sabe dominar ni su puta madre]… ellas ubican o barren, elevan o silencian sin posibilidad de valoración lógica de méritos o deméritos [una circunstancia no contiene la capacidad de razonar]. Es algo así como el juego de los dioses que ha presidido, influyendo siempre, todos los más importantes capítulos de la Historia: todo dependía de que esos dioses fueran o no fueran propicios… El azar como variable definitiva y definitoria.
No es un buen día para estirar las palabras de largo [ando con graves problemas de concentración últimamente], por lo que me arrimo a la tirada corta y te dedico un breve florerito de pensamientos últimos, que van para ti igual que para mi madre. Son vuestros:
• La volubilidad es una capacidad de la culpa que aminora el dolor… pero también es una trampa.
• Sólo triunfa quien es capaz de sonreír ante sus propios fracasos.
• A la felicidad se llega por falta, no por abundancia.
• La coherencia admite errores, pero no claudicaciones.
• El mayor pecado social es el de connivencia.
• Nunca se está solo, aunque sientas la soledad… Mira al recuerdo de tus padres.
• El dolor es salvífico porque te indica que estás vivo.
• No te honrarán tus posesiones, lo harán sólo tus cercanos.
• No importa lo que digan… importa que puedan decirlo y tú lo facilites.
• Entusiasmarte es un signo de que estás siendo vencido.
• La mayor de las venganzas es, sin duda, el desprecio.
• La adulación hace despreciable a quien la practica.
• La agudeza es la aristocracia de la palabra.
• Esmérate en sufrir más por el dolor ajeno que por los triunfos de tu enemigo. Vivirás mejor.
• Un demócrata en el baño es un hombre solo.
• Siempre fue más dulce ser víctima que verdugo… pero a la larga [y si sobrevives].
• La disciplina crea conformistas… Sé indisciplinado.
• Un gran hombre puede ser cualquiera que se rodee de cientos de mediocres y les haga llorar o sonreír. Luego la grandeza sólo la otorga la mediocridad.
Saudade, hermano.
Cipriano y su equipo tienen ya lo suyo [de alegría por pasar a labores de gobierno, de dificultad por la herencia que van a recibir y de responsabilidad para gobernar de forma reflexiva, eficaz y para todos]. Y como tienen ya lo suyo, pues que yo prefiero dedicar hoy esta entrada a Ramón Hernández Garrido, al que imagino medio satisfecho en su dulce exilio lisboeta.
Resulta que ayer brindé por Ramón y por mi madre en la sede de la Agrupación Socialista Bejarana justo cuando conocí el resultado de la última mesa escrutada, una del barrio de La Antigua, y lo hice porque ambos contienen esa impronta de los hermosos vencidos que tan estéticamente marcó L. Cohen en su libro del mismo título, una impronta que me llena de sugerencia y de sensaciones agridulces, pero, sobre todo, que me encanta como modelo de resistencia.
El ‘valor’, a veces, es sobrepasado por los hechos, quedando de forma circunstancial en una sombra de dignidad que apenas alimenta otra cosa que la decepción y el cansancio. Cuando esto sucede, el único soporte posible reside en el tiempo, en saberlo gestionar y en cuidarlo como sala de espera de la que salir un día con la sonrisa puesta y vestidos de la tranquilidad que otorga la fidelidad a uno mismo.
Amigo Ramón, no vencen los hombres, jamás lo hacen, pues no depende de su valor intrínseco la victoria, sino que vencen las circunstancias [a las que no sabe dominar ni su puta madre]… ellas ubican o barren, elevan o silencian sin posibilidad de valoración lógica de méritos o deméritos [una circunstancia no contiene la capacidad de razonar]. Es algo así como el juego de los dioses que ha presidido, influyendo siempre, todos los más importantes capítulos de la Historia: todo dependía de que esos dioses fueran o no fueran propicios… El azar como variable definitiva y definitoria.
No es un buen día para estirar las palabras de largo [ando con graves problemas de concentración últimamente], por lo que me arrimo a la tirada corta y te dedico un breve florerito de pensamientos últimos, que van para ti igual que para mi madre. Son vuestros:
• La volubilidad es una capacidad de la culpa que aminora el dolor… pero también es una trampa.
• Sólo triunfa quien es capaz de sonreír ante sus propios fracasos.
• A la felicidad se llega por falta, no por abundancia.
• La coherencia admite errores, pero no claudicaciones.
• El mayor pecado social es el de connivencia.
• Nunca se está solo, aunque sientas la soledad… Mira al recuerdo de tus padres.
• El dolor es salvífico porque te indica que estás vivo.
• No te honrarán tus posesiones, lo harán sólo tus cercanos.
• No importa lo que digan… importa que puedan decirlo y tú lo facilites.
• Entusiasmarte es un signo de que estás siendo vencido.
• La mayor de las venganzas es, sin duda, el desprecio.
• La adulación hace despreciable a quien la practica.
• La agudeza es la aristocracia de la palabra.
• Esmérate en sufrir más por el dolor ajeno que por los triunfos de tu enemigo. Vivirás mejor.
• Un demócrata en el baño es un hombre solo.
• Siempre fue más dulce ser víctima que verdugo… pero a la larga [y si sobrevives].
• La disciplina crea conformistas… Sé indisciplinado.
• Un gran hombre puede ser cualquiera que se rodee de cientos de mediocres y les haga llorar o sonreír. Luego la grandeza sólo la otorga la mediocridad.
Saudade, hermano.
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De Tontopoemas ©... |
Entusiasmarte es un signo de que estas siendo vencido.
ResponderEliminarPara mi no. El entusiasmo es una capacidad que me ayuda diariamente a sobrevivir al dolor,la ansiedad,la soledad,si no tuviera capaciad de enamorarme, de entusiasmarme de todo,con todo ,de la vida en general,creo que me sentiria muerta y vencida.
Salud para Ramon,el tiempo te hara justicia,ante tanta mediocridad y tantos, que no vieron a "servir" sino a "servirse"
ResponderEliminarSaludos socialistas.
Yo también me acorde de Ramón el domingo por la noche; pensé que le serviría el resultado para una profunda reflexión.
ResponderEliminarDebo pensar que Ramón es bueno por naturaleza basándome en el pensamiento de Rousseau (aunque nunca entendí porque abandonó a su mujer y metio a sus pequeños en un hospicio).
Pues será bueno, si señor, pero yo solo he tenido la oportunidad de ver las vísceras chungas de Ramón, y no la matanza terminada, con su chorizo y sus morcillitas. Y me quedaré con ganas de ver que se le haga justicia para bien o para mal despues de gobernar esta especie de cantón en tierra de nadie, pero sinceramente pienso que estando donde está se ha ahorrado un disgusto...uno mas.
Yo también me acordé de Ramón.
ResponderEliminar" El hombre nace libre, pero en todos lados está encadenado" (Rousseau)
Verdaderamente, Ramón nunca será libre. Los eslabones de la fraternidad formarán su cadena. Porque en todos los rincones de la tierra, siempre habrá alguna persona débil, marginada, niños que necesitan su sonrisa....
Y allí estará él para ofrecerle su ayuda.
Te deseo mucha salud, para que puedas seguir realizando tu labor.
Marisa