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Ìtaca y su trampahistoria


Mientras uno no desea morir es que todavía alberga esperanzas de afirmarse en algo, con algo, en alguien o con alguien. Si eso no sucediera, se buscaría la muerte como modo perfecto de expresión. Y la afirmación esperada siempre busca alegría, una alegría que va unida a esa sensación divina de ir completándose.
Cuando encuentras que la vida te aburre, que no te presenta viandas apatecibles al cuerpo y al espíritu, es cuando debes trabajar en tu defensa, y debes hacerlo buscando una razón en/con la que salir a flote, con la que volver a sentir ese vértigo tan parecido al amor [en su primera fase, la más intensa] que te hace un ‘loco’ que solo sabe caminar focalizando los pasos en una sola dirección, una dirección que enerva y produce reacciones químicas explosivas.
A veces es bueno ‘desear morir’ y utilizar tal sentimiento como un acicate que te empuje a seguir viviendo mientras te salva de la dispersión que ahoga. Es algo así como un ‘paso de todo lo que no me produzca sensaciones fuertes, de todo lo que no lleve intensidad, y me dedico en cuerpo y alma a lo que tiene la potencialidad de salvarme’.
Y, quizás, en ese camino abierto y solo encontremos que la sensación de felicidad está precisamente en andarlo… no en llegar a su final [es un poco la trampahistoria de Ítaca… sí… Ìtaca es el viaje].
Y es que llegar es siempre triste, igual que acabar algo, vencer, lograr, triunfar…
(18:48 horas) Odio la elocuencia sin fondo racional y sin conciencia, y la odio porque es el valor de los vencedores capitalistas, de los que se llevan el gato al agua a base de palabras que envuelven. Habría que eliminar a todos los elocuentes del mundo de la política y de cualquiera de los niveles del mercado y la economía, que se hiciera política, mercado y economía desde la parquedad de palabras, sin esa trampa que llena los oídos como una infección para dejarlos tapados.
(19:03 horas) No estoy para Chávez estos días, y menos para su majestad inserenísima el Rey Juan Carlos… me dan igual, me tocan ambos los cojones, me resbalan tanto como me resbala la política que pone y quita o la religión que intenta penetrarlo todo con sus violaciones constantes… No estoy para aguantar el trasunto de las castas sociales ni los problemitas económicos de nadie o de todos…
Estoy, eso sí, para unas fresitas con nata sentado en el espacio otoñal que me rodea, para un cafetín acaso, mirando a alguna mujer que el azar ponga ante mis ojos, estoy para dejarme hacer sin que me produzcan demasiado daño, para amar un poquito [sin demasiado esfuerzo], para repatingarme en el sofá y mirar una peli… quizás ‘In the mood for love’, de Wong Kar-Wai… y llorar a ratitos… y desear despacio una situación par a la que en ese film se muestra, y quedarme dormido un ratito para soñarme en otro lugar y con otra gente, y despertar con la boca pastosa, sabiendo que me dan igual Chávez y la peste borbónica.
De FUMADORAS

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