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Es la hostia....


Desde el punto de vista gnoseológico, Dios es un absurdo que excede a la calidad humana, pues su definición [definir como acotar, marcar, señalar y limitar] resulta imposible sin más, ya que no se basa en un soporte material y, por tanto, no admite definición ni valor de ‘existencia’.
Claro que podríamos pensar que en la percepción del mundo desde el punto de vista de una bacteria, el hombre tampoco admite definición, aunque sí la misma posibilidad de existencia que los planetas, las estrellas o las galaxias [no son susceptibles de ser poseídos por la mano, pero sí por ‘la razón de la lógica’, circunstancia que tampoco le cabe a una improbable definición de Dios]. Así pues, el hecho de plantearse una definición de Dios y arbitrar su existencia carece en sí mismo de sentido, ya que el hecho ‘Dios’ no existe como tal y, por tanto, no admite ser materia de conocimiento [anoto aquí el error de Nietzsche en su afirmación de que la muerte de Dios significa la liberación del hombre… Dios no puede morir porque no es, no existe].
Dios, entonces, resulta el marbete que responde a diversos sentimientos emotivos del hombre para los que no encuentra respuesta o sobre los que no puede arbitrar un solucionario lógico que le deje satisfecho. El hombre busca consuelo en la idea de Dios cuando es incapaz de encontrar razones [bien porque no tiene la capacidad suficiente para razonar, porque no tiene el valor para hacerlo o porque simplemente teme por el resultado cierto que le aportará la razón y lo niega amparándose en la facilidad de la palabra ‘Dios’].
Pordría entonces decirse que Dios es cobardía del hombre… como puede también decirse que si no existe Dios, el ateísmo es un absurdo, ya que consiste en negar algo que por definición no existe [es un juego muy curioso al que me gusta jugar con frecuencia].
Y ahora viene el problema… ¿Qué cojones hacemos con esa multitud que vive por y para Dios, que mata y da la vida por Dios, que suspira y expira por él, que se enriquece a su costa y arruina y somete en su nombre?, ¿qué podemos hacer con esa turbamulta de creyentes que dominan el mundo y lo dirigen amparados en una vaciedad conceptual que no tiene ni posibilidad de definición?, ¿cómo podemos poner solución a un problema que tenemos y sufrimos en el estado de ‘realidad’ si su generador pertenece al campo de lo inconcreto por inexistente?
Es la hostia, ¿no?
•••
Después de comer, ‘peluché’ un ratito con Guillermo y su amiguito Dani en el sofá y les gané gracias al secreto ‘mordisco de vaca’ que practico con maestría en los muslos de mis cotrincantes… aún así, vencidos con mis mejores/peores artes, los críos se agarraron a mis tobillos y no me dejaban salir de casa, por lo que tuve que practicar con ellos la técnica del dedo eléctrico en la cintura, que los dejó a puntito de pis tumbados sobre el suelo. Y mira que sé que no era un combate equilibrado, pero los jodidos chavales se defendían como leones y hasta me tiraban tarascadas a los ‘güevanillos’, por lo que debía estar atento y ágil para no sufrir un desaguisado en mi entrepierna.
Estas peleas me dejan absolutamente feliz y me dan la dimensión de lo que soy y de lo que quiero ser, además de un regusto especial de padre que me encanta sentir de vez en cuando, a pesar de que ya me agoto un poquito bajo la insistencia incansable de los chavales.
Es entonces –después de estas ‘peluchas’ divinas– cuando percibo que sí puede darse una definición de Dios, que no es otra que yo mismo sonriendo agotado.
Ayer alguien me dijo que creía más en Dios porque me había conocido… y yo debiera haberle contestado que es normal, porque yo soy Dios, un dios capaz de lo mejor y de lo peor, un dios imperfecto y absolutamente finito, un dios de andar por casa en gayumbos y sin camiseta, con los pies desnudos y el pelo despeinado, mitad diablo también…
Ahora tengo gatas [agujetas] producidas por mi trabajo físico de Dios, y decido con cierta sorna bíblica que son buenas, muy buenas.
Lo único malo es que para mí los domingos no son ‘días de guardar’ [¿qué expresión, verdad?]… así que me he dado un paseo largo [no como los de Antonio G., que me moriría de asfixia siguiendo a Trucho] por “Noche de escupir cerveza y maldiciones” junto a Charles Bukowski y Sheri Martinelli… así hemos paseado juntos por “un gemido bestial está muy bien pero el lloriqueo y la afectación no sirven para nada…”, luego caminamos sonriendo por “… El hombre no está destinado a entender la naturaleza de la mujer. Si así fuera la evitaría por completo y el plan natural de la naturaleza se iría al garete…”, y rematamos agotados llegándonos hasta “Ahora voy a pillarme un ciego de la hostia. Algo me ha interrumpido la jornada, pero ahora voy a llenar el tanque de nuevo… claro, cariño, ¿por qué no?… otra vez he perdido el boli…”. Y ahora reposo un ratito escuchando la voz divina de Paula Bas.
En fin… cosas de dioses.


Comentarios

  1. Como dice Fito (& fitipaldis):

    "La vida es algo que hay que morder
    y en cada boca tiene un sabor"

    Pues eso!
    De todas formas, amigo, cómo te gusta embarcarte en batallas ¿perdidas?. Recuerda los dibujillos rupestres...
    y tú pretendes que la humanidad se despierte a estas alturas? sonámbula quizá, pero despierta... lo dudo.
    Ayy ! yo creo que la nada ya es algo, ¿o acaso el silencio no existe?, igual que existe mi Dios (que para algo me lo he moldeado) y que también existen los ovnis, los espíritus, la justicia... o es que también lo dudas?? (je,je).
    Tranquilo, que algo ya está cambiando.
    Un beso
    (tu padre está mejor?)

    ResponderEliminar
  2. Sí, está estupendo.
    Gracias, Donce.

    Alabado sea... jeje.

    ResponderEliminar
  3. Creo que se me va a estropear el ordenata, hace un ruido raro. Si es así... ya nos veremos! (por fin os libraréis de mí, snifff)

    ResponderEliminar
  4. Estoy muy de acuerdo en lo que dices sobre dios (menos en que eres tú mismo, porque si no existe, ¿cómo vas a ser tú, hombre de dios?)
    A ver si te pasas por nuestro blog, aunque comparados contigo seamos casi bacterias, que digo, simples neutrones.
    El humor hasta expirar. Recordádmelo, por favor.

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